Antoni Garrell

Opinión

Campaña de Nadal: más trabajo, igual precariedad

Se acerca Nadal y las predicciones sobre consumo y contratación se han hecho presentes. Parece que hemos devuelto a mediados de la década pasada, cuando el espejismo de una riqueza fundamentada en un endeudamiento exagerado, con tipo de interés reales negativos, empujaba el consumo, destruía las bases sólidas de generación de riqueza (industria) y espoleaba la especulación (negocios).

La buena noticia es, sin duda, que la campaña de Nadal, que ya se ha iniciado este noviembre, generará bastante ocupación, casi unos 338.000 según Randstad Research, nuevos puestos de trabajo en ámbitos como el comercio, restauración, transporte o logística, en especial logística impulsada por el incremento de las ventas online, que ponen evidencia el cambio de hábitos del consumidor, un cambio arraigado en los nativos digitales que día detrás día van asumiendo protagonismo. Una nueva realidad que obliga no sólo a las empresas a digitalizarse sino también y este aspecto es caudal, a transformarse para diseñar, fabricar, vender y prestar servicios a estos nuevos consumidores, nativos digitales, que además asumas la importancia de la economía circular (convirtiendo el residuo en materia primera) y en escenarios de economía colaboraría basada a compartir.

Generación de ocupación, es sin duda una excelente noticia, y que los puestos de trabajo generados sean casi un 11,5% que los de la campaña navideña del 2015 evidencia la consolidación de una tendencia iniciada el 2012 (en este año se generaron 201.000 puestos de trabajo), Ahora bien no tendríamos que olvidar que son puestos de trabajo de temporada, en otras palabras no son lugares estables, aquellas que permiten a los trabajadores efectuar planes de futuro con un cierto grado de antelación y con la mirada puesta a medio plazo. Se podría decir que se acerca una Navidad con más trabajo igual en cuánto precariedad.

Los datos relativos a la campaña de Nadal y sus impactos coincidió con la publicación el pasado día 18, por parte del INE, del Índice de Precios del Trabajo (IPT), un nuevo índice que tiene por finalidad medir la variación del coste salarial pagado por los empleadores, considerando que la composición del conjunto de puestos de trabajo existentes coincide con la del año precedente. El nuevo indicador explicaba una mejora de la retribución de los contratos de trabajo temporales, en 2014 había crecido un 4,4%, frente al 0,3% de los contratos fijos, ahora bien el IPT en el periodo comprendido entre el 2008 y el 2014 el precio por hora de trabajo había caído un 0,7%, una disminución que sumada a la inflación de este periodo, un 8,5%, la pérdida del poder adquisitivo había caído un 9,2%. Una variación que no es homogénea ni en cuanto a sectores económicos ni posiciones en la organización o funciones asignadas. Una evidencia que una gran parte del esfuerzo por la crisis ha recaído sobre los trabajadores.

La campaña de Nadal ya es aquí, todo apunta que será una buena campaña en términos de transacciones económicas y creación de puestos de trabajo, pero tendríamos que olvidar los datos de la OCDE relativas a la enorme desigualdad existente, que el salario mediano entre 2007 y 2014 ha caído un 22,2%, o que el salario de los más ricos supera en 18 veces al del 10% de los más pobres a pesar de que el salario mínimo es uno de los más bajos de la UE.

Nada permite negar que la recuperación económica a nivel macro en el Estado es una realidad y que el crecimiento en Cataluña es muy superior al otras regiones europeas, pero tampoco se puede negar que la recuperación no acaba de llegar a la microeconomía, a las familias y que para asegurar el Estado del Bienestar, más allá de las buenas campañas navideñas o estivales, acontece imprescindible mejorar notoriamente los salarios, el que comporta vertebrar un modelo económico capaz de crear valor de forma sostenida y competitiva a lo largo de los tiempos.