Orden + contraorden = desorden

Manual de cómo dar órdenes con Le Petit Prince, Follet y Barnard

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Llega a ser curioso que un Gobierno del Estado que no lo piensa mucho en sacar el ejército a la calle para hacer cosas que no tienen que ver con ninguna de las funciones que el ejército tiene, ejerzan el poder con ignorancia de las más elementales normas de mando que los militares suelen saber muy bien. A uno le puede caer mejor o peor el ejército, y hay militares listos y otros que no lo son tanto, pero lo que es indudable es que una cierta sabiduría en el oficio de mandar, como grupo humano, la tienen. Quizás porque hemos tenido la fortuna de haber coincidido en IESE con un colega militar, que vale la pena decirlo, se sabe muy bien algunos principios fundamentales, y que precisamente ha sido fuente durante años de diálogos sobre "mandar", con una buena dosis de sentido del humor, hace que creemos que la manera como el Gobierno del Estado está manejando todo el tema del covid-19 plantea serias deficiencias.

"No des nunca una orden que no vas a poder comprobar si se ha cumplido"

Un primer principio de nuestro colega es que "no des nunca una orden que no vas a poder comprobar si se ha cumplido". La razón es bastante obvia: te desautorizas a tí mismo. Si quien recibe la orden sabe que no se podrá comprobar el cumplimiento, sólo hará caso si le parece que vale la pena la orden en sí; y si no, se la rifarà. Y si se la rifa, esto sólo será el principio de rifarse más y más órdenes.

Mirando el desconfinamiento, este principio recibe tantas violaciones como queráis. Se puede salir a pasear, pero sólo una hora; si se ha salido por la mañana, no se puede salir por la tarde; además de salir a pasear, se puede salir también a tirar basura o a comprar comida; no se puede ir a más de un kilómetro de casa y sin querer ser exhaustivos, no se puede cruzar el límite de la provincia. Bien, este último de la provincia se puede comprobar parcialmente: si la cruzas en coche por una carretera transitada, y justo un coche de la policía te para y comprueba de dónde eres, te han enganchado. No estamos diciendo si la norma es absurda o no, sólo si se puede comprobar el cumplimiento. Ahora bien, si vives, en Rupit y te vas andando derecho hacia Sant Feliu de Pallerols, puedes hacer más de un kilómetro, cruzar el límite de provincia, y nadie lo sabrá. O, sólo lo sabrán por casualidad. O puedes vivir en la Gran Vía, andar durante dos horas por l'Eixample yendo a dos kilómetros de distancia, y tampoco nadie lo sabrá. O, si me decís que toda la gente que había sábado en la Carretera de les Aigües vivían a menos de un kilómetro de la carretera y han paseado menos de una hora, no nos lo creeremos. Todas estas órdenes, pues, y algunas más que nos dejamos, son una barbaridad.

Un segundo principio, era este: "orden + contraorden = desorden". En algún momento se ha dicho que podían salir a pasear tres niños con un solo adulto. No dos. A ver, un matrimonio que tenga tres hijos, qué tiene que hacer? Salir sólo uno de los padres con los tres y el otro quedarse en casa? Salir uno de los padres con dos niños y el otro, con el niño restante, diez metros más allá? Es de un ridículo que asusta. Pero parece que después han rectificado. No estamos seguros, nos lo han dicho padres que se encuentran en este caso. Pero precisamente, nadie está seguro. Hemos podido ver en la web discusiones sobre si se podía o no se podía hacer.

Tercer principio, ligado con el primero, "las órdenes deben ser claras"; sino, será como la orden más contraorden, que todo el mundo lo entenderá de una manera diferente.

"Junto con las órdenes tienes que dar siempre las razones por las que las das"

Por ejemplo, si hay un abuelo que vive con los hijos, va con silla de ruedas, está muy jodido, y el hijo/a y cónyuge no son del primer voladizo y tienen trabajo para empujar la silla, pueden salir los dos juntos con él? Cuántas personas pueden salir con él? Un nieto, además?

Nos hartaríamos de poner ejemplos de la violación de los tres principios. De hecho en las redes sociales, han circulado chistes en el sentido que si en un examen de selectividad pusieran "Explicar las reglas del desconfinamiento", querría decir que quieren suspender a diestro y siniestro.

Hay más principios como estos, pero por hoy lo dejamos aquí. Y es que esto nos hace recordar dos cosas respecto a mandar. La primera es el ejemplo del Rey de "Le Petit Prince", que daba la orden al Sol que saliera a las 6 de la mañana, y no quería darle la que saliera a las 3 de la tarde porque "no sería razonable, el Sol no me haría caso, y tendría razón de no hacérmelo".

La segunda, que algunos de los clásicos de la dirección de empresas, y, en concreto Follet y Barnard, ya decían como se tenía que hacer para dar órdenes hará casi un siglo, y parecemos no haberlo aprendido demasiado desde entonces.

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Follet, en el año 33 del siglo pasado, decía que, junto con las órdenes tienes que dar siempre las razones por las que las das, y que si bien se puede decir que esto tomará tiempo hacerlo entender, es un tiempo muy muy utilizado. Y añadía también que tienes que hacer ver a quien das las órdenes aquello que ella decía "la ley de la situación", que quiere decir que lo que haces y pides que hagan puede no gustar, pero, posiblemente "la situación" hace que no haya alternativa.

Barnard, cinco años más tarde, decía que para que una orden se aceptara hacían falta cuatro condiciones. La primera, que se comunicara bien y que los afectados lo entendieran. La segunda, que el ordenado fuera capaz de hacer lo que se le ordena. La tercero, que el ordenado piense que aquello que se le manda es bueno por él mismo; y que, si no lo es, sea una excepción con buenos motivos. Y finalmente la cuarta, que piense que aquello que se manda es bueno por la empresa.

Es decir, quien da órdenes, raso y corto, tiene que tener autoridad moral. Haríamos bien de volver a leer a estos autores y ponerlos en práctica. A las empresas, en los gobiernos y a cualquier otro tipo de organizaciones. De hecho, la misma Follet fue quizás la primera pensadora en dirección que se dio cuenta de que el management era el mismo para todas las organizaciones, públicas, privadas, lucrativas, no lucrativas y del tipo que sea. Y, añadimos nosotros, es para non-dummies.

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