Florentino Pérez es empresario y presidente del Real Madrid. | EP

EL LABERINTO DEL PODER

ACS, presente y pasado de un gigante de la construcción

La historia catalana del empresario Florentino Pérez más allá de la política

A finales de la semana pasada se supo el precio que la compañía francesa Vinci estaba dispuesta a abonar a ACS para adquirir su división industrial. El importe ha resultado tan elevado que ha sorprendido los analistas y ha provocado que en la sesión bursátil del viernes las acciones de la compañía madrileña subieran nada más y nada menos que un 26%. Entre otros cosas, esta subida implica que el paquete de Florentino Pérez en la constructora se haya revalorizado en unos 190 millones de euros en sólo unas horas. La transacción que ha causado tanta sensación está valorada en unos 5.200 millones de euros, de los que un mínimo de 2.800 se pagarían en metálico y el resto con acciones de la misma Vinci. Con este porcentaje de títulos, que podría llegar a ser del 5%, ACS se convertiría en el primer accionista empresarial de la multinacional gala. Pero quién es esta compañía francesa y que está comprando?

La primera cuestión la resolveremos más adelante, pero respecto a la segunda, hay que saber que la firma de Florentino Pérez tiene tres ramas principales: la construcción (donde destacan las empresas Dragados y Tecsa, y la participación en el gigante alemán Hochtief), la industrial (que es la que está en venta y que está encabezada por el grupo Cobra) y la de servicios (donde opera con Urbaser y Clece, mayoritariamente).

"El precio de Vinci por la división industrial de ACS ha hecho que sus acciones subieran un 26% y la constructora se haya revalorizado en 190 MEUR en sólo unas horas"

Por su parte, la francesa Vinci es el heredero directo de la centenaria Société Générale de Entreprises, que fue pasando por varias manos hasta acabar en Vivendi (la antigua Compagnie Générale des Eaux), de la que se separó en 2000, ya con la nueva denominación de Vinci. Se dedica a la construcción de infraestructuras, y si ACS ya nos parece un coloso, la firma francesa lo es todavía más, porque factura una cifra superior (43.000 millones por 37.000 de la compañía madrileña). Definir quién es el propietario de Vinci no es un paso tan sencillo como en el caso de ACS, donde Florentino Pérez acumula un 12,5% del capital, muy por encima del resto de accionistas.

Més info: Dónde está el dinero (y dónde no está)

En la constructora francesa, los máximos accionistas son los trabajadores (a través del programa de propiedad de acciones para los empleados) y la misma Vinci, a través de la autocartera. Cada uno de los dos paquetes supera el 8% del capital de la empresa. Por cierto, hay que aclarar que el concepto "autocartera" hace referencia a las acciones que una empresa tiene de ella misma como inversión. Puede parecer un hecho extraño, pero es relativamente frecuente en el mundo de las grandes empresas, y tiene su lógica y sus implicaciones, pero entrar al por menor no es el objetivo de este artículo. Dicho esto, por detrás de los dos primeros accionistas hay la lista de sospechosos habituales: los fondos soberanos cataríes y Noruega, y los fondos de inversión americanos Vanguard, BlackRock, Capital Research, Fidelity, junto con el francés Amundi, todos ellos con participaciones entre el 0,85% y el 3,5%.

La historia de Florentino Pérez

Con todo, mucho más que esta operación, lo que nos interesa es hablar de la historia de ACS, porque contiene algunos detalles que conviene conocer. A mediados de los ochenta, Florentino Pérez abandonó el mundo de la política y de la administración pública fastidiado por sus fracasos reiterados, sobre todo el del prometedor partido PRD que sólo sirvió para que 2.000 millones de pesetas (12 millones de euros) se fueran por el agujero de la pica, en un proyecto grandioso que contaba como gran estrella de la política con Miquel Roca Junyent, gran amigo del constructor.

Sobre esta etapa pre-empresarial de Florentino ya hemos hablado alguna vez, de forma que no nos extenderemos más. Sus primeros pasos hacia el liderazgo de la construcción en el mercado español se produjeron precisamente en Catalunya, gracias a la adquisición por una peseta cada acción de la firma catalana Construcciones Padrós (cinco millones de pesetas en total, unos 30.000 euros), que en aquellos momentos estaba en una situación comprometida y que pertenecía a la compañía industrial Hispano Química, de capital catalán y suizo. Los propósitos de hacer crecer la empresa no se cumplieron, y decidieron volver a emplear músculo financiero y contactos políticos para adquirir otra firma, en este caso Obras y Construcciones Industriales, SA (Ocisa).

"La empresa fundacional del imperio Florentino se llamaba Padrós y era catalana"

En este caso, la compañía pertenecía al Banco Hispano Americano, y se la había encontrado en la cartera cuando adquirió el Banco Urquijo, su propietario original. Un caso similar sucede un año antes, en 1982, cuando el Hispano adquirió el catalán Bankunión e inmediatamente se deshizo de la participada Acesa, en lo que fue un error histórico. La situación de Ocisa era muy diferente de la de Acesa, dado que suponía una vía de agua en las cuentas del banco por sus pérdidas continuadas. Por este motivo, el Hispano la vendió por una peseta a sus nuevos propietarios, Florentino y compañía. Parémonos aquí un momento: cómo hemos dicho, la empresa fundacional del imperio Florentino se llamaba Padrós y era catalana. Recuerden estos dos datos.

Con Ocisa los resultados ya fueron otra cosa, en buena parte porque en vez de gestionar la empresa Florentino y sus compañeros de viaje, optaron por contratar un gestor muy exitoso, Jesús Roa Baltar, que procedía de la catalana Fomento de Obras y Contrucciones (Focsa), una empresa nacida en 1900 y que hoy forma parte de la multinacional FCC (Fomento de Construcciones y Contratas, a quien le dio la primera parte de su denominación corporativa).

Pocos años después de la compra de Ocisa, los que van de 1986 a 1989, Roa había conseguido colocar la empresa en la séptima posición del ranking estatal, detrás Dragados (a la que tiempo después tragará), Focsa, Cubiertas, Ferrovial, Huarte y Agromán. Y un año más tarde la firma ya estaba madura para hacer el salto al parqué bursátil y proporcionar el primer premio gordo para Florentino y sus socios. La salida a bolsa, el verano de 1990, captó inversiones por valor de 12.500 millones de pesetas (unos 75 millones de euros) por el 20% del capital; si hacemos caso a estas cifras que publicó la prensa en su día, la peseta invertida de buen comienzo se había convertido en más de 60.000 millones, de los que un 25% le correspondían al mismo Florentino Pérez.

El héroe de la película imputado por corrupción

Quién tendría que haber pasado en la historia como el héroe de la película era, lógicamente, Jesús Roa, pero un mal paso en 1992 -su imputación por un caso de corrupción- dio el argumento a Florentino para sacárselo de encima y constituirse en líder del grupo formado por Ocisa y Padrós, dos empresas que un año después se fusionarían para resultar una nueva firma denominada OCP. Hecho el trabajo y consolidado su poder y patrimonio, su siguiente objetivo fue la presidencia del Real Madrid, motivo por el que se presentó a las elecciones de 1995 contra Lorenzo Sanz Mancebo, el heredero de Ramón Mendoza Fontela.

La derrota en las urnas sólo supuso una demora en los planes del magnate de la obra pública, porque un lustro después sí que conseguiría la victoria y ante el mismo Sanz. Antes hemos hecho una paradinha para anotar dos datos al margen, como eran la catalanidad y la denominación (Padrós) de la primera piedra con la que el ingeniero madrileño ha construido su imperio. Pues ahora las recuperamos para hacer patente que a menudo la realidad nos deja detalles verdaderamente poéticos: es muy conocido que la fama a nivel internacional y de cara al gran público le ha llegado a Florentino a través del Real Madrid, precisamente un club fundado por unos hermanos catalanes de apellido Padrós. Curioso.

"La fama a nivel internacional y de cara al gran público le ha llegado a Florentino a través del Real Madrid, precisamente un club fundado por unos hermanos catalanes de apellido Padrós"

Hagamos un salto en el tiempo para visitar 1997, otro año trascendente en la escalada de Florentino Pérez dentro del ranking de la construcción. En aquel momento se produjo la fusión entre OCP y una empresa de grandes dimensiones llamada Ginés Navarro que pertenecía a la familia March. Había nacido ACS, Actividades de Construcción y Servicios, la firma con la que empezábamos el presente relato y que en el momento de venir al mundo lo hizo en el tercer lugar del ranking estatal, ya sólo por detrás de la sempiterna Dragados y de FCC (la fusión de la catalana Focsa con Construcciones y Contratas, de los Albertos y las hermanas Koplowitz).

De buen comienzo, March fueron los accionistas mayoritarios con cerca del 24% del capital, pero cedieron la presidencia a Florentino Pérez. Con el paso del tiempo, los mallorquines fueron abandonando progresivamente la firma hasta desprenderse de todas sus acciones en 2017. Dos operaciones de mucha importancia en que se ha visto involucrada ACS en estas dos décadas y pico de vida han sido la compra de su competidor Dragados, líder secular del mercado estatal de la construcción, que pertenecía mayoritariamente al Banco Santander (una participación heredada del Banco Central Hispano) y la reciente OPA conjunta con Atlantia sobre la catalana Abertis.

La venta que se está forjando estos días de la división industrial de ACS, más allá de suponer una entrada de dinero fabulosa para la compañía constructora -que seguramente le permitirán aligerar el peso del cuantioso de deuda que hay en su balance- implica un paso más en el dominio de las compañías francesas en el sector de las infraestructuras y afines: Vinci, Engie, Veolia o Eiffage. Un sector estratégico en el que el capital español empieza a recular.