És important donar activitats perquè els nens facin activitats de manera autònoma mentre teletreballem | iStock
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La COVID hace crecer la brecha en la conciliación entre hombres y mujeres

Ellas destinan 27 horas semanales al cuidado, ellos una media de 14 horas y en la suma del trabajo doméstico y remunerado, las mujeres trabajan 60 horas cada semana

Se pregunta el IVIE por qué los retos de la conciliación en tiempo de la Covid-19 son todavía más grandes para las mujeres. La respuesta, en su nuevo análisis sobre los efectos de la pandemia, COVID19: IvieExpress, que está analizando realidades económicas vinculadas a la crisis sanitaria. En este caso analiza la conciliación, cuando 4,5 millones de hogares españoles gestionan el teletrabajo o el ya trabajo presencial con menores de 14 años que no pueden ir al colegio. La situación, apunta el estudio, es especialmente grave en los 1,88 millones de hogares monoparentales, de los cuales el 81% está formado por mujeres con hijos.

En este artículo el IVIE apunta que son las mujeres las que están soportando mucha más presión porque antes de la COVID-19 ya dedicaban 85 minutos diarios más a las tareas domésticas y cuidado de familiares que los hombres, según analiza el último elaborado por los investigadores José Ramos y Alicia Gómez.

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El informe establece que la dedicación en las actividades remuneradas es más intensa entre los hombres, con una media de horas semanales de 38,8, frente a las 32,9 horas que destinan las mujeres. Sin embargo, las mujeres trabajadoras emplean 27 horas al trabajo no remunerado, principalmente cuidando personas y tareas domésticas, mientras que los hombres trabajadores sólo 14, lo cual implica que en el cómputo total de horas de trabajo, las mujeres superan a los hombres, con una duración global de jornada laboral y doméstica de 60 horas semanales frente a las 53 de los hombres. La desigualdad es estructural, puesto que las diferencias se mantienen en tanto entre trabajadores y trabajadoras a tiempo completo como parcial, en familias con y sin hijos y en el caso de parejas que trabajan y que no trabajan.

Concluye el IVIE que "las diferencias por género en el tiempo dedicado al trabajo remunerado y a las actividades no remuneradas implican que conciliar la vida laboral y personal es mucho más exigente para las mujeres, en comparación con sus compañeros. Teniendo en cuenta estos usos del tiempos previos a la pandemia, se puede concluir que la presión para conciliar durante el COVID-19 es mayor para las mujeres, que son las que soportan en mayor medida la atención a los escolares, ahora confinados en los hogares".

Sesgo de género en el teletrabajo

Además, añade el estudio del Instituto Valenciano, el peso de hombres y mujeres es diferente por ramas de actividad y por ocupaciones, y por esta razón el teletrabajo tiene también un sesgo de género. El 25% de las mujeres se centra en sectores productivos con elevadas posibilidades de teletrabajar, como la educación y el sector de actividades sanitarias y servicios sociales, que tienen una posibilidad de teletrabajo del 52% y 31%, respectivamente; mientras que el 27% de los hombres se concentra en sectores que tienen un menor potencial de teletrabajo, como la industria manufacturera (15,5%) y la construcción (11%). Es decir, las mujeres tienen más peso en el teletrabajo durante el confinamiento, cuando los menores a cargo también están en casa.

Y alerta de un problema: "La situación en la cual se encuentra actualmente el sistema educativo y las grandes incógnitas sobre las condiciones en las cuales se podrá retomar la actividad en septiembre pueden complicar todavía más las necesidades de conciliación. La prolongación en el tiempo de estas necesidades puede provocar consecuencias relevantes, tanto a escala laboral, como familiar y de salud de las mujeres", explican los autores del informe.

En opinión de los investigadores la gravedad de la situación puede constituir una oportunidad para redistribuir las cargas de trabajo doméstico entre hombres y mujeres. Además, las empresas y la Administración tendrían que fomentar la racionalización de los horarios, la reducción de la jornada laboral, la concentración de días habilidosos o el reparto del trabajo. Sin embargo, en este punto, alertan del riesgo que representa que el trabajo a tiempo parcial se concentre en exclusiva sobre las mujeres.

Por otro lado, el documento insiste en la necesidad de potenciar la economía de los cuidados profesionales, que se encuentra menos desarrollada que en otros países de nuestro entorno, puesto que sólo representa un 0,8% del PIB, la mitad que en Reino Unido o Alemania y la tercera parte que en Holanda, Bélgica, Dinamarca o Suecia.

Finalmente, los autores recuerdan que, mientras no se produzca la reanudación de la actividad del sistema educativo, habrá que establecer planes de contingencia, desarrollando la economía de los cuidados, para no dejar la atención de menores al cuidado de abuelos, otros familiares o padres y madres teletrebajadores, ni obligar las familias a buscar con sus propios medios a cuidadores de emergencia.

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