Opinión

Citizenfour Puigdemont

Horas de ahora sólo queda una tribu para descubrir en una selva remota de Papúa Nueva Guinea a quien no le han llegado los mensajes que martes al atardecer se intercambiaron el presidente Carles Puigdemont y su consejero de salud Toni Comin. La filmación de la pantalla del móvil del consejero por parte de una cámara de Tele 5 en un acto público a Lovaina demuestra un golpe más que el eslabón más débil de una cadena de seguridad es siempre el factor humano. El hecho que el presidente y el consejero utilicen números de teléfono privados y la aplicación de mensajería Signal —con encriptación punto a punto y mensajes que se autodestruyen— no ha servido porque los mensajes hayan saltado de la palma de la mano del consejero a los hogares de todo España.

A raíz del hecho se ha abierto un interesante debate entre privacidad y derecho a la información. El acceso y la divulgación de las comunicaciones privadas sin consentimiento es un delito penal y a la vegada el trabajo de los profesionales de los medios está amparada por el derecho a la información: es noticia todo aquello que alguien quiere que no sea noticia le recuerdo haber sentido a Ramon Barnils. Qué prevalece pues en este caso? El derecho a la privacidad que tienen los participantes en una comunicación privada o el derecho a informar de los periodistas?

No me vale el argumento de que era en un lugar público y el móvil era a la vista; una cosa es proyectar la pantalla del móvil a la audiencia para que lo vea todo el mundo y la otra que se haya grabado voluntariamente cerrando el plano y haciendo zoom sobre la pantalla del consejero Comín. No es hackejar el móvil pero se han tenido que utilizar medianos técnicos de manera deliberada para obtener la captura. De todos modos esto es un debate jurídico en el que no entraré. Las opiniones de juristas y de afectados de casos similares no coinciden. Pero básicamente no entraré porque me parece que el debate es equivocado: no va del derecho a la privacidad ni del derecho a la información sino que va del derecho a la postveritat.

"No va del derecho a la privacidad ni del derecho a la información sino que va del derecho a la postveritat"

La postveritat consiste al explicar la realidad amotllant-la a nuestra manera de pensar y a nuestros objetivos, escogiendo sólo los hechos que nos interesan y estela de banda el resto. Y esto es posible porque vivimos en una sociedad hiperhistòrica (prehistoria, historia, hiperhistòria) donde la información ya no es un producto de la actividad económica sino que es la actividad económica en sí, y son el resto de actividades que son producto de la información. El exceso de información que un hecho genera permite la construcción de múltiples verdades y esto pasa especialmente con los acontecimientos que despiertan mucho de interés y que polarizan la opinión pública, como la elección de Trump, el Brèxit, la independencia de Cataluña o las galas de Operación Triunfo.

Los mensajes de las capturas están obviamente fuera de su contexto —se escribieron por una comunicación personal y no por una de masas como la tele—, y no sabemos qué decían los mensajes anteriores ni los posteriores. Tampoco sabemos si los mensajes son ciertos. A pesar de que los dos interlocutores parece que los den por bonos por los comentarios que han hecho a Twitter, tampoco sabemos si se trata de una filtración interesada para reforzar la manera de pensar y los objetivos de los interlocutores; en este caso quien estarían (también) ejerciendo su derecho a la postveritat serían ellos .

Y del mismo modo que pienso que esto no va de privacidad ni de derecho a la información también pienso que el contenido del mensaje no es relevante más allá del lavadero televisivo y de los guionistas del Polonia. Si el contenido del mensaje del presidente hubiera sido triunfalista, la postveritat se habría articulado alrededor de una "realidad paralela", "delirios de grandeza" o de "Matrix". Tanto le hace.

El que es relevante es que "el medio es el mensaje"; no es importando el contenido sino el medio en sí, el medio modula el mensaje, el medio se incrusta en el mensaje. No nos comunicamos igual en un medio de comunicación interpersonal que en un medio para una audiencia global, el mensaje cambia cuando cambia de medio y es modulado por un medio ajeno, como en este caso la tele. Quién esté limpio de pecado que publique sus Whatsapp.

"Quién esté limpio de pecado que publique sus Whatsapp"

Damos forma a los medios que creamos y finalmente son estos que nos acaban dando forma a nosotros. El mensaje de verdad no es el estado de ánimo del presidente, el mensaje es el estado de vigilancia al que estamos sometidos. Y nos lo hemos hecho solets.

La escena que me va frapar más de Citizenfour , el documental sobre Edward Snowden, es cuando él se encuentra en la habitación de un hotel de Hong Kong y tiene que utilizar su ordenador mientras las cámaras están filmando. En un acto casi reflejo saca una manta y se cubre la cabeza y su portátil en el momento de introducir la palabra clave. No lo hace por las cámaras que tiene delante sino por las cámaras ocultas que puedan estar filmándolo sin su consentimiento.

A 37:35 El diálogo entre Edward Snowden y el periodista Glenn Greenwald es el siguiente:

—Greenwald: Esto es por la posibilidad de…

—Snowden: (Bajo la manta) visual, sí recolección visual

—Greenwald: (mira alrededor con cara de póquer sin saber que decir) Llegados a este punto ya no creo que haya nada sobre este tema que nos pueda sorprender!