Profesor de Esade y decano asociado del programa Executive MBA

A 130 años de los líderes

18 de Enero de 2016
Xavier Ferràs
Al ritmo que ha crecido la inversión en R D/PIB en la última década, Cataluña tardaría unos 130 años a llegar a los niveles de los líderes mundiales (Corea del Sur, Finlandia o Israel). Tardaríamos 65 años a cumplir los objetivos europeos previstos por el 2020, y 20 años para llegar a la media actual europea (2% de inversión en R D/PIB).

La China, que ya invierte también el 2% de su PIB en R D, está ya 20 años delante nuestro. Nuestra economía pierde progresivamente intensidad tecnológica mientras el resto del mundo se acelera. No vale a badar, la situación es grave. No nos engañamos. Alguien dirá que esto no es trascendente, que en Cataluña surgen empresas innovadoras (y es cierto), que nuestra economía exporta (y es cierto), y que crecemos (y también es cierto). Pero sólo hay que mirar los niveles salariales y la tipología de ocupación mileurista que se está generando para ver que algo no va bien.

No actuamos como sistema innovador. El capital tecnológico de un país es determinante para incrementar su productividad. La tecnología genera fuertes barreras de entrada a la competencia, negocios más sólidos, mejores márgenes empresariales, salarios más dignos, regreso en forma de impuestos, y sustenta las bases del Estado del Bienestar. Un modelo de país como el que desearíamos tendría que invertir sistemáticamente en R D, tener una elevada concentración de investigadores, generar ciencia de excelencia, patentar y convertir las invenciones en innovaciones, hacer nacer y crecer jóvenes start-ups de base tecnológica, disponer de sectores de alta tecnología con pes creciente, y atraer inversión extranjera basada en conocimiento. Y no es tan difícil conseguirlo.

Los que nos hemos dedicado y hemos investigado sobre el tema, sabemos que el coste de convertir un país en un hub tecnológico internacional es sólo incremental. Hace falta concierto, compromiso, estrategia, estabilidad y (algunos) recursos (no demasiado). Vejam: actualmente, la economía catalana destina aproximadamente unos 3.000 millones de euros anuales a R D. Esto es claramente insuficiente (significa un 1,47% de su PIB). Europa insta en los estados miembros a llegar al 3% de inversión en R D, lo cual supone (en Cataluña) doblar la inversión, llegando a 6.000 millones de euros anuales. Es decir, tenemos que ser capaces de inyectar 3.000 millones de euros adicionales de inversión en tecnología.

Tenemos un déficit tecnológico de 3.000 millones de euros anuales. Cómo lo cubriremos? Podemos esperar que, espontáneamente, el conjunto de empresas catalanas, de repente, decidan doblar la inversión en R D. Pero esto no pasará. Con cuyo objeto, los gobiernos disponen presupuestos para estimular la investigación y el desarrollo empresarial. Las buenas prácticas internacionales, y los modelos que funcionan, lo hacen con fórmulas de multiplicación 1:3. Cada euro público se destina a proyectos tecnológicos transformadores, de interés industrial, de forma que movilizan dos euros adicionales de fondos privados. Si esto es así, para cubrir el déficit tecnológico de 3.000 millones de euros, sólo haría falta un esfuerzo público de 1.000 millones de euros anuales. Y es mucho, esto?

Si tenemos en cuenta que el presupuesto de la Generalitat es de unos 25.000 millones de euros, vemos que (aparentemente), el esfuerzo es sólo incremental (un 4% del presupuesto de la Generalitat!). Evidentemente, esto supone renunciar a otros gastos, replantear estructuras de costes, y hacer otros sacrificios. Pero, si somos capaces de diseñar una agenda estratégica (en este sentido, la propuesta de la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP)- de Agenda Estratégica por la Innovación es un excelente ejercicio) y hacer este esfuerzo incremental, en pocos años realmente nuestro tejido productivo empezará a asemejarse al alemán, finés, japonés o surcoreano. Si lo hacemos, dejaremos de ver el paro como una variable estadística sin control. Y tendremos un país solvente y competitivo, como el que todos desearíamos.