La batalla por Barcelona ha empezado

El pregón de la festa major de Grècia y los disturbios en Sants han sido el detonante del fin de la pax política municipal durante el paréntesis estival. Después de un agosto bastante tranquilo en cuanto a la actualidad barcelonesa, los silbidos que sufrió la alcaldesa, Ada Colau, denota el inicio de una dura batalla por el futuro gobierno de la ciudad.

Un nuevo curso político que se prevé de alta tensión. A menos de dos años para las elecciones municipales, los próximos meses pretenden ser, para los grupos políticos en la ciudad, la pole position o la línea de salida hacia unas elecciones en las que Barcelona se juega mucho, en términos de futuro y de modelo.

Es público y notorio que Colau sufre un desgaste después de seis años al frente del consistorio. Gobernar Barcelona nunca ha sido fácil. La ciudad es autoexigente consigo misma, inconformista, participativa cuando hace falta, con una fuerte identidad y trayectoria. Y ahora, ciertamente, no vive su mejor momento. Lo estamos viendo estos días.

El barómetro municipal del verano situaba la inseguridad y una deficiente gestión municipal como los principales problemas de la ciudad, seguidos de la falta de vivienda, la limpieza y la gestión de la movilidad. Además, el contexto de emergencia económica, social y sanitaria fruto de la pandemia no ayuda a los gobiernos de turno a planificar políticas públicas a medio y largo plazo. En primer lugar, hay que dar respuesta al coste derivado de la pandemia y sus consecuencias.

La fragmentación política no ayuda a generar ilusión y buenos proyectos que se conviertan en pactos de ciudad

Vivimos momentos de cambio, de incertidumbre y de gran volatilidad en la economía. No es fácil planificar a largo plazo. La primera prioridad de la administración pública es velar para que nadie se quede atrás, invirtiendo sus recursos en los más vulnerables, los que más sufren. Ante el incremento de las desigualdades y la precariedad en el mundo laboral, es clave redistribuir la riqueza y generar nuevas oportunidades para todo el mundo.

La fragmentación política que vivimos tampoco ayuda a generar ilusión y buenos proyectos que se conviertan en pactos de ciudad. Este hecho, sumado a una sensación de provisionalidad permanente en la política, dificulta repensar, entre todos, qué modelo de ciudad queremos.

¿Cómo nos imaginamos la metrópolis del futuro?

Son momentos de cambios globales. La ciudad también se encuentra en un cruce en el que se tiene que preguntar qué quiere ser de mayor. ¿Cuál es el modelo productivo y qué sectores estratégicos aspira a tener en el futuro? ¿Cómo tiene que ser la Barcelona de 2050? ¿Cuál tiene que ser su imagen, su posicionamiento y la especialización a nivel internacional? ¿Cómo queremos que nos valoren desde fuera? Son reflexiones que, seguro, serán el principal debate en las próximas elecciones municipales.

Las cocinas de los partidos preparan el curso por la batalla por Barcelona. Se prevé un curso intenso, en el que veremos un "todos contra Colau". ERC, Comuns y PSC parten como los mejor posicionados para ganar las elecciones, sin olvidar a Junts como nuevo partido con vocación de liderar el voto independentista en la ciudad. El centro y la derecha se encuentran en construcción, ordenándose después de la marcha de Manuel Valls, un final escrito desde hace mucho tiempo. Hará falta también estar atentos a los movimientos y candidatos provenientes de la antigua Convergència como el PDeCAT, Lliures, Lliga o el PNC.

Las elecciones municipales también serán un buen termómetro para Pedro Sánchez si consigue aprobar y ejecutar los presupuestos generales de 2022, así como asegurar un reparto equitativo de los fondos europeos Next Generation, en beneficio también de Catalunya y Barcelona.

La Comisión Europea augura un crecimiento de la economía española del 6,2% para este año, incrementándose una décima, un 6,3%, en 2022. Barcelona no es ajena a este contexto, como tampoco lo será la alcaldesa, que tendrá que valorar si se presenta por tercera vez o, al contrario, apuesta por un cambio hacia la política española. Las encuestas y las proyecciones de voto pueden marcar la decisión final.

La ciudad necesita, de forma urgente, buenos proyectos que la reposicionen en economía digital, industria 4.0, cultura, infraestructuras, así como también finalizar actuaciones urbanísticas pendientes

Una estrategia bastante conocida por el PSC, y que ya aplicó con alcaldes como Narcís Serra y Joan Clos, este último debido al desgaste que sufría el PSC en Barcelona, después de gobernar la ciudad de forma ininterrumpida durante 32 años, y por la proyección ascendente de CiU, con Xavier Trias como candidato.

La batalla por Barcelona ha empezado. La ciudad necesita, de forma urgente, buenos proyectos que la reposicionen en economía digital, industria 4.0, cultura, infraestructuras, así como también finalizar actuaciones urbanísticas pendientes en La Sagrera, la Marina o la Zona Franca, que den respuesta al problema de la vivienda.

En el futuro, nos hará falta también una Barcelona con una gobernanza ejecutiva y generosa, tanto con los 164 municipios que conforman una región metropolitana de 5,5 millones de habitantes, como también con el resto del territorio. El gobierno de la ciudad tiene que ser el principal aliado del gobierno catalán, y a la vez colaborar con el gobierno de turno en el Estado, para definir proyectos de futuro con una fuerte proyección internacional.

Finalmente, tenemos que recuperar la cultura de la colaboración público-privada; los liderazgos público y privado son más fuertes que nunca cuando van de la mano y trabajan conjuntamente con la máxima transparencia. Lo vivimos en la gran transformación de la ciudad en la época de los juegos olímpicos del 92 y se puede volver a repetir en otras iniciativas de futuro. Todos juntos sumamos.

La superliga de las grandes ciudades se juega con las mejores metrópolis del mundo. Barcelona tiene que seguir siendo una ciudad admirada por los que vivimos o trabajamos en ella, pero también por los que nos visitan y apuestan por generar nuevas oportunidades de futuro.

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