Joan Guàrdia: "Sin las universidades no habría ni investigación ni innovación"

¿Si no se invierte más, las universidades, tal como las conocemos, tendrán fecha de caducidad?

Joan Guardia, el rector de la Universitat de Barcelona | Ángel Bravo Joan Guardia, el rector de la Universitat de Barcelona | Ángel Bravo

El recinto de la Universitat de Barcelona ha sido testigo de grandes acontecimientos, sobre todo por sus años de historia. Se ha convertido en plató de cine, museo artístico, patrimonio de la Generalitat y guardián de las tradiciones universitarias de siempre. Parece pues, el escenario más irónico para reunirnos con el ahora ya no tan recientemente escogido rector Joan Guàrdia, uno de los precursores de la nueva universidad, un espacio pensado para el talento, la innovación y el aprendizaje, pero sobre todo para la investigación y el conocimiento. Guàrdia nos abre las puertas de su despacho para hablar sobre la universidad y como poco a poco esta tiene que hacer una transición, o mejor dicho, una modernización, sin perder, eso sí, el espíritu clásico.

¿Qué le hizo quererse presentar a las elecciones para ser rector de la UB?​

Creo que es imposible ser solo un profesor. Hace 30 y muchos años que me dedico a este oficio y pienso que, como en cualquier ámbito de la vida, tú puedes mantener o bien una posición de queja pasiva o de queja activa. Si eres de la segunda, puedes intentar involucrarte y contribuir con tu esfuerzo al hecho que la queja deje de serlo o cuando menos, que tenga identidad. Por eso mi experiencia universitaria puesta al servicio de la gestión de la casa me parecía que era la mejor opción y, al final, me gustaría poder decir que como mínimo yo lo intenté; si encima puedo decir que lo conseguí ya sería increíble.

¿Y por qué presentarse ahora?

Porque este es el periodo de mi vida como científico en el cual mi grupo de investigación está más consolidado. Somos un grupo en el cual ya tenemos garantizadas posibilidades de financiación y de seguir creciendo y desarrollándonos en los próximos años y, por lo tanto, no era desvestir un santo para vestir otro sino que se trataba de dar un paso al lado (en el grupo de investigación) y dejar tirar de la cuerda a otros miembros del grupo de investigación.

¿Cuáles son los principales objetivos a conseguir que puso sobre la mesa durante la campaña?

Si lo tuviera que definir con una sola palabra, te diría que modernización. No porque la universidad no sea moderna, esto es un estereotipo, sino porque nosotros somos una universidad muy potente con mucha investigación muy avanzada y muy puntera, pero es verdad que nuestra imagen es muy clásica. Por lo tanto cuando se piensa en la UB se piensa en términos más de institución antigua, lenta..., algunos rasgos de estos pueden existir, pero desde dentro de la casa puedo garantizar que la realidad es muy diferente de este estereotipo.

El objetivo es realzar lo que realmente somos, modernizar la casa no tanto con lo que se hace sino de cara más a la imagen que damos

El objetivo es realzar lo que realmente somos, modernizar la casa no tanto con lo que se hace sino de cara más a la imagen que damos, valorar el trabajo de la gente, ir en la línea de la transformación y el rejuvenecimiento de las plantillas, y por lo tanto, dar paso a la generación que ahora tiene 30 años y que es la que tendrá que dirigir el sistema universitario dentro de unos años. A nosotros nos toca hacer un papel un poco extraño, que esto de vez en cuando en la historia toca, y es hacer de bisagra. Nos toca impulsar el hecho de pasar de un modelo muy arcaico de universidad antigua de los años 80 a un modelo de universidad del siglo XXI, es decir, aprendimos el oficio de la gente que gestionaba la casa en los 80 y tenemos que hacer un esfuerzo para transformarlo y dejarla en manos de gente con otros criterios, otras prioridades, otras maneras de entender el mundo y la universidad.

¿Y cuál es el primer paso para poder hacer este ejercicio?

Bien la primera cosa que hemos hecho es preocuparnos de cuál es la situación de la gente de la casa, tanto maestros como estudiantes. Las instituciones las hacen las personas y más allá de quienes dirige que es anecdótico y poco relevante, las hacen la cultura interna, el engagement, la identificación con una serie de valores, la alineación de objetivos y la protección de la gente de la casa desde el punto de vista de la experiencia profesional y personal. Y esto es lo que hemos empezado a hacer, muy lentamente porque la casa es muy grande, pero intentando alienarnos; como si pusiéramos un imán y de golpe todos los polos positivos y negativos se orientan inmediatamente. Una vez esto lo tengamos hecho, paralelamente hemos abierto una campaña feroz de nuevas plazas, con perfiles muy diferentes porque lo que necesitamos en el sistema universitario es gente joven. En este sentido, es casi más importante disponer de perfiles jóvenes con currículums muy potentes para garantizar la continuidad de los proyectos. Insisto dentro de unos años quién tiene que gobernar la casa es la gente que ahora tiene 30 años.

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Despacho del rector de la UB, Joan Guàrdia | Àngel Bravo

¿Dirías que hay un problema de captación y retención de talento?

De captación no, de retención sí. El sistema catalán de universidades y nosotros en particular somos universidades muy prestigiosas en el ámbito de la investigación y del conocimiento y por lo tanto, podemos ser receptoras de talento. El problema que tenemos es que el talento que generamos nosotros mismos nos cuesta mucho retenerlo, porque el sistema no está pensado para hacerlo y entonces es un viaje de ida y vuelta que depende de con qué edad se plantea acontece una interrupción del proyecto vital de una persona. Es decir, tú formas a alguien y este alguien tiene un currículum espectacular e inmediatamente es captado por otras universidades como Leuven o Freiburg, porque son investigadores muy potentes que están muy bien valorados. El sistema está pensado para que un postdoctorado brillante continúe su carrera de investigador fuera y en términos de corto o medio plazo es muy difícil que esta gente vuelva.

¿Qué papel tienen las empresas en esta nueva universidad? Y los acuerdos público-privado?

La universidad tiene que tener acuerdos estratégicos con cualquier institución que se sienta comprometida con los valores que la institución pública tiene que respetar, mantener y preservar, así de sencillo. Hace unos días tenía una reunión con una universidad de los Estados Unidos de aquellas sin ánimo de lucro y esta gente tiene prohibido por su patronato hacer ningún acuerdo con una empresa privada, porque desde su punto de vista la empresa privada tiene como objetivo una cuenta de resultados y es incompatible con esta percepción del non profit, pues bien este es un modelo.​

Nosotros somos responsables del 70% de la investigación que se hace a Catalunya

Según mi parecer, no es que tengamos que dejar las empresas y otras instituciones al margen, porque realmente son la realidad del tejido, son agentes económicos que están dentro del escenario, por lo tanto lo que tenemos que hacer son menos aspavientos y más construir un dispositivo jurídico que permita comunicarnos con estos agentes. Esto no es tan difícil de entender, probablemente lo que falta es que nos expliquemos mejor, porque esta canción de que la universidad está de espaldas a la empresa y la empresa de espaldas a la universidad yo iba en pantalones cortos cuando cursaba la carrera y ya se decía, por lo tanto cuando una idea se repite muchas veces y exactamente igual es por algo que no estamos haciendo bien.

Barcelona se está constituyendo como una de las capitales de la innovación. ¿Qué se puede hacer desde las universidades para favorecer este nuevo estatus?

Todo. Nosotros somos responsables del 70% de la investigación que se hace a Catalunya. El conocimiento se encuentra donde tienes un elemento que te hace pensar, que puedes transferir aprendizajes de una forma eficiente y útil para la sociedad. Si nosotros generamos el 70% del avance científico, sin nosotros no hay ni investigación ni innovación.

Joan Guàrdia, rector de la UB | Àngel Bravo

Joan Guàrdia, rector de la UB | Àngel Bravo

¿Y cómo es que a pesar de ser tan importantes la financiación sigue siendo tan precaria?

Porque se nos considera como un gasto no como una inversión. De momento ya nos ha costado mucho tiempo que podamos influir suficiente para recuperar la consejería de Universitats i Recerca, y aún así estamos a la expectativa, como siempre, porque hay que ver cómo se traduce y de qué manera. Además, hay una inmensa diferencia entre estar o no estar en la agenda de los políticos y la universidad no está en estos momentos y si está no en los lugares preferentes. Mientras no cambiemos esta idea de gasto por inversión será complicado que nuestro país avance por el camino que entendemos que tiene que avanzar que es el de la innovación, la investigación, el emprendimiento, la creación de perfiles profesionales que de aquí tres, cuatro, cinco años existirán. Realmente, para hacer esto solo hay un camino: coger la investigación de la universidad y darle confianza.

¿Y es un viaje que a corto plazo qué puede aportar?

Primero renovación tecnológica, porque las universidades catalanas hacen mucha investigación en innovación tecnológica y en estos momentos es clave para dibujar el futuro. El debate es muy bonito entre ciencia y tecnología, pero en estos momentos la partida de ajedrez la está ganando la tecnología. Este teléfono que tienes aquí delante, si se estropea yo no sé arreglarlo ni sé cómo funciona, de hecho no soy capaz de ser eficiente, por lo tanto dependemos de alguien que sí que sabe. De este modo pues, dependemos de un conocimiento feroz de la tecnología que está en manos de relativamente poca gente. La segunda cosa que aportamos son puestos de trabajo, es decir, la capacidad que tenga el país de generar innovación y nuevas líneas de negocio de servicios implicará nuevos perfiles profesionales y nuevos puestos de trabajo. No hay que argumentar demasiado si os digo que este elemento en la era postpandemia es un elemento clave de recuperación. Y la tercera, la innovación lleva a más innovación, es decir, cuando tú creas un ecosistema en el cual los investigadores y los emprendedores se sienten cómodos te conviertes en un hub de tracción para que esto siga sucediendo de manera más sencilla y más fácil.

Dependemos de un conocimiento feroz de la tecnología que está en manos de relativamente poca gente

De forma que si somos capaces de dibujar este ecosistema, tendremos renovación tecnológica que llevará a la ampliación de nuevos puestos de trabajo y finalmente todavía generaremos más innovación y creatividad y esto afecte a los dos anteriores cerrando el círculo virtuoso. Yo creo que es el mecanismo de motor de cambio más importante que tenemos que tener encima de la mesa para hacer frente a la época de la postpandemia.

¿Hablando de postpandemia, cómo afecta la presencialidad a este sistema?

Afecta mucho. Nosotros prevemos que el curso que viene podremos empezar prácticamente con presencialidad, pero esto no dice nada porque muchas cosas han cambiado. Ahora nos tenemos que plantear un modelo docente en el cual las ventajas de esta no presencialidad aparezcan y puedan ser integradas en este nuevo modelo innovador. Por ejemplo, ahora a nadie le extrañará que en el aula en el cual estamos habitualmente dé la clase un profesor de Finlandia que explique la lección a mis estudiantes de primer curso porque aquella persona es un especialista. ¿Esto parece obvio no? Pues hace un año y medio no se solía hacer. Este es el cambio que tenemos que integrar.

¿Y si no avanzamos y estas predicciones no se cumplen, las universidades tendrían fecha de caducidad?

De las instituciones más antiguas en Europa, casi tres cuartas partes son universidades. Y esto se describe con una palabra, resiliencia, pero también con otra de muy importante: autonomía. En este sentido, no depender de los vaivenes políticos de los gobernantes de turno nos hace fuertes. Y este concepto de autonomía universitaria que reivindicamos a diestro y siniestro está pensado fundamentalmente para que la ciencia, el conocimiento, la transmisión y el compromiso social no pueden depender de quien gobierna, puesto que tal como decía Maquiavelo "no dependas nunca del señor".

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