Las herramientas Rubi son un referente mundial en el corte y colocación de cerámica

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Rubi, las herramientas de la cerámica

La marca líder mundial en herramientas para el corte y la colocación de cerámica pertenece a la empresa familiar Hermanos Boada, con 65 años de una historia de innovación y exportación

Acabados de comenzar en 50 del siglo pasado, Antoni y en Joan Boada, dos hermanos de Rubí, cogían la moto e iban de obra en obra mostrando las ventajas de las herramientas que habían creado para el corte de la cerámica. Este fue el inicio de la compañía Germanos Boada, que 65 años después ha consolidado la marca Rubi como un referente mundial del sector con más de 1.400 referencias y una presencia a 130 países del mundo que los permite facturar 64 millones de euros, un 84% en el mercado exterior.

Daniel Labrador, director de marketing de Hermanos Boada, explica a VÍA Emprendida la habilidad que tuvieron los fundadores para "crear la primera talladora manual de cerámica. Tuvimos la suerte que la inventaron, patentar y proteger". Esto es el que permitió a la empresa empezar a vender al mercado español y enseguida en el extranjero, empezando por Francia. "A los años 50 ya tenían presencia en Venezuela o el Ecuador. Y a raíz de esto se consolidó la marca como la inventora de los cortadores manuales de cerámica", recuerda Labrador.

Con el tiempo, la empresa ha aprovechado esta fortaleza de la marca para pasar de tener cortadores a tener las herramientas que necesitan los col·locadors. "Nuestro foco siempre ha sido relacionado con la colocación. A medida que ha evolucionado la cerámica, las herramientas también lo han ido tirando", dice Labrador. Es evidente que no tiene nada a ver cortar cerámica de hace 50 años con la que se está haciendo ahora, "muy resistente y dura".

La innovación, el pasaporte hacia el futuro
Precisamente innovar constantemente, de acuerdo con el que ha necesitado el usuario de la mano de los nuevos materiales que se han ido desarrollando, ha sido una de las claves del éxito de la empresa. "Esto se ha podido hacer gracias a ser muy cercanos al usuario final de las herramientas. Tenemos un club de 48.000 socios en todo el mundo que nos dan muchos inputs del que los gusta y el que no, y sobre todo del que necesitan"; apunta Labrador.

Un 5% de la facturación la destinan de forma constante a innovación. Una apuesta fundamental para mantener el liderazgo del mercado y poder entrar con fuerza a cualquier país. "Las diferentes costumbres y materiales en todo el mundo obligan a tener una gama de productos bastante amplia", dice Daniel Labrador.

Aparte de las oficinas centrales de Rubí, Hermanos Boada cuenta con un centro logístico e industrial en Santa Oliva del Penedès. Cedida


Un portfoli donde las patentes y registros son constantes. "Cada año se patentan productos o soluciones para protegerlas de posibles copias. tenemos una inversión bastante fuerte y siempre tenemos juicios en marcha", reconoce. A pesar de que en mercados occidentales no hay mucha presencia de copias fotocopiando la marca y el manual de instrucciones, este hecho sí que lo sufren en el Asia y el América Latina. "Cuando se detecta batallamos, pero es muy costoso y muy lento", lamenta Labrador.

Cortante y colocando en todo el mundo
"Siempre habíamos sido muy orientados a la exportación porque era una cuestión de principios de la empresa", argumenta Labrador. El 2008 el porcentaje de exportación ya era del 71%, una cifra que se ensartó hasta el 85% en 2014. Aún así, Labrador reconoce que "ha crecido más porque el mercado español casi desapareció que por el mismo crecimiento del mercado exterior".

Este último año, la situación ha sido la contraria. "Ha caído un poco el porcentaje de exportación básicamente porque el mercado español se ha recuperado", celebra el directivo. "Hemos tenido suerte de haberlo hecho siempre porque ir a vender fuera a raíz de la crisis cuesta mucho, nadie te está esperando", evidencia.

La presencia de la marca Rubi se ha consolidado por todas partes con filiales en la China, Portugal, Francia, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Holanda, Inglaterra y Polonia. Hacia marzo abrirán otra en México; pero Hermanos Boada también disfruta de sucursales en Rusia, Finlandia, Venezuela, Chile y Colombia.

Una presencia a buena parte del mundo sin perder los orígenes, puesto que el mismo nombre de la marca, Rubi, está totalmente vinculado a su localidad. "Los dos hermanos y toda la familia eran de Rubí de toda la vida. Siempre hemos dicho en broma que somos los embajadores de Rubí", comenta con una sonrisa Daniel Labrador.

Una empresa con 5 directores generales
Una de las peculiaridades de Hermanos Boada es que desde el año 2011 cuenta con una dirección colegiada entre cinco personas. "Por problemas internos el consejo de administración decidió despedir el antiguo director general. Entonces se traspasó la responsabilidad de gestionar la empresa a cinco directivos de la compañía de forma temporal hasta que se incorporara un nuevo director general", recuerda Labrador.

A la cabeza de unos meses, pero, las cosas empezaron a ir algo mejor y el que tenía que ser temporal se convirtió en fijo. Labrador, como responsable del área de marketing, es uno de los cinco miembros de esta dirección sin presencia familiar de la propiedad, junto con las cabezas de operaciones, finanzas, comercial y R D. "Cuatro traemos 18 años trabajando juntos y el quinto en puerta siete. Seguramente esto funciona porque tenemos muy buena relación", reflexiona.

Daniel Labrador, en el centro, con el resto de la dirección de la empresa. Cedida


Labrador tiene claro que "si alguien de los cinco hubiera querido ser el director general único, seguramente habríamos acabado mal"; pero valora el hecho que la experiencia acumulada desde ópticas diferentes los facilita que "sea más difícil llegar a una decisión errónea".

A pesar de que, de entrada, puede parecer poco operativa una dirección entre cinco personas, Labrador asegura que "las cosas van bien y además nos lo pasamos muy bien". Crearon unos estatutos de funcionamiento donde se estipulaba que en caso de no haber acuerdo se tendría que votar. "Creo que en cinco años hemos votado una o dos veces", evidencia. La clave, destaca, es que "todos nos refiem del criterio de los otros, y si nos tenemos que reunir con urgencia, lo hacemos. Con Hangouts y Skype es fácil de solucionar".