Vichy Catalan, el agua que se vendía a la farmacia

La corporación catalana suma 135 años de innovación constante para ofrecer un producto saludable y adaptado a las necesidades de los nuevos consumidores

"El agua no es simplemente agua. Tiene color, olor y sabor". Es una idea que va mucho en contra del que desde pequeños nos han enseñado, pero si lo dice una persona como en Joan Renart, CEO de Vichy Catalan, quizás hay que escucharlo. Él es la cuarta generación del grupo corporativo que trae el mismo nombre, por el que sabe de primera mano qué es hacer una cata de aguas y ser capaz de identificar características organolèptiques diferentes entre ellas.

Se encuentra al frente del grupo desde el año 2006, un conglomerado empresarial con cerca de 500 trabajadores y 12 marcas diferentes con presencia a todo el mercado español y a los cinco continentes. Vichy Catalan es su buque insignia, pero Fuente de Oro, Mondáriz y Monte Pinos tienen también un segmento de clientes fidelitzats. De hecho, la compañía cuenta con ocho plantas de embotellamiento, pero son estos cuatro las más activas; de donde sale la mayor parte de los más de 500 millones de botellas que distribuyen anualmente.

A la empresa se la conoce para comercializar una agua carbonatada con propiedades especiales, pero también por su innovación en el diseño y el formato de los envases, y en la introducción de nuevos productos. Una filosofía que encaja con las necesidades de un mercado cada vez más cambiante y que mantiene el espíritu de su fundador: escuchar el cliente.

Una agua con propiedades saludables
La curiosidad del médico y homeòpata Modesto Furest es la 'culpable' del descubrimiento de las propiedades de los manantiales de Caldes de Malavella (La Selva). "Estudió a fondo qué minerales traía", explica Renart, "y se dio cuenta que era una agua buena para la salud".

El 1881 adquirió las propiedades que comprendían los brolladors de agua termal, a pesar de que no fue hasta nuevo años después de que salieron las primeras botellas de Vichy Catalan. Posteriormente, el junio de 1898, abrió las puertas el balneary. Las instalaciones reciben hoy en día borde 40.000 visitantes, los cuales buscan alojarse en el hotel, comer al restaurante o disfrutar de los servicios termales. Sin embargo, el CEO reconoce que es una cifra baja en comparación con el renombre de la marca como bebida: "La gente viene más porque conoce el producto que no el balneario. Hay gente que se sorprende al saber que tenemos uno". Por eso, cree que una asignatura pendiente es la promoción del espacio.

El detalle curioso de la historia que define la marca es que, igual que la Coca-cola, los primeros envases de Vichy Catalan se venían a la farmacia porque, como recuerda, "para el Doctor Furest era una agua medicinal". El éxito recogido impulsa a los años 60 la automatización de la embotelladora con un tren de lavar, llenar, tapar y etiquetar pionero al sector que los permite incrementar la producción y alcanzar la demanda.

Antigua planta de Vichy Catalan. Cedida


La adquisición de nuevas marcas por parte del negocio llega a la década de los 80. Es la estrategia elegida para iniciar la expansión y entrar al mercado de las aguas minerales naturales, es decir, aguas sin gas. Las gerundenses Malavella, Font de Oro, Las Cruces y Fuente de Regàs fueron las primeras a formar parte del Grupo Vichy Catalan, una corporación que seguirá creciendo hasta integrar las 12 marcas que la conforman actualmente. "La estrategia no sólo permitió entrar con las aguas, también en el sector de los zumos y los refrescos", añade Renart para justificar la política de expansión de la compañía.

Y es que el grupo hoy en día también comercializa refrescos, zumos, tónicas, bebidas isotónicas y vinos. Eso sí, el producto estrella, afirma, "es el Vichy Catalan de siempre". "El resto de productos tienen un crecimiento del 8%, hemos tenido buena aceptación", continúa; "siempre recordamos que nuestros refrescos y aguas son sin azúcar porque hemos querido continuar los pasos del Doctor Furest con el bienestar y la salud".

Innovación constante
De Vichy Catalan se conocen múltiples formatos y diseños. El más reciente, la botella con el quebradizo de Gaudí. Puede ser de vidrio y con tapón de chapa, o bien al completo de plástico, y en medidas que contienen desde 250 mililitros hasta 1,2 litros. Pero quizás hay un detalle que al cliente le ha pasado por alto: todo es material que se puede reciclar. "Nosotros siempre hemos utilizado botellas reutilizables, somos de las pocas empresas que apoya a la ecología", un detalle que permite a Renart sacar pecho, pero que a continuación matiza que es también "más económico".

Detrás de todo esto, pero, también hay un cambio de hábitos: "Nuestros consumidores hacen otras actividades y necesitan formatos diferentes. Si uno va en bici, llevarse una botella de vidrio no es cómodo, por eso salió el envase de plástico o la lata". Y es que en cuestión de utilidad, la tapa de las latas es uno de los inventos que más llamó la atención en su momento. "Inicialmente era porque no se desbravara, para poder disfrutar de la bebida más tarde, pero hemos ido viendo como el consumidor ha sido creativo y le ha dado otros usos después", comenta el director ejecutivo.

Formato especial por los 135 años de la empresa. Cedida


Todo son pasas para situarse por ante la competencia y para captar nuevos consumidores. Especialmente para atraer un cliente más joven, puesto que es este segmento el que tiene que permitir que la marca subsista. "En este sentido hemos apostado por las aguas saboritzades y refrescos, pero siempre sin azúcar, porque hemos visto que las tendencias van por aquí", señala. "Nos permiten tener un crecimiento importante y sabemos que la gente joven percibe la marca de otro modo".

A pesar de que finos hace unos años el agua de Vichy Catalan era un producto más arraigado a la restauración, con el tiempo ha conseguido entrar a casa del cliente, que es donde inicialmente su fundador quería que se consumiera. Gracias a esto, los beneficios obtenidos con los restaurantes y hoteles y el consumidor son homogéneos, "representan la mitad cada uno en el segmento de la distribución", concreta.

Exportar agua de calidad
A pesar de que la internacionalización empezó hace cerca de 15 años y que ya venden sus productos a una cincuentena de países, la exportación es un pilar que Renart quiere fortalecer. "La venta al exterior pesa poco en casa nuestra, vendemos en cantidades pequeñas", puntualiza, pero remarca que no hay nada que los ilusione más que ver como los clientes de fuera "vuelven a repetir".

Preguntado por qué países tienen más pes, Renart responde que todo es muy "homogéneo" porque "dar a conocer la cultura del agua no es fácil en ninguna parte". "Atacamos la restauración y la gran distribución a la vez, pero al final depende de la persona que nos encontramos, que es quienes conoce el mercado y sabe donde podemos funcionar mejor", concluye.

De cara a 2017, el objetivo es hacer crecer el peso de la internacionalización. Asegura que el incremento actual se sitúa entre el 10 y el 20%, pero confían que el aumento del consumo de agua con gas los ayude a ganar presencia al exterior. Y, por supuesto, prevén seguir creciente y superar los 112 millones de euros de facturación de este 2016 en el conjunto del grupo, el cual basa su actividad en la comercialización y embotellamiento, la distribución y el hotel-balneario.

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