Festivales y territorio, mucho más que un amor de verano

Las citas musicales han invadido la geografía catalana durante los últimos cuatro meses, con propuestas como el Primavera Sound y el Sónar, que generan un impacto económico que bordea los 100 millones de euros

Solo y música son dos elementos inseparables. Ya sea por los que recuerdan la canción de cada verano desde el año '82, por los que asocian una melodía a su amor de temporada o por los que se pasan las vacaciones de festival en festival. Este fin de semana arrancan las Fiestas de la Merced y, con ellas, los festivales Barcelona Acción Musical (BAM) y Mercè Música, como un último suspiro que ha sido un verano que no será más que un recuerdo un golpe troni el último petardo del piromusical. Las citas musicales estivales han pasado de ser anecdóticas a llenar el calendario durante más de cuatro meses. Citas que cuentan con el apoyo del público y, en muchos casos, de las instituciones, que valoran el impacto económico y la proyección en imagen que supone acoger estos acontecimientos.

El SOS 4.8 de Murcia supone el pistoletazo de salida de la temporada de festivales de verano en España. En los últimos años, la cita ha atraído artistas internacionales como Morrissey, The Libertines, Manic Street Preachers, The Prodigy o Pedo Shop Boys, entre otros muchos, y fue una de las primeras a estudiar y comunicar sus datos de impacto económico sobre el territorio. Según los datos de la Consejería de Cultura de la comunidad, en su edición del 2016, el festival atrajo 60.000 personas, con una repercusión sobre la región de 10 millones de euros.

Y sobre quien repercuten estos 10 millones de euros? "La mayor parte del impacto es indirecto; durante los días que dura un festival, el público gasta mucho más en alojamientos, restaurantes, comercios, taxis y servicios de la ciudad y de su entorno que no dentro del recinto", explica Albert Salmerón, responsable de la programación musical del festival murciano hasta el 2015, vocal de la junta de la Asociación de Promotoras Musicales (APM) y que ahora, desde Glaciar Music, promueve citas como la Utopía de Madrid o el FIZ de Zaragoza. El promotor también destaca la creación de puestos de trabajo que supone un acontecimiento así, gracias a cada día de montaje, carga de material, transporte interno y creación de servicios. "Un festival es un acontecimiento cultural, pero a la vez se genera toda una industria de gran pes al suyo cercando".

El SOS Murcia no es el único festival que publica sus cifras de impacto. Con más de 102.000 espectadores, el Bilbao BBK Live ha cifrado la repercusión económica de su última edición en 19,4 millones de euros, mientras que los últimos resultados proporcionados por los gigantes barceloneses, como lo son el Primavera Sound y el Sónar, se sitúan a los 95 y a los 124 millones de euros respectivamente. Un volumen de negocio que ha acercado a las instituciones, cada vez más receptivas a acoger este tipo de acontecimientos multitudinarios. A pesar de advertir que "no hay un comportamiento común entre los organismos públicos en Cataluña", Salmerón sí que percibe una mejor predisposición, que atribuye a un evidente beneficio. "Para involucrarse en montajes así los ayuntamientos esperan regresos, y están más predispuestos a hacerlo cuando ven que en la ciudad del lado se los está funcionando".

Vinculación con el territorio
Una de las críticas recurrentes a los festivales y a su impacto sobre el territorio es la percepción que el acontecimiento se instala por unos pocos días, cambia la dinámica de la ciudad, y marcha sin más. La tendencia, pero está cambiante. "Los festivales no dejan de ser una marca y crear un calendario continuado durante el año favorece el crecimiento y la vinculación con la región", asegura Salmerón.

Iniciativas como el Primavera a los Bares, concursos de bandas emergentes como el TALENTOSOS y proyectos para confirmar como el futuro laboratorio permanente del Sónar en La Hospitalet van en este sentido. "Se trata de acciones con un impacto más pequeño, pero que alargan la presencia del festival y fortalecen la marca. De hecho, muchas citas acaban exportando su propuesta para hacer nuevos festivales en otras zonas con el mismo naming".

Festivales y turismo
Una de las zonas que más ha crecido en su programación de festivales de música ha sido Barcelona y su área metropolitana. Un crecimiento que ha ido en paralelo a la explosión de la ciudad como destino turístico de primer orden, y las consecuencias de estos dos fenómenos ha sido evidente. El Primavera Sound hace años que bordea el 50% de público extranjero, con visitantes de 124 nacionalidades diferentes, mientras que los espectadores foráneos del Sónar 2016 supusieron el 53% del total del aforo.

Salmerón destaca el "buen trabajo de promoción y posicionamiento que estos festivales han echado", pero también vincula su éxito con el vínculo a la ciudad. "El turista joven de Europa ve Barcelona como un destino abierto, moderno, divertido y con una gran actividad cultural a precios más que razonables. Si a esto unes el factor clima, playa y comunicación notable con el resto del continente la fórmula es muy potente".

Los dos festivales referentes de Barcelona no han sido los únicos que han crecido en número de visitantes extranjeros. Otros muchos con menos nombre han podido sobrevivir gracias al binomio música y turismo. La consistencia de estos proyectos con marcas más débiles, pero, está para ver. "El problema cuando creces con público de fuera y no tienes un nombre potente es que, del mismo modo que hoy tienes el público a tu festival de la costa del Levante, mañana lo puedes tener en propuestas similares en Croacia. En cambio, la atracción de una base potente de público del entorno más cercano garantiza una fidelización que puede alargar la vida del proyecto", argumenta el promotor.
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