Es un film, pero más que un film. Símbolo de la prudencia y la paz de los submisos corderos que van ordenadament y en silencio al matadero. Una imagen de resignación que, curiosamente, afecta los habitantes más despiertos del
mundo económico catalán. Su actitud de extremado silencio no es sólo prudencia, sino cautela que revela el miedo. Ha costado demasiado salir de la
crisis más brutal en cuanto a consecuencias desde el 1929; en aquel caso era un proceso de exceso de oferta y mucha
especulación, tal como lo define
John Kenneth Galbraith en su obra
El crac del 29, muy diferente del caso actual, en el cual ha entrado en cuestión todo
el sistema productivo y los
trabajadores están al paro –del cual, difícilmente,saldrán durante años– a la vez que la tecnología
los arrebata las posibilidades de remisión.
Consecuencia: hay más
oferta que demanda; más capacitado de producción
instalada que no usada y, mientras tanto, se reduce el
poder adquisitivo por este descenso sistemático de los
puestos de trabajo. Más de una tercera parte de la
industria ha sido desmantelada, y difícilmente se podrán rescatar estas instalaciones o equipamientos debido a la obsolescencia y de los adelantos tecnológicos, en los cuales, en verdad, las máquinas sustituyen el hombre. Esta es una
crisis estructural y de modelo de producción
, difícilmente salvable. En otras épocas de finales del siglo XIX e inicios del XX, a raíz de la instalación del vapor y de las selfactines para tejer, habríamos hablado del fenómeno social del ludisme. Pero hoy, en
laeconomía globalizada, las cosas son diferentes. Los problemas han adquirido otra dimensión, puesto que los
mercados de producción
son dinámicos y fácilmente intercambiables.
La política afecta directamente sobre las posibilidades de crecimiento
o de estabilidad; en consecuencia, los
empresarios tienden a buscar ventajas que mejoren en capacidad de producción
y de penetración en los
mercados globales. En esto rae el problema fundamental del
empresariat catalán, se diga el que se diga o se silencie la realidad. El
ecosistema social incide directamente en los intereses de instalación industrial o financiera. Inestabilidad es igual a riesgo, un factor que rehuye el
capital y las
inversiones. De hecho, en
Cataluña se han dejado de hacer determinadas
inversiones, o se han perdido oportunidades de producción
, como
SEAT con el nuevo modelo, que ha ido a parar en Polonia, con la consiguiente deriva en los
puestos de trabajo. El mismo se podría decir en el supuesto fallado de la ubicación en
Cataluña de la fábrica de automóviles chinos, con el cualhabía esperanzas de poder enriquecer el importante
sector automovilístico catalán con la nueva
marca Brillance, que, finalmente, todo y los esfuerzos de Pedro
Nueno, su consultor en este caso, prefirió la opción de Sicilia –curioso atrevimiento– a la de la vecindad de NISSAN y SEAT. Incasòl ya buscaba los terrenos para su instalación y la Generalitat maniobraba en pro de este
proyecto. Ganó Sicilia, todo un ejemplo de estabilidad petrificada, garantizada si se pacta con quién haya que pactar, según los códigos y las costumbres del sur de Italia. El pretexto: poder utilizar las instalaciones antiguas de 1970 de la FIADO, que fueron abandonadas el 2011. Los
empresarios, que no son ingenuos, aunque algunos sueñan en oníricas
economías nacionalistas, quizás no quieran cotizar el factor estabilidad como fundamento.
En nada ayuda la tormenta política actual de Cataluña
, ni la ausencia de rigor de sus gobernantes, a quienes los condicionan desde un posicionamiento alegal o discutiblemente legal. Hablar de "desobediencia civil" no estimula la inversión
, ni la prepotencia de ERC será un paliativo a la hora de planificar
inversiones, aunque los portavoces oficiales se emperren a decir el contrario. Un colchón de más de 500.000
parados, al cual se añade una población islámica otras 500.000 personas, no parece un escenario ideal para atraer
inversores que restablezcan la normalidad de la estructura fabril anterior al 2008. Ciegos hay por todas partes, y la historia nos enseña caminos terriblemente conflictivos vinculados a la preeminencia política de ERC en
Cataluña: ved el acontecido el 1931, las pérdidas del 1934, y el desastre del 1936. Ahora es la hora de recuperar el
tejido industrial perdido, no de reescalfar la crisis
para endurecer más encara las condiciones de salida.
De
El silencio de los corderos se puede pasar
a La caída de los dioses de un Visconti que retrató la enorme confusión que reinaba en
las familias empresariales a las puertas de los totalitarismos fascistas, nazis y comunistas. Unos pésimos ejemplos.