En los Países Bajos, hace años que las empresas han incorporado el teletrabajo cómo una cosa natural

Desde los Países Bajos

El teletrabajo no se improvisa: la experiencia holandesa

El consultor en margen comercial Francisco López relata desde los Países Bajos como el teletrabajo se vive con naturalidad en el país nórdico

Estos días de confinamiento muchas empresas y trabajadores han descubierto el teletrabajo. Sin duda, la parte positiva del confinamiento, si es que podemos encontrar alguna, es el descubrimiento de este modo de trabajar. Ya es un paso importante. En estos días, también se han escuchado voces de expertos visionarios que ven en esta crisis un punto de inflexión y el inicio de una implementación masiva y generalizada del teletrabajo en España y Catalunya. Estaría bien, pero creo que tenemos que ser realistas aceptando que no será así. El teletrabajo tal como se ha impuesto en Catalunya tiene los días contados y, con algunas excepciones, esta manera de trabajar se acabará tan pronto como acabe el confinamiento.

El teletrabajo no trata sólo de conexiones, de fibra óptica, o de tecnología 4G o 5G. Estos elementos son sólo las herramientas necesarias para llevar a cabo el teletrabajo, pero no son las que realmente las impulsa. El teletrabajo es, sobre todo, una filosofía, manera de pensar, de actuar, una actitud en la hora de asumir responsabilidades con los resultados de las empresas, sea propio o ajeno.

Antes de la crisis del COVID-19, el teletrabajo en Catalunya era residual y no disfrutaba de buena prensa mientras que en los países nórdicos ya era una práctica habitual. En los Países Bajos, hace años que las empresas han incorporado el teletrabajo como una cosa natural. Siempre que esta manera de trabajar sea posible, es incentivada y deseable. Las personas no necesitan ir a la empresa, ni estar sentados en el despacho para obtener resultados o para demostrar que están trabajando. Existen una serie de elementos claves a la hora de plantear el teletrabajo como un elemento más en una empresa.

El primer elemento, y diría que el más importante que garantiza que el teletrabajo sea viable, se llama confianza. El empresario es el primer responsable de confiar totalmente en su trabajador, en su compromiso, su profesionalidad y que está haciendo su trabajo. Sin esta confianza, el teletrabajo es un fracaso. Cuando un trabajador holandés llama al despacho para informar que no podrá venir, porque su hijo está enfermo o por cualquiera otro motivo, indicando que se quedará a trabajar desde casa, nadie pone en entredicho sus palabras ni su compromiso. Nadie lo hará porque no hay motivos para dudar de él. Aquí entran también el compromiso, los valores y la responsabilidad del mismo trabajador a la hora de cumplir sus obligaciones sin la necesidad de estar controlado y vigilado. La confianza es un compromiso y una actitud que cogen las personas. Es un camino de doble sentido.

"Cuando un trabajador holandés llama al despacho para informar que no podrá venir porque su hijo está enfermo, nadie pone en entredicho sus palabras ni su compromiso"

El otro elemento importante para garantizar el éxito del teletrabajo se llama resultados. España sigue relacionando trabajo con horarios y presencia física, y no con resultados. Por este motivo, la mayoría de los trabajadores hacen acto de presencia más horas que las especificadas en sus contratos. El simple hecho de salir a su hora se estigmatiza con tener poco compromiso con la empresa. Cambiar esta visión presencialista sólo está en manos del empresario y es la consecuencia directa del modelo de liderazgo que ha implantado en su negocio. Quedarse más tiempo del normal, alargar el horario de trabajo, ni que sea para acabar su trabajo, no está muy bien visto en la sociedad holandesa que lo considera una carencia de eficiencia.

Cuando en mis seminarios hablamos de productividad, cojo siempre el ejemplo a cómo reaccionan los países nórdicos y Catalunya, a la hora de salir del trabajo. Mientras que, en España y Catalunya, el hecho de salir a tu hora la reacción suele ser de "¿ya te vas?", en los Países Bajos o en cualquier otro país europeo, quedarse más tiempo del previsto tiene la reacción del "¿todavía estás aquí?".

En los Países Bajos es recomendable que las personas se reúnan con cierta frecuencia con sus jefes para señalar y solucionar las deficiencias que impiden acabar el trabajo en el tiempo asignado. Lograr los resultados dentro de los horarios laborales es el objetivo de las empresas de aquí y si lo puedes lograr en menos tiempo del previsto significa que podrás salir de tu trabajo sin que nadie te pregunte dónde vas. Al contrario. Los resultados son lo más importante y no el tiempo que dedicas a conseguirlos. Por eso, el teletrabajo en los Países Bajos no es ningún problema.

Lo mismo pasa con la mayoría de autónomos (aquí llamados zzp's) que en este país son muchos y que trabajan desde casa. No es nada extraño mantener reuniones de trabajo con clientes en tu casa, en la mesa del comedor y ante una taza de café. Esta manera natural de trabajar también ha propiciado iniciativas de negocio que han convertido las cafeterías y restaurantes de los hoteles del país en centros de reunión entre empresarios y clientes. Una práctica que diariamente llena los hoteles holandeses.

"El teletrabajo ha propiciado iniciativas de negocio que han convertido las cafeterías y restaurantes de los hoteles del país en centros de reunión entre empresarios y clientes"

El tercer elemento importante del éxito del teletrabajo se llama conciliación. En los Países Bajos, la vida familiar, la relación con el vecindario y con el barrio son elementos claves en la vida de cualquier holandés y explica por qué el teletrabajo tiene muchos adeptos. Esta conciliación también está muy consentida cuando hablamos del trabajo presencial. La mayoría de las empresas cierran a las 17 horas y las tiendas, entre las 18 y las 19 horas, facilitando enormemente esta conciliación.

Estos mismos horarios se mantienen cuando hablamos de teletrabajo. Trabajar desde casa no quiere decir trabajar más horas o estar disponible fuera de horarios laborales. Estos días he escuchado aberrantes argumentos que destacaban el hecho de trabajar más horas, como si fuera un elemento positivo en la hora de explicar las ventajas de implantar el teletrabajo en esta nueva Catalunya postcrisi. Sería un enorme error porque le quitaría toda la esencia. El teletrabajo no significa trabajar más horas. Significa trabajar más eficientemente.

El cuarto elemento que necesita el teletrabajo se llama legislación. La última iniciativa legislativa del control horario impuesta por el Gobierno español no va en la línea de facilitar el teletrabajo y ha hecho retroceder el país 30 años en relación con los países de su entorno. Amigos holandeses con negocios en España me explicaban que no podían entender esta ley absurda porque a ellos no los importaba las horas, sino los resultados y que los cambios para llevar a la práctica este control presencial supone una inversión tan inútil como innecesaria. Sean cuales sean los motivos para implantar esta ley, no se aguanta en ninguna parte, ni es aceptable si lo que se pretende es entrar en la nueva era del teletrabajo.

Las horas extras, que esta ley pretende eliminar, son un problema que hay que solucionar, más que combatir. No se puede hundir el barco porque hemos encontrado ratones. Lo que tenemos que hacer es analizar porque existen estas horas extras y buscar soluciones.

Finalmente, todos este elementos no pueden funcionar sin un óptima red de conexiones de internet. Hoy en día, excepto en las grandes ciudades, estas conexiones son a menudo deficientes, con cortes frecuentes, impidiendo contar con la calidad necesaria para poder llevar a cabo el teletrabajo efectivo y eficiente. Estos días de teletrabajo, muchos hemos podido comprobar los problemas de conexiones a la hora de mantener reuniones de trabajo, asistir a webinars o cualquiera otro tipo de formación. El teletrabajo no se improvisa ni puede ser el resultado de una situación excepcional. Es cierto que a veces los cambios nacen a partir de grandes "catástrofes" pero estos cambios suelen durar poco, una vez superados los primeros sustos. El teletrabajo implica cambios en nuestra manera de pensar, de actuar, de asumir responsabilidades, de confiar en el otro y de tener esta autodisciplina indispensable a la hora de cumplir con los resultados.

Esta crisis sanitaria podría ser el punto de partida. Podría, pero no lo será porque todavía no estamos preparados mentalmente para asimilar los cambios que esta manera de trabajar tendría en la sociedad. Coordinar y gestionar los cambios mentales necesarios y con los avances tecnológicos para aprovechar al máximo esta nueva realidad no se improvisa. Se planifica, se enseña y se pone en marcha. Si no, quedará como una anécdota, un incidente puntual en el camino y después de los primeros meses de euforia volveremos a nuestra estimada zona de confort.

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