La empresa vallesana es especialista en la elaboración y distribución de jamones y embutidos

Empresa

Jamones Cerezo, el jamón del lote de Nadal

La compañía nacida el 1964 en Terrassa, especializada en la elaboración y comercialización de jamones, trabaja estos días la producción de lotes de Nadal que representan el 20% de la facturación

Un buen jamón siempre es garantía de éxito a nuestro país y si llega en plena época navideña, todavía más. El ejemplo lo encontramos con Distribuciones del Jamón Cerezo, S.L., la empresa familiar de Terrassa que hace más de 50 años y tres generaciones que distribuye y elabora jamones y embutidos de calidad. La marca nació en 1964 de la mano de Antonio Cerezo, quién abrió una pequeña tienda donde vendía jamones de su pueblo natal (Serón, Almería) y el éxito del producto ha catapultado la marca hasta nuestros días.

Actualmente, la empresa disfruta de una amplia red de distribución por Cataluña, España y Europa que le ha valido muchos reconocimientos. El más reciente ha sido el premio Cámara 2015 a la Iniciativa Empresarial a la Demarcación, otorgado por la Cámara de Terrassa.

La empresa catalana apuesta claramente por la calidad del producto que vende y es especialista a hacer lotes de Nadal. El jamón continúa siendo el elemento principal y más importante de la casa: vienen cerca de 220.000 piezas anuales, un 80% de la facturación total anual del negocio. A pesar de que la principal tarea de la empresa es la distribución, también elabora jamones y embutidos procedentes de Andalucía o Aragón bajo el paraguas de la marca Cerezo, controlando la metria delgada de calidad que se le da a un tercero porque elabore el producto.

Con una perspectiva de crecimiento y con un nombre destacado que se ha ganado dentro del sector, la marca quiere aumentar sus exportaciones en Europa donde ya distribuye su género. Con la experiencia de los años a las espaldas, Jamón Cerezo también vende productos de alimentación y bebidas de marcas tan conocidas como Codorniu, Osborne, Covap o 5 Jotas. 

Un crecimiento constando marcado por los cambios de ubicación
La marca vallesana de jamones ha ido sufriendo cambios de ubicación a lo largo de medio siglo debido al crecimiento del negocio. La charcutería abierta en 1964 se quedó pequeña el 1988, cuando se inauguraron las nuevas instalaciones en la Carretera Matadepera de Terrassa con una superficie de 1.400 metros cuadrados. Es cuando se abrió la primera tienda propia, Artesanía Ibérica, de venta al por menor.

A lo largo de los años 90, Cerezo se extendió con un crecimiento anual de un 20% y abrió nuevas tiendas de venta al por menor en la Hospitalet y en Cornellà de Llobregat, y ya superado en 2000 abrió dos más en Barcelona y Santa Coloma de Gramenet que se añadían así al negocio de distribución. Unos pasos que sin duda fueron puntos de inflexión por la empresa, pero el paso más importante durante el inicio del nuevo siglo fue la apertura de las actuales instalaciones de Terrassa, con 7.500 metros cuadrados, que unificaban la distribución diaria de productos y la fabricación de lotes y cestas de Nadal. "Cuando haces una inversión, piensas que no habrá que hacer ningún cambio, pero si queremos crecer, dar más servicio y evolucionar hacia las exigencias del mercado, tenemos que hacer cambios constantes", explica el adjunto a dirección de Cerezo, Vicente García.

Planta de assecament de jamones de Jamones Cerezo. Cedida


Uno de los otros pasos importantes que ha hecho últimamente la empresa es la adquisición en 2013 de uno a planta de assecament de jamones a Serón, donde la marca gestiona el negocio de nueva creación Jamones Artesanos de Serón 1880, SL, que, con siete trabajadores, se dedica exclusivamente a la elaboración de jamones y hombros de calidad, con el control directo por parte de la empresa de todo el proceso productivo de los jamones que distribuye. Una apuesta que vino acompañada el año pasado del traspaso de las cinco tiendas al por menor con el objetivo de centrarse en la venta al por mayor. "Vimos que no era nuestro negocio porque nos queríamos centrar en la fabricación y distribución de jamones. Hemos dado un paso en este sentido y hemos dado un paso atrás en la atención directa al particular", afirma García, quien añade: "Si no te actualizas a la demanda del mercado, te quedas estancado".

Lotes de Nadal, una tradición estroncada por la crisis 
Una de las especialidades de la empresa vallesana es la producción y distribución de lotes de Nadal que contienen toda una variedad de los productos que distribuye, una vertiente del negocio que ocupa una de las dos plantas de las instalaciones de Terrassa y que hace que, durante esta época, la firma pase de los 60 trabajadores habituales a unos 80. 

Sin embargo, la crisis ha provocado que el número de lotes navideños haya pasado de los 52.000 del año 2007 a los 35.000 en la actualidad. Una reducción que se ha notado económicamente, puesto que -si bien estas cestas representaban más del 30% de la facturación-, ahora sólo significan algo más del 20%. Y a pesar de que el ritmo de ventas ha ido aumentando desde el año 2013, Garcia duda que se vuelvan a lograr las cifras de antes de la crisis.

"Los lotes han caído una barbaridad. Ahora se ha empezado a recuperar el sector y hace dos años que crecemos, pero difícilmente volveremos a los números del 2007 porque si bien antes cualquier empresa hacía lotes por tradición u obligación, ahora mucha gente prescindirá de esta iniciativa", asegura García.

Por otro lado, Garcia explica que la crisis no ha pasado mucha factura al negocio en general debido a la gestión económica durante los años de buena situación económica. "Hemos controlado la situación porque si sabes comprar bien, el negocio va bien. La compra es a menudo más importando que la venta, y no se pusieron intereses económicos personales por encima de la empresa", explica García. La marca vallesana compra los productos con 24 meses de antelación de cada Navidad para "asegurarse" la campaña y tener el número exacto de ejemplares de la "máxima" calidad.

El éxito del buen producto, una puerta hacia la internacionalización
La exportación sólo representa un 20% de la facturación, pero para la firma estar al mercado internacional es importante: Cerezo vende productos en 13 países de toda la Unión Europea como por ejemplo Francia, Suecia o Alemania. "El cliente que nos compra al exterior busca la diferencia en la calidad", asegura Garcia. La exportación comporta unos 150 clientes activos por Cerezo que se suman al total de 6.000, con una facturación total de 16 millones de euros anuales y una previsión de crecimiento de un 12% este año.

Uno de los puntos a favor que tiene la marca catalana a los ojos de los clientes europeos es que la empresa puede incluir varios productos de calidad en un solo pedido. Por lo tanto, el envío de jamones puede ir acompañada de conservas, vinos, cavas u otros elementos, cosa que abarata el coste final al comprador. "El que nos diferencia mucho la competencia es la capacidad de agrupar la mercancía. Le damos al cliente la posibilidad de reunificar proveedores porque el pedido sea más económico", explica García, quien destaca el servicio "ágil" de la empresa: los pedidos exportados llegan como máximo en 72 horas a su destino. 

Expansión por Cataluña y potenciar la exportación 
"Ahora que ya somos muy reconocidos en Barcelona, queremos crecer, hacernos más presentes e importantes al resto de Cataluña", asegura García. Una aspiración de futuro que se suma a la de seguir haciendo crecer las exportaciones en Europa como disparo clave para extender el negocio, manteniendo siempre el sello propio. "El precio no es el que marca la venta sino la calidad, el que fija el coste del producto. Este es nuestro disparo diferencial y el cliente lo reconoce", expresa García.

"Nosotros hagamos previsiones a corto plazo, andamos despacio y seguro sobre seguro", afirma el adjunto a dirección de Cerezo, quien añade que el espíritu de la empresa familiar, la vocación por el trabajo que se hace y la convicción del producto que se vende es el que ha traído al éxito el negocio de esta marca nacida ahora hace medio siglo. "Siempre se tiene que estar convencido del que se hace porque creer en el producto y el proyecto siempre da provecho y beneficio", concluye García.