Hablar catalán para vender más

A pesar de ser un mercado de casi 10 millones de hablantes, todavía son muchas las empresas que se resisten a utilizar el catalán y no lo aprovechan para ser más cerca de los consumidores

Sólo el 10% de los productos de fabricante distribuidos en Cataluña son etiquetados al menos en catalán. De hecho, empresas como Coca-cola etiquetan en islandés (300.000 hablantes), pero no lo hacen en una lengua de 10 millones de hablantes como el catalán. Y en campos como el de la aviación, una tercera parte de las compañías que operan habitualmente a nuestro país lo ignoran totalmente y, como Transavia, incluso lo reconocen sin tapujos en las redes sociales. Estas sólo son algunas de los datos del InformeCAT 2015 elaborado por la Plataforma por la Lengua, donde reúnen 50 datos sobre el catalán.

De vez en cuando, las reivindicaciones de los usuarios afectan de pleno la reputación de empresas como Transavia. Los consumidores más sensibilizados con la cuestión de la lengua hacen campaña a favor de empresas más comprometidas; pero todo ello no deja de ser una situación anómala para un mercado bastante potente en términos cuantitativos y cualitativos que ya tendría que haber superado este debate.



Bernat Gasull, responsable del área de empresa de la Plataforma, lamenta a VIAempresa que "no hay ninguna comunidad lingüística en Europa de las dimensiones del catalán que esté tan desprotegida, o con una normativa tan desfavorable". Evidentemente, esto tiene implicaciones en el campo empresarial puesto que el marco lingüístico "está muy regulado y el Estado español interviene mucho y pone muchos impedimentos". A pesar de todo, Gasull destaca que "hay empresas responsables con el uso del catalán, pero la normativa y su aplicación no está de su favor". Además, quiere ver el vaso medio pleno cuando señala que "tampoco hay ningún caso que con una normativa tan mala tenga tanta presencia de la lengua propia en el mundo de la empresa".

De hecho, la Encuesta de Usos Lingüísticos de 2013 en Cataluña ponía de manifiesto que el catalán es la lengua más utilizada a los centros de trabajo de nuestro país. El 45,5% de la población ocupada declara que la lengua más frecuente de su puesto de trabajo es el catalán, por ante el castellano (42,4%); mientras que en un 8,2% de los casos la situación es equivalente en las dos lenguas.

El catalán, herramienta de proximidad
Así pues, las cifras muestran el potencial del catalán como una buena herramienta para ser más cerca de los consumidores. Gasull insiste en el hecho que "somos un mercado potente, con 10 millones de hablantes y que económicamente es comparable al rumano o al búlgaro a pesar de que ellos tengan más hablantes". Por lo tanto, "no somos una lengua minoritaria, que es uno de los problemas que tienen a veces las empresas y dónde sí que hay un problema de responsabilidad".

Por el responsable de Plataforma por la Lengua, hay tres ejes de responsabilidad de las empresas a la hora de emplear el catalán: el social, el de mercado y para ser escrupulosos con la ley. "Desgraciadamente no todas las empresas lo hacen", indica. Este contexto permite a las empresas que sí que se comprometen con la lengua catalana hacer bandera y mostrarse más cercanas al consumidor en un tema tan sensible. La actitud sin complejos de Moritz o Buen Precio es un ejemplo. Pero Gasull también apunta a casos como el de la holandesa Booking, que ha entendido el potencial del mercado catalán, por ante TripAdvisor. Esta, en cambio, "es muy reticente y ni permite poner en catalán los comentarios", lamenta.

Para hacer entender las bondades del uso del catalán a la empresa y facilitarlo, la misma Plataforma por la Lengua pone a su servicio el portal El Catalán a la empresa. Aquí las empresas pueden encontrar herramientas y recursos para proceder con buenas prácticas lingüísticas.

Las trabas legales
Justamente en el campo legal, "hay 340 disposiciones que obligan el uso del castellano y restringen el del catalán en el mundo de la empresa", denuncian desde la Plataforma por la Lengua. Esto quiere decir que "la empresa está obligada en el uso del castellano; y por el catalán se hizo la ley del código de consumo, pero todavía no se ha aplicado. Por lo tanto, las empresas que son responsables y que intentan aplicar los criterios europeos de comunidades lingüísticas parecidas no tienen ningún beneficio en este aspecto. Al contrario, se están beneficiando las que están incumpliendo la ley catalana".

De hecho, Gasull advierte que "no hay ningún caso en Europa de una lengua de la vitalidad del catalán que tenga una presión tan fuerte de obligación de las empresas de uso de otra lengua". Ya sea en el registro de patentes y marcas, solicitudes, la obligación de una lengua para ejercer una profesión, el etiquetado o las instrucciones. "Las obligaciones son únicamente por el castellano", dice Gasull.

Con este panorama, es lógico que las empresas se tomen muy seriamente estas obligaciones "porque la legislación tiene un estado detrás". En cambio, las legislaciones del catalán "tienen poca fortaleza y poca credibilidad por parte de las empresas". Ahora bien, el responsable de Plataforma por la Lengua asegura que "la mayoría de empresas catalanas que tienen mucha relación con el cliente, como que son muy cercanas y es un mercado bastante potente que interesa, tienden a usar el catalán".

Pasa el mismo con las grandes multinacionales. "Normalmente, los impedimentos no vienen de las grandes multinacionales, sino del intermediario español", advierte Bernat Gasull. "Nos pasa a menudo ir a una empresa y que reconozcan que tienen una política lingüística que no concuerda con el mercado catalán. Y cuando se traslada a la sede española es cuando aparecen los impedimentos", relata. Sea como fuere, "las empresas más modernas, más responsables y multinacionales de nuevas tecnologías donde no está tan preparada la imposición legislativa del castellano, es donde el catalán avanza más". Como ejemplos, Google o Apple hacen un uso bastante normalizado del catalán.

Un código de consumo que no se aplica
"Cuando se hizo el código de consumo se inspiró mucho en el código francés y neerlandés. Las cuestiones de lengua, pero, son las únicas que no se copiaron", lamenta Gasull. Sea como fuere, señala que "el problema es que no se ha aplicado". A pesar de estar establecido el tema del etiquetado, los contratos y facturas y la disponibilidad lingüística, "no se ha podido aplicar por culpa de la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatuto, que interpreta que no puede existir por el catalán pero sí por el castellano".

En cuanto al etiquetado, Gasull denuncia que "no ha habido voluntad de aplicar el código de consumo por parte de la administración catalana. La Generalitat no quiere aplicar la ley, no está tramitando las denuncias según el que dice la ley".

El Síndico de Agravios dio la razón a la Plataforma por la Lengua en esta denuncia que Gasull enmarca en "un contexto de una presión muy fuerte contra la lengua catalana donde la Generalitat no tiene ganas de abrir más frentes".

El responsable de Plataforma por la Lengua recuerda que "todas las lenguas oficiales de la Unión Europea, aunque sean más pequeñas que el catalán, tienen el etiquetado obligatorio". Este es sin duda un escollo básico para el catalán. Un ejemplo manifiesto de como una cuestión política se interpone en las decisiones que serían lógicas por mercado y economía.

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