Groots Urban Farming, cultivar sin sol y sin tierra

La startup se dedica a la producción de hierbas aromáticas para restaurantes y quiere llevar la agricultura a sus orígenes con la ayuda de las nuevas tecnologías

Cultivo de hierbas aromàtiques de Groots Urban Farming | Cedida Cultivo de hierbas aromàtiques de Groots Urban Farming | Cedida

El agua y los nutrientes son los únicos denominadores comunes del sistema de cultivo que ha desarrollado la startup Groots Urban Farming y la agricultura tradicional. Esto, y el resultado: productos sabrosos y con un olor intenso que han crecido sin la ayuda de pesticidas, aseguran los fundadores de la empresa emergente. Se trata de volver a unos orígenes mejorados en cuanto a la sostenibilidad. De momento, sólo venden hierbas aromáticas a restaurantes, pero entre sus objetivos destacan ampliar productos y público.

Groots Urban Farming es una startup joven creada por cuatro socios jóvenes: Carlos Gómez, Joaquim Bas, Alessandro Calcagno y Albert Gombau fundaron la empresa hace sólo un año. Ellos tienen 25 excepto Albert, que tiene 32. Tener trabajos que no los motivaban los empujó a emprender y empezar un proyecto con el cual se sintieran identificados. "A todos nos interesaba el uso eficiente de los recursos y la economía circular, así que empezamos a investigar los sistemas hidropónicos", explica Gómez.

Se trata de cultivar plantas sin utilizar tierra, sino en base a una solución de nutrientes. Los productos también crecen sin luz del sol, puesto que se plantan en interiores. ¿Cómo es posible? A través de un sistema que todavía están perfeccionando. Calcagno y Gómez explican que los primeros ocho meses de vida de la empresa se los pasaron investigando: "Vimos que los sistemas hidropónicos que había eran caros y que se podían mejorar mucho, y lo establecimos como nuestro objetivo". La tierra es sustituida por una solución de agua y nutrientes, y el sol, por luces led.

Els fundadors de Groots Urban Farming, Albert Gombau, Joaquim Bas, Alessandro Calcagno i Carlos Gómez | Cedida

Los fundadores de Groots Urban Farming, Albert Gombau, Joaquim Bas, Alessandro Calcagno y Carlos Gómez | Cedida

Con impresoras 3D

Ellos idearon unas torres modulares, las estructuras en las que se cultivan las plantas. Son unos tubos negros verticales por donde circulan agua y nutrientes, como si fueran unas tuberías. La semilla se siembra en una esponja y esta se encaja perfectamente en las pequeñas bifurcaciones que hacen los tubos: en cada una de ellas va una planta. De este modo, las raíces caen dentro del tubo y recogen toda el agua y los minerales que necesitan. De hecho, esta solución se elabora con unos u otros nutrientes en función de las necesidades de cada producto. Esto obliga a organizar las torres en carros: cada uno sólo puede contener un tipo de planta, puesto que la solución está adaptada. Aún así, explican que ya han encontrado algunos cultivos compatibles que les han permitido mezclar.

La albahaca, el kale y algunas flores comestibles como los pensamientos son los cultivos estrella de Groots Urban Farming

De momento, la misma estructura los limita a la hora de ofrecer una variedad de productos, puesto que no pueden cultivar plantas grandes. La albahaca es la estrella de Groots Urban Farming, junto con otras hierbas aromáticas. Hace poco han empezado a sembrar hortalizas como kale, y algunas flores comestibles, como los pensamientos.

La tecnología no sólo está presente en la manera de cultivar, sino también en la estructura. Están diseñadas por ordenador y hechas con impresoras 3D. "Hemos conseguido nuestro objetivo de reducir costes con la optimización de los materiales: las estructuras están muy adaptadas al uso que les damos", indica Gómez. Además, el diseño permite reducir la mano de obra necesaria durante todo el proceso, desde la siembra hasta la recolección.

Una torre de cultiu de Groots Urban Farming | Cedida

Una torre de cultivo de Groots Urban Farming | Cedida

Ganar sostenibilidad

Pero, ¿qué beneficios tiene este tipo de cultivo? Los creadores de Groots Urban Farming aseguran que es más sostenible que la agricultura tradicional. "El uso de agua se reduce en un 90% porque no se malgasta ni una gota: todo lo que las plantas no absorben se queda en el circuito de tubos y se reutiliza", indica Gómez. El hecho de que se pueda cultivar en interiores y que ocupan menos espacio –por su verticalidad–, permite introducir los huertos en las ciudades y, por lo tanto, reducir el transporte.

Para acabar de alimentar el objetivo de la sostenibilidad, los socios fundadores añaden todavía dos ventajas más: los materiales utilizados para fabricar las torres son biodegradables y las energías utilizadas para que funcione el cultivo son renovables. "Otro de los beneficios que obtenemos cultivando en el interior es que los productos no están expuestos a agentes externos, como las condiciones meteorológicas; por lo tanto, nuestra producción es constante en calidad y en cantidad durante todo el año", apunta Carlos Gómez.

"Uno de los beneficios de cultivar en el interior es que los productos no están expuestos a agentes externos, como las condiciones meteorológicas; por lo tanto, nuestra producción es constante en calidad y en cantidad durante todo el año"

Lo etiqueta eco, un obstáculo

A pesar de calificar sus productos como frescos y naturales –no se utilizan pesticidas para hacerlos crecer–, los fundadores de Groots Urban Farming lamentan que no pueden obtener el certificado eco. Es, precisamente, debido a la principal innovación que introduce su empresa: cultivar sin tierra. "Esto nos perjudica, porque hay muchos restaurantes que se preocupan para cocinar sólo con productos eco", dice Calcagno. Pero no pierden la esperanza de poder conseguir la etiqueta algún día: "En Estados Unidos es un tipo de cultivo más habitual y ya hay movimientos que piden que se los pueda otorgar la certificación", explican.

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De momento, sólo venden a restaurantes y cultivan según la demanda para no derrochar alimentos. En un año, han conseguido despertar un interés en el sector HORECA suficiente como para necesitar unas instalaciones más grandes. Los 100 metros cuadrados que tenían en Barcelona hasta ahora dejarán paso a una nave de unos 500 metros cuadrados en Barberà del Vallès. "El principal reto que tenemos ahora es replicar la granja piloto a las nuevas instalaciones, que nos permitirá aumentar considerablemente la producción y la distribución", afirma Calcagno. Los 700 euros semanales que obtenían con la antigua planta se multiplicarán. El objetivo primero es que se autofinancie la nave.

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