Tostadoras, superestrellas y por qué fracasan las naciones

La semana pasada escribí sobre la importancia de educar las tostadoras bien pronto en las letras a raíz de la participación de Àlex Hinojo en el reportaje Llenguaferits del 30 minuts de la teva. Su tesis es que en un entorno donde todos los procesos están mediados por ordenadores y donde las interfaces de voz son cada vez más presentes, que el catalán no esté es una desventaja para los hablantes de esta lengua. Lo resumía diciendo que quería hablar con su tostadora en catalán. Nos podemos dirigir a cualquier electrodoméstico, ordenador, móvil o coche en todas las grandes lenguas globales (las que sirven para comunicarse) y en cambio en lenguas como el catalán, el vasco y el gallego (las que sirven para molestar), no.

Más info: Educad pronto las tostadoras en las letras

Una de las leyes de la digitalización es el coste marginal cero. La digitalización de un bien o servicio tiene un coste determinado que se convierte en cero para las siguientes copias, que son indistingibles del original. Para un creador de contenidos de YouTube (el artista anteriormente conocido como YouTuber) el coste del vídeo es crearlo y subirlo, independientemente de si sólo lo ve su madre o lo ven los 8.190.161 millones de personas que han visto Fuckin' Money Man de la Rosalia a la hora de publicar este artículo.

"Que el catalán sea una lengua de prestigio digital empieza en la intimidad de nuestro móvil"

Una vez digitalizado un bien o servicio entran en acción las leyes de la economía digital y una de estas es la globalización. Este artículo, una canción de Spotify o un vídeo de YouTube son globales desde el momento de su creación, y lo son a coste cero. De hecho lo que cuesta dinero es que no lo sean. No sé cuánto debe de costar mantener los catálogos regionales de Netlflix, HBO o Amazon, pero barato no debe de ser. El estado natural de la información digital es fluir, todo lo que no sea esto cuesta dinero. Observad la simetría con los bienes físicos: tienen como estado natural el reposo y lo que cuesta dinero es hacerlos fluir.

La otra ley de la economía que entra en acción una vez digitalizado un bien o servicio es la concentración, que lleva en última instancia a la economía de las superestrellas. El artículo en que el economista Sherwin Rosen habla por primera vez de este tema(American Economic Review, 1981) empieza con: "El fenómeno de las superestrellas, donde un número relativamente pequeño de personas ganan grandes cantidades de dinero y dominan las actividades en las que participan, parece ser cada vez más importante en el mundo moderno". Los ejemplos de deportistas, autores, actores y cantantes con que ilustraba Rosen su artículo palidecen enfrente el nivel de concentración, ganancias, dominio y superestrellato de Google, Apple, Facebook y Amazon. Uno de los factores que ha llevado a estas empresas a ser las más valiosas del mundo es el efecto plataforma: cuanto más gente las utiliza, mejor funcionan, y como mejor funcionan más gente atraen y todo a coste marginal cero. Un círculo virtuoso que levanta una barrera de entrada infranqueable para cualquier competidor.

Superestrellas: el último vídeo de la Rosalia lleva 8.190.161 visualizaciones en una semana en YouTube donde tiene 2.167.990 subscriptores. Bruce Springsteen tiene 792.055 subsriptores y su último vídeo en tres semanas tiene 2.230.378 visualizaciones (datos del 11/07/19).

"Como conseguir la plenitud digital del catalán es a la vez fácil y difícil: cada decisión que tomamos en la red determina su destino, pero las superestrellas son muy fuertes"

Ya que las lenguas son un bien (de Dios) y a la vez un servicio (o muchos), una vez digitalizadas estarán doblemente sometidas a la ley de coste marginal cero, la de la globalización, al efecto plataforma y finalmente a la economía de las superestrellas. A pesar de que haya tanto valor o más en la larga cola de lenguas minoritarias el negocio se concentrará alrededor de las grandes lenguas globales.

Con este panorama, como lo tiene el catalán digital? Sólo hay que pasar por YouTube, jugar a cualquier videojuego, entrar a cualquier plataforma digital o ir a comprar cualquier aparato para comprobar las leyes anteriores en acción. Pero también es cierto que estas leyes funcionan a cualquier escala. Si conseguimos la digitalización plena de nuestra lengua, en un hipotético en torno a igualdad de oportunidades empresariales, donde la ley sea igual para todo el mundo, enmarcado en un sistema político bastante fuerte pero a la vez bastante abierto, el catalán tendría que fluir como digital que es. Estos casualmente son los tres requisitos que cumplen las naciones que funcionan tal y cómo expone el economista del MIT Daron Acemoglu en su libro Why Nations Fail y que explican todos los males de las sociedades actuales, también los lingüísticos.

Como conseguir la plenitud digital del catalán es a la vez fácil y difícil. Fácil porque con cada decisión que tomamos en la red por insignificante que sea determinamos su destino. Difícil porque las superestrellas son muy fuertes. Cada búsqueda en Google genera una cantidad ingente de sub-productos (en terminología de Google) sobre nuestro comportamiento que son imprescindibles para la supervivencia de Google (su negocio depende de la calidad de estos metadatos) pero también para la de nuestra lengua. Datos como el idioma del navegador, del sistema operativo del ordenador o del móvil, las búsquedas anteriores, las preferencias de idioma del buscador y muchas más tienen impacto directo en la salud digital de nuestra lengua. Los datos masivos sobre el uso del catalán almacenadas en los servidores de Google son mucho más relevantes y más precisos que los resultados de las encuestas demoscópicas del uso del catalán.

"Los datos masivos sobre el uso del catalán almacenados en los servidores de Google son mucho más relevantes y más precisos que los resultados de las encuestas demoscópicas del uso del catalán"

Podríamos continuar con el resto de plataformas, servicios y aplicaciones y nuestro comportamiento en linea y siempre llegaríamos a la conclusión que al fin y al cabo, que el catalán sea una lengua de prestigio digital empieza en la intimidad de nuestro móvil. Las mismas herramientas, plataformas y tecnologías que lo pueden hacer recular con el mismo ritmo exponencial con el que avanzan están a nuestra disposición para hacer todo lo contrario; los mismos mecanismos que funcionan a gran escala para las lenguas globales las podemos hacer funcionar a escala nacional para nuestra lengua. Sólo así haremos que el catalán no tenga los gigas contados.

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