Davos, la utilidad de aquello inútil

Cinco años yendo al encuentro anual del Foro Económico Mundial a Davos son basta cómo para tener perspectiva del que allá pasa sin que todavía uno haya perdido el mundo real de vista.

Davos es irreal en muchos sentidos. Primero porque está en Suiza, que es Europa y no lo es a la vez. Davos se encuentra al corazón de los Alpes donde las reglas también son diferentes. Ir de Zúrich a Davos es más caro que de Barcelona en Zúrich, las madres traen los niños a la escuela con trineo y los dos metros de nieve (la nevada más grande desde el 1999) son algunos ejemplos. Tener que sacar la nieve con pala cada mañana para salir de casa es una cosa a la que no te acabas de acostumbrar, especialmente si eres de la Urgell (a la niebla, sí).

Y dentro del micromón que es Davos hay todavía el micromón de los líderes económicos, políticos y sociales del mundo que se encuentran la semana del encuentro anual de los menbres del WEF, este año amplificada por el circo que los ha montado Donald Trump, empezando por unas medidas de seguridad (todavía más) extremas y acabando por la banda militar que a modo de mariatxi hizo tocar al escenario principal del congreso mientras él entraba. Tenía un compañero americano al lado mientras veíamos el espectáculo y diría que sintió tanta vergüenza e indignación como yo sintiendo el rey de España o el ministro Dastis.

"El Foro ha pasado de poner el foco exlusivament en la economía y la política a ampliarlo en la tecnología, la educación, la ciencia y la filosofía"

En cinco años de ir me ha cambiado la percepción del que allá pasa tanto o más como ellos han cambiado la percepción del que pasa en el mundo. Con 48 años, el Foro ha pasado de poner el foco exlusivament en la economía y la política a ampliarlo en la tecnología, la educación, la ciencia y la filosofía. Para entender el mundo primero preguntaron a los economistas, después a los tecnólogos y ahora a los científicos y a los filósofos. Mención especial por la directora del CERN, Fabiola Gianotti, física de partículas y pianista, y copresidenta junto con seis mujeres más de este encuentro del WEF. En varias sesiones en las que participó pareció responder a la pregunta indirecta que formula el título del encuentro de este año: Creando un futuro compartido en un mundo fracturado. Para Gianotti, la ciencia nos puede dar algunas pistas de cómo hacerlo. La manzana del siglo XVII de Newton cae igual y por la misma causa al siglo XXI, en un país rico o en uno de pobre. El lenguaje de la ciencia no entiende de creencias, ni de géneros, ni de política, ni de razas, ni de fronteras.

"Sin la teoría de la relatividad de Einstein y la física cuántica no tendríamos el GPS, los transistores y los chips"

Como ejemplo puso el CERN mismo, un micromón donde gente de diferentes culturas, religiones e inclinaciones políticas de más de 70 países y de 105 nacionalidades diferentes (algunos de ellos en conflicto) trabajan con un mismo objetivo y hablan un mismo idioma: el de la ciencia. Un idioma que a veces los que somos profanos no entendemos. Las teorías de la relatividad de Einstein y de la física cuántica fueron ridiculizadas cuando salieron y cuando menos tenidas por inútiles. Sin la primera no tendríamos los GPS y sin la segunda no se habrían desarrollado los transistores y los chips que nos han traído a la 4a revolución industrial. Gianotti destacó la importancia de cuestionarlo todo, de hacernos las preguntas, de basar nuestras decisiones sobre hechos demostrables y de la utilidad del conocimiento inútil. Después de cinco años, entendí de qué va Davos.

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