Barcelona se podría convertir en el talón de Aquiles de los operadores de patinetes eléctricos compartidos | iStock

Movilidad

El salvaje oeste de los patinetes eléctricos

Los operadores reclaman mejores regulaciones y la apertura de un concurso de licencias al ayuntamiento de Barcelona

Hoy en día tener un vehículo propio en una ciudad es prácticamente un suicidio. Cada vez más, las ciudades de Europa están adaptando sus calles y zonas de aparcamiento para el transporte público y las empresas de sharing de vehículos. Primero fueron las bicis después las motocicletas y ahora ha llegado una nueva manera de moverse: el patinete eléctrico. Ya son muchas las empresas que reclaman una mejora de la regulación de licencias para poner en marcha proyectos de estos vehículos compartidos en Barcelona, pero parece que el ayuntamiento de la ciudad no hace más que posar excusas. La ciudad que quiere convertirse en una líder en modernidad y sostenibilidad, aportando grandes avances tecnológicos a sus infraestructuras, parece haberse convertido en el salvaje oeste de los patinetes eléctricos.

Todo empieza hace unos tres años en 2019, cuando algunas compañías se pusieron en contacto con el ayuntamiento de Barcelona en busca de una nueva regulación para las empresas que querían poner patinetes eléctricos para compartir dentro de la ciudad. "Nos dijeron que se ponían a trabajar, tres años después todavía no han decidido nada", explica Álvaro Salvat, director general de la empresa de patinetes Lime en España. Para él, esta constante negativa provoca un ambiente poco beneficioso en primer lugar para las empresas, pero a la vez para el mismo ayuntamiento: "Desconozco cuál es el motivo por el cual no pueden mejorar la regulación, pero no nos creemos el relato de la falta de instrumentos legales", añade.

La bomba acabó de explotar con las declaraciones que hacía la regidora de movilidad del ayuntamiento, Rosa Alarcón, explicando que no tenía claro si podría organizar el concurso de licencias para esta temporada de verano, unas declaraciones que acabaron de encender más a los colectivos de operadores de patinetes eléctricos, que se sintieron más estafados que nunca: "No creemos que haya voluntad política para hacer un cambio" lamenta Pep Gómez, cofundador del operador de patinetes eléctricos compartidos, Reby.

Gómez: "No creemos que haya voluntad política para hacer un cambio"

Tanta fue la sorpresa que vieron los operadores ante el incumplimiento de los pactos que habían acordado con el ayuntamiento que hace pocos días mandaron una carta a la administración barcelonesa, firmada por Smart Mobility la asociación de operadores de vehículos compartidos. "Nosotros continuaremos demostrando al ayuntamiento que hay recursos para todo", relata Salvat. ¿Pero realmente, que tiene a perder el ayuntamiento de Barcelona con la mejora de la regulación de los patinetes eléctricos para compartir?

Aparentemente, una mejora de la regulación de los operadores de patinetes eléctricos para compartir sería beneficiaria por ambas partes. Según datos publicados por el Ayuntamiento de Barcelona desde inicios del 2020 hasta el mes de octubre la Guardia Urbana posó un total de 2.486 multas referentes a los patinetes eléctricos de uso privado y compartido, sobre todo por aparcar en zonas no autorizadas. En este sentido pues, la organización de un concurso para adjudicar las licencias a los operadores haría disminuir el riesgo de que los clientes de estas empresas aparcaran donde no pueden y a la vez ayudaría a estabilizar la situación en la que se encuentran las empresas de patinetes de uso compartido: "Ya existe una regulación por los patinetes eléctricos, pero si quieren pueden mejorarla y limitar el número de operadores organizando un concurso", remarca Gómez.

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A pesar de las reiteradas quejas y la certeza que una mejora podría ayudar a los dos lados de esta ecuación, la administración barcelonesa todavía duda de la necesidad de obtener un concurso para esta temporada de verano. Además, hay que recordar que en la misma ciudad de Barcelona ya operan empresas de motos compartidas cómo Cooltra y apenas Uber ha vuelto a la ciudad para empezar a operar en colaboración con algunos taxis.

Ciudades con regulación

No todas las ciudades españolas han dado la misma bienvenida a la llegada del patinete eléctrico para compartir cómo ha hecho Barcelona. De hecho, Reby ha ganado el concurso para operar en Sevilla y aparte, también opera en Zaragoza, Terrassa y Tarragona: "Nunca hemos tenido tantos problemas cómo con Barcelona, las otras ciudades siempre han estado dispuestas a negociar", critica Gómez. También Lime opera en otras ciudades catalanas, pero Salvat comenta la situación de Tarragona, donde a pesar de tener menos recursos que la capital catalana no fue tan complicado poder acceder: "No creo que Barcelona no tenga suficientes recursos, puesto que estoy seguro que Tarragona tiene menos y no tuvieron ningún problema en mejorar la regulación".

Salvat: "Sabemos que quizás no es una prioridad, pero creemos que hay tres años de compromiso en los que no están pensando"

Todo en si, tiene un futuro muy incierto cuando se habla de los patinetes eléctricos en Barcelona y la temporada de verano pisa los talones de los operadores, que después de un año con muchos altibajos por culpa de la covid, vuelven a encontrarse en una situación de incertidumbre y decepción ante un ayuntamiento que tres años después todavía no ha cumplido con el pacto: "Sabemos que quizás no es una prioridad, pero creemos que hay tres años de compromiso en los que no están pensando" dice el director general de Lime España.

Lo que si acaban teniendo claro los operadores, es que si Barcelona sigue poniendo las cosas difíciles, se tendrán que buscar alternativas. En el caso de Reby, que puede operar en la ciudad, la regulación todavía es muy pobre y no tienen base legal que los ampare: "Nosotros somos la única empresa española que opera aquí, seguiremos trabajando y seguiremos recorriendo las multas que nos pongan porque tenemos todas las licencias en regla", describe el cofundador de Reby. Por otro lado, pero, Barcelona se puede convertir en el talón de Aquiles de muchas empresas y, tal como dice Álvaro Salvat: "Se acaba convirtiendo en una cosa sentimental, puesto que yo soy de aquí, y al final hay grandes empresas que podran vivir sin Barcelona como último recurso, sin embargo a nosotros nos gustaría seguir luchando para conservarla".

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