Decepción? Qué decepción?

De vez en cuando pasa. La primera vez fue el abril de 1998, cuando Easy Jet presentó su sitio web. La última ha sido cuando Uber ha publicado los resultados del segundo trimestre de 2019. De vez en cuando pasa que pienso "esto será gordo".

En el caso de Eeasy Jet, la noticia fue que llegaba una aerolínea que permitía comprar vuelos en la web. Las agencias que entonces se llevaban todo el negocio de los vuelos, todavía no vendían nada en la web, cuando menos en España. La primera agencia popular -que no la primera-primera- fue Lastminute, fundada en septiembre de 1998, y que no llegaría al Estado hasta el 2000.

La noticia decía que Easy Jet tampoco usaba billetes. Sin agencias, ¿cómo lo tenías que recoger? Claro. Después de pagar el vuelo en la web, había que imprimir una página en la cual constaba un número que iba desde el 1 hasta el número de plazas que tuviera el avión en cuestión. La hoja imprimida y el DNI era todo lo que hacía falta para volar.

"El de Easy Jet es un caso curioso porque nos enseña lo necesario que es encontrar el camino tecno-optimista. Cuando lo conseguimos, tenemos el privilegio de participar en cambios sociales y económicos bastante interesantes"

Me pregunté si lo lograrían. Los aviones que empleaba Easy Jet costaban unos 55 millones de dólares cada uno, pero a internet sólo estábamos cuatro gatos.

El 1998 navegábamos equipados con módems de 56k como mucho, y a menudo hacíamos la broma que WWW significaba World Wait Web. Acabo de mirar la medida de la última foto que he hecho con el móvil y calculo cuánto de tiempo habría necesitado para bajar con la mejor conexión doméstica de momento: más de 10 minutos. En internet había que tener mucha paciencia. Lo veis porque me quitaba el sueño el proyecto Easy Jet, con aviones de 55 millones de dólares que tenían más de 140 plazas para llenar en cada vuelo?

Porque soy tecno-optimista, creí que la voluntad digital de Easy Jet era una pista sobre que "internet es el futuro" -cosa que, por cierto, de vez en cuando todavía oímos más de 20 años después-.

Hoy he buscado la historia de Easy Jet para saber si me dejaba algo. Me he dado cuenta que me faltaba un detalle importante: la aerolínea abrió en 1995, sin web, porque su intención era vender sólo por teléfono. Es lógico porque el web justo empezaba a ser comercial aquel mismo año. No fue hasta diciembre de 1997 que alguien, de una agencia de comunicación, sugirió a Stelios Haji-Ioannou -el fundador de Easy Jet- la venta de vuelos en la web. Su respuesta fue que "el web es sólo para nerds (sabihondos), nunca haría dinero con mi negocio!". En efecto, se inquietaba por llenar sus aviones de 55 millones de dólares.

Su equipo -que también creía que internet es el futuro- tuvo la ocurrencia de crear un sitio web básico donde figurara un teléfono de ventas diferente del que figuraba, enorme, al buque de los aviones y a la publicidad clásica. Cuando Haji-Iannou vio la cantidad de ventas mediante el teléfono del web, cambió de opinión. El abril de 1998 abrieron las ventas a internet, convirtiéndose en la primera aerolínea de bajo coste a internet. El resto es historia; a partir de aquí el panorama de la aviación y el turismo ha cambiado profundamente en sólo 20 años. El último efecto lateral ha sido la quiebra de Thomas Cook, una agencia de viajes con 178 años de historia.

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El de Easy Jet es un caso curioso porque nos enseña lo necesario que es encontrar el camino tecno-optimista. Cuando lo conseguimos, tenemos el privilegio de participar en cambios sociales y económicos bastante interesantes. Nos llegarán un montón de posibilidades de vivirlo, puesto que en tecnología digital está casi todo por hacer. Mira a tu alrededor -no es un imperativo-. Cuántas de las cosas que ves se basan en software? Pocas, posiblemente. Antes de veinte años la proporción se habrá cambiado. tendremos que poner voluntad, si queremos que algo no sea software; talmente ahora escribo esto con una estilográfica porque me apetece.

Por cada cosa que se convierte en software el primer reto es digitalizar y el segundo -ay, el segundo- es el reto de la decepción.

"No va bastnte fino. Es demasiado complicado. Tendría que ir más rápidamente. No puede ser más pequeño? O más gordo. No tiene la forma, o el color, o el olor, o la textura, o el tacto, o el peso; un no-sé-qué que me gustaba más del analógico.

No es como antes, cuando -encima- éramos más jóvenes."

Etcétera.

En el caso de Easy Jet el problema era que "en internet sólo hay sabihondos". Y tanto! Casi nadie más no entendía por qué aquello iba tan lento, que se cortara a menudo, y no ver la cara de la persona a quien le habíamos entregado 27.000 pesetas por un vuelo. Había que ser un sabihondo para entender las limitaciones de los módems, el ruido de las líneas telefónicas, la capacidad limitada de los servidores web y del proveedor de conexión; era necesario entender que los certificados de cifraje servían para confiar en una web tanto como si fuera un comercio de la calle Mayor.

Hoy todo ello es el doble del doble del doble del doble del doble (y así hasta repetir 13 veces del doble) de potente que el 1998. Ahora la fase de decepción está en otras partes que también superaremos, y para conseguirlo también será necesario ser tecno-optimistas. La pregunta es cómo. Sabemos que para conseguirlo habrá que hacer equipo de personas con muchas especialidades, todas con una actitud claramente positiva con la tecnología digital. No fueron los informáticos quienes sugirieron vender vuelos en internet al fundador de Easy Jet; tampoco había que ser informático para tener la ocurrencia de publicar un segundo número de teléfono en una web simple. Hay trabajo para todo el mundo.

Una vez superada la fase de decepción -según Peter Diamandis y sus 6 D o fases- llega la fase de la disrupción, que es la que suele hundir Thomas Cook y otros. Nos jugamos suficientes cosas importantes y hay que cogérnoslo tan seriamente como podamos, que a menudo es tanto como sabemos. Nunca es demasiado tarde para aprender ni para volver a empezar.

Decía que la primera vez que me dije que "esto será gordo" fue con Easy Jet, la primavera del 1998, y que el último caso ha sido en leer cuáles habían sido los resultados de Uber para el segundo trimestre de 2019.

Han perdido 5.200 millones de dólares. Son 57,14 millones cada día -devers 52 millones de euros-.

No sé cuánto es en campos de fútbol, pero podemos medirlo con la reforma total del Nou Camp: costará lo mismo que Uber perdió en sólo 13 días.

"Qué les da Uber a los accionistas para conseguir que suelten una millonada descomunal? Esto sólo se explica si se espera que la siguiente fase, la disrupción, sea histórica"

Qué les da Uber a los accionistas para conseguir que suelten una millonada descomunal? Encima, han dicho que piensan seguir en pérdidas hasta el año 2021. Eso sí que es tecno-optimismo; es enorme su capacidad para superar la fase de la decepción. Sólo se explica si se espera que la siguiente fase, la disrupción, sea histórica.

Mientras tanto, leo que Uber empieza a operar sus "taxis voladores" en Nueva York y que "spoiler: son los mismos helicópteros que hacen la misma ruta desde hace 50 años". Podemos creer que hay gente dispuesta a mantener una empresa de taxis que incluye helicópteros y perder, en sólo un trimestre, el coste de 7.280 helicópteros? Quizás hay algo más que algunos analistas no saben -o no quieren- ver.

Será muy gordo, si la fase de disrupción de Uber cuando llegue -si llega- compensa tantas pérdidas. Para un tecno-optimista, el mensaje es que hay gente que cree que sí y que tiene mucho dinero. Muchísimo. Tanto da como le vaya a Uber, porque la visión está.

En el camino hacia la inmersión digital -consistente en convertir en software todo aquello que pueda ser software- ahora mismo hay un horizonte claro: la disrupción después de superar la decepción. En el camino alternativo, que es seguir instalados en lo analógico, el horizonte es la decepción.

Desgraciadamente, el horizonte puede ser una decepción como la que experimentó Thomas Cook, que nunca se tomó mucho seriamente la inmersión digital que Easy Jet había comenzado, 20 años atrás, en el ramo turístico. La decepción cayó, de golpe, el fin de semana del 21 de septiembre, cuando no encontraron nadie dispuesto a invertir lo mismo importe que Uber había perdido justo la semana anterior, que era una más entre las muchas semanas de pérdidas previstas hasta el 2021.

Entre la decepción hacia la disrupción y la decepción porque el camino se ha acabado, cuál preferís?

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