Reforma horaria: en manso de los agentes sociales

Empezamos la 3a Semana de los Horarios con la presentación del Diario de Iris a la Escuela Proa, en La Bordeta, con una intervención excepcional de Carles Capdevila a favor de la esperanza sobre todo aquello que nos puede venir y contra la resignación generalizada sobre un eventual cambio de horarios a nuestro país. Justamente en un momento lleno de incertidumbres y con nuevas variables antes nunca ver que hacen falta relatos llenos de ilusión que nos ayude a pensar que podemos vivir en mejores condiciones en un horizonte no muy lejano.

A lo largo de esta semana, hemos logrado importante acuerdos con el mundo municipal para ampliar la complicidad de los ayuntamientos, auténticos protagonistas de múltiples regulaciones horarias. Hemos hecho una veintena de debates y presentaciones en todo el país en la que mucha gente ilusionada y expectant han reclamado pasar de la teoría a la acción. Hemos tenido la oportunidad que somos en un momento clave, en la fase ya de negociación de la reforma, sobre todo en el principal acelerador, el tejido productivo.

En este sentido, desde el Parlamento de Cataluña se están haciendo todos los esfuerzos posibles para impulsar un acuerdo muy amplio, transversal y efectivo que permita acelerar la Reforma Horaria. Tendremos un texto a finales de julio y, si la estabilidad parlamentaria lo permite, antes de acabar el año podremos tener la Ley de la Reforma Horaria. Un instrumento inédito para un déficit inexistente en ningún país del mundo.

Nos engañaríamos pero si consideráramos que sólo con la legislación podemos lograr los propósitos. Nos hace falta un gran acuerdo de los agentes sociales que supere el marco actual instalado en una retórica del "promover". Hace falta un acuerdo con unas cláusulas extremadamente sencillas a la vez que extraordinariamente transformadoras. Y tiene que ser un acuerdo con "eficacia normativa", o dedo de otro modo, que aquello que diga el papel tendrá el rango de ley. Estamos pues en manso de las patronales y de los sindicatos. Ahora más que nunca necesitamos un pacto que haga posible el sueño de muchos ciudadanos.

Además, un sueño que tiene nombre y apellidos. Tres son los colectivos especialmente beneficiados con la Reforma Horaria: en primer lugar, el de los niños y adolescentes, grupo especialmente sensible de población; en segundo lugar, el de los trabajadores que se encuentra claramente agravado en relación al ritmo laboral de los del resto del mundo; y, en último término, al de las mujeres, que sufren unos horarios estressants y poco saludables. A todos ellos, se los debemos de esta reforma.

Parece que hay un consenso bastante amplio al considerar que hay necesidad de avanzar en la protección de la salud de la ciudadanía, recuperando los horarios que nos son propios. Por salud y por equidad. Todos vivimos 24 horas pero no todo el mundo las vive igual. Hay quién dispone de todas y cada una de ellos porque puede proveerse de servicios o todo el contrario porque no tiene trabajo ni recursos. Hay quién trabaja mucho y dispone de una red de apoyo y hay quién trabaja igual y con un salario bajo y cuando llega a casa tiene que hacer todas las tareas del hogar y de cura. Una Reforma Horaria posibilitaría ensanchar el tiempo de libre disposición a todo el mundo por igual.

Somos en manso de los agentes sociales, pero sobre todo del sentido común.
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