Adrián Hernández, CEO de Simplicity Works | Cedida

INDUSTRIA 4.0

Simplicity Works y el 3D Bonding: una propuesta para la reindustrialización

Una startup alicantina idea un sistema que reduce costes laborales en la fabricación de calzado sustituyendo las uniones mecánicas de las costuras por las químicas de un polímero

La crisis del Covid-19 ha puesto de manifiesto que no fue una buena idea externalizar la producción a países lejanos. Por un lado, porque es un sector productivo y con una ocupación estable; y por otra, porque esto comporta una dependencia que nos hace frágiles ante un cierre de las fronteras. Por todo esto, la reindustrialización ha vuelto a ponerse en boca de los mandatarios y puede ser una buena ocasión para empresas como la startup Simplicity Works, con sede en el Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, Alicante: propone una tecnología muy competitiva para producir -de momento- calzado a los mismos precios que en países asiáticos y sin el coste social de nivelar salarios. ¿Cómo lo hace? Esta es su historia.

El CEO de Simplicity Works, Adrián Hernández, es un venezolano inquieto que se licenció en su país en ingeniería industrial y se especializó en tecnología y diseño del calzado. Acabados los estudios, se vino a Europa, donde adquirió un perfil operacional y de marketing. Además, se considera inventor porque ha trabajado mucho en fases de desarrollo de producto y tiene 16 patentes. Empezó a solas, con un inversor y 150.000 euros; en estos años ya han recogido, entre clientes e inversores de alcance internacional, cerca de 7 millones de euros y son un equipo de 12 ingenieros, liderados por él mismo y por Ezequiel Sánchez (exCEO de Tempe, la filial de Inditex) y por el doctor Carlos Pérez, científico de la UMH.


Hernández contextualiza que el negocio del calzado “es realmente importante a escala mundial” | Cedida

 

Hernández, en un trabajo, tuvo la oportunidad de viajar a la India y a la China, donde vio "situaciones laborales que no eran acuerdos" con lo que él pensaba que tenía que ser. Entonces, surgió la pregunta que habitualmente precede a la creación de una startup: "¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué tenemos que tener una industria con esta tendencia y no desarrollamos un concepto donde el trabajador no sea el cuello de botella?". A raíz de aquella inquietud ideó el concepto que bautizó como 3D Bonding Cell, que patentó en septiembre de 2009 y que es una unión tridimensional de productos.

La startup se pregunta "¿por qué tenemos que tener una industria con esta tendencia y no desarrollamos un concepto donde el trabajador no sea el cuello de botella?"

Hernández lo explica de manera muy visual: "Imagínate que en lugar de tener que unir una pieza detrás la otra para fabricar una silla o un zapato, ir cosiéndolas... coges todas las partes y las introduces en un molde tridimensional. Las dejas con una pequeña separación entre ellas y en esos canales haces la inyección de un polímero y quedan pegados por el canto. Es la sustitución de una unión mecánica, como puede ser una costura, por otra química, a través de un polímero". Asegura que las juntas no son más débiles con este sistema, sino que tienen una consistencia "equivalente o incluso en algunos casos, superior", dependiendo del material que se emplea: "La costura tradicional tiene unos 7 kilos por centímetro lineal y nosotros podemos llegar hasta 12".

Beneficios: mano de obra y medioambientales

Con esta tecnología el CEO defiende que se obtiene un doble beneficio para las empresas de la industria. En primer lugar, permite reducir la mano de obra en un 75% sin tener que pagar menos y los países asiáticos pagan "un 25% de los salarios que se pagan en España", con lo cual se equilibra el coste por esta parte: "Un calzado en Vietnam cuesta tres dólares. Aquí también serán tres dólares en lugar de los 12 habituales".

En segundo lugar, Hernández destaca los beneficios medioambientales: utiliza menos piel porque no se superponen las piezas y se reduce la cantidad del material, que es "verdaderamente contaminante por el proceso de hacerla porque utiliza muchos productos químicos, agua y electricidad"; además, el hecho de reducir la importación de Asia supondría una reducción de barcos transportando contenedores. "La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo. Se puede cambiar", afirma.

Ya ha llegado a América y en 2022 instalarán una fábrica en Alicante

Ahora la tecnología de Simplicity Works está en fase de industrialización y ya han iniciado la exportación de sus primeras líneas de producción para distintas compañías, entre las cuales destaca la mexicana Berrendo, donde se hace calzado de seguridad de conocidas marcas internacionales como Carterpillar o Puma Safety. La startup alicantina ha enviado la maquinaria necesaria y ha dado las formaciones específicas al equipo de ingenieros. Después, Hernández busca que se instalen fábricas con este sistema en el Estado español, en América y "eventualmente, en el futuro", también miran a Asia. "Pero la prioridad es el mercado europeo", subraya.


Los zapatos de Simplicity Works | Cedida

De hecho, revela que ya están haciendo "una fábrica-piloto" que se montará en la provincia de Alicante prevista para 2022 "con unas capacidades importantes" y "una línea de producción totalmente automatizada" con el nombre de Bonding Share. En mayo de 2021 prevén presentar la maquinaria y, en septiembre, lo harán en Alemania. De momento la tecnología se aplica a la industria del calzado, pero ya están prototipando mochilas y el siguiente paso que tienen en la cabeza es hacer sillas y asientos de coche.

El modelo de negocio, por 'royalties'

Hasta la fecha, la startup ha facturado unos 400.000 euros al año en concepto de contratos de colaboración con multinacionales: "Financian el prototipo y verifican si la tecnología tiene potencial o no. Les servimos de laboratorio externo, hacemos una parte de investigación". Ahora bien, su modelo de negocio lo han ideado alrededor del cobro de royalties por cada modelo de calzado fabricado, que empezarán a activar a partir del año que viene.

Hernández: "La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo. Se puede cambiar"

Adrián Hernández contextualiza que el negocio del calzado "es realmente importante a escala mundial" y pone cifras: se producen anualmente 23 billones de zapatillas y empresas como Nike hace 550 millones; Adidas, 400; Puma, 120; y el Estado español, que es bastante potente en esta industria, fabrica 100 millones. "Si tenemos una tecnología competitiva para estas multinacionales, se volcarán a invertir en ella. Es nuestro mercado objetivo, porque instalan fábricas aquí, cerca del consumidor", sostiene el CEO.

Ahora, con las administraciones convencidas en la necesidad de abordar procesos de reindustrialización, tienen un contexto favorable. Hernández revela que han tenido contactos tanto con las instituciones autonómicas valencianas, como con las del Gobierno español. Afirma que tienen la sensación que "están volcados al acelerar" el proceso. "Es lo que percibimos", concluye.