El poder real a menudo comporta mucha soledat; es la soledad del corredor de fondo, de quien decide por si mismo y no infrecuentemente por sí solo. A él le llega la auténtica verdad de sus decisiones, que repercutirán sobre los otros. Esta es la cruz de los grandes banqueros, de los gobernantes, de los empresarios de cabecera en economía productiva. Por lo tanto, nada que ver con el pequeño empresario o el autónomo, que sufren las consecuencias de la incomprensión, la carencia de financiación bancaria y las angustias, a veces, familiares.
Su economía es su hacienda, su sueldo su trabajo, la manera de financiarse, sus ahorros. El caso al cual me refiero no es este, sino el del gran patrón, del cual cuelgan miles de familias, miles de puestos de trabajo, miles de decisiones que, si yerran, acaban teniendo consecuencias en cadena, o provocando un terremoto en una serie de empresas filiales o subsidiarias. Así han muerte décimas de miles de empresas en la crisis que desde 2008 todavía soportamos.
La mayoría de ellas han desaparecido irremisiblemente, destrozando un tejido industrial definitivamente irreparable y costosísimo. Sin embargo, no siempre hay que atribuir las causas a los desaciertos de los propios empresarios. Una parte sustancial de las causas es la política y los políticos; en este caso, probablemente, la peor clase política que ha soportado este país desde 1975. Dique políticos, no me refiero en el Gobierno, pues difícil es empeorar el que consiguió el obtuso ciego de la crisis, José Luís Rodríguez Zapatero.
En medio de esta lamentable mediocridad, algunas figuras empresariales han sobresalido mucho por encima de la clase política: dos de ellos, Botín e Isidoro Álvarez, acaban de morir. Dos pérdidas determinantes que, está para ver, puedan ser sustituidas a idéntico nivel. Tengo mis dudas; no siempre la sangre es la mejor garantía de la continuidad. Una cosa que los norteamericanos descubrieron un siglo atrás, y, gracias a esto, las empresas familiares disponen de códigos de conducta para regirse en coyunturas de tránsito y de gestión al máximo nivel. La Ford, por ejemplo, ha tenido un salto de dos generaciones hasta que otro Ford, descendente del fundador, volviera a ocupar la silla presidencial.
La historia empresarial de Cataluña rellenada de fracasos en este sentido, con la tópica pesadilla de la tercera generación.
El banquero preocupado A nadie le complace ser testigo de una coyuntura, económicamente tan arriesgada como esta para la economía catalana, que supone casi el 20% del PIB español, y, probablemente, mucho más en su aportación a la demasiada fiscal del Estado. Los catalanes tradicionalmente pagaron sus impuestos con responsabilidad y rigor, no así otros comunidades autónomas tradicionalmente deficitarias y menos industrializadas, donde la economía B, o sumergida, escamoteó a menudo sus deberes fiscales.
Una cierta injusticia de trato por parte del Estado fijó siempre los ojos -y sus inspecciones- en Cataluña, para considerar que existían razones, dada su capacidad probada enlaeconomía productiva, mucho más consistente que la simplemente especulativa. El problema nace cuando se da una sobrecarga fiscal -4 o 5 puntos más en determinados impuestos o tributos- que en otras regiones y comunidades españolas. Aquí aparece el agravio comparativo, políticamente injustificable.
Euskadi y Navarra son un privilegio, difícilmente asumible en esta hora del desafío catalán, que está sembrando la inquietud en España y el desasosiego en esta parte del Ebro. Precisamente esta semana pude constatar la desazón de un importante banquero. Fue una conversación serena y muy reflexionada, con un horizonte de nubes que planen sobre las empresas de Cataluña , se diga el que se diga; o mejor dicho, se silencie el que se silencie, pues vivimos un clímax de exaltación emocional sin precedentes, ni medida, mientras las empresas catalanas empiezan a percibir los efectos de esta neurosis, catalana y española, producto de una excitación política sin precedentes.
Creo que los políticos no dan la talla ante la gravedad de sus consecuencias. Quienes primero soportarán las derivaciones de sus decisiones serán las empresas, los bancos y los empresarios de Cataluña, por más que quieran callar, por su inconveniencia, o para considerarlo políticamente incorrecto. Y de la "incorrección política" nacen las grandes ideas y soluciones, de igual manera que del atrevimiento y el riesgo se derivan las más brillantes y sorpresivas iniciativas empresariales: Microsoft, Apple, Zara...
En este punto, mi banquero se dolía de la ausencia de pluralidad en el debate de la opinión pública y de la carencia de criterio en cuanto a las consecuencias de los hechos que se están produciendo.
Linde alerta La reciente conferencia del Gobernador del Banco de España en el Congreso de Diputados, Luís de Linde, ha puesto sobre aviso a la opinión no sólo política: la economía está vinculada al euro, una economía independiente por secesión de un país, perdería suyo vínculo y su tutela con el euro, aunque sea subsidiaria.
Una cosa que terroritza a Caja Bank y Sabadell que avisaron que podrían deslocalitzar sus instituciones, situando las suyas suyos sociales en otro lugar de España. Esta opinión consta ya en informes de instituciones financieras internacionales, como el banco de inversiones suizo UBS en un documento datado el 12 de septiembre, titulado "Atentos en Cataluña".
Y no sólo Bloomberg muestra inquietud por cómo se están haciendo las cosas, también The Financial Times estaría preparando un documentado reportaje sobre la cuestión catalana. El Gobernador del Banco de España, en una comparecencia sorpresiva al Congreso de los Diputados esta misma semana, ha subrayado que la solución "no vale con el cambio de sede" de las entidades financieras, puesto que según Linde- "no sería una solución real ", cuando menos a corto plazo.
El controlador de los bancos españoles llegó más lejos: "Si un país se separa, manifestó en su intervención, de otro que es miembro de la UE, dejará automáticamente de ser miembro de la Unión monetaria, y sus bancos dejarán de tener acceso a la liquidez del Banco Central Europeo (BCE) ". Según el Gobernador del Banco de España, esto comportaría que "la seguridad de los depositantes seria muy diferente".
Palabras demasiado graves, quizás alarmantes. Pero el problema hoy de los empresarios catalanes es su silencio y la suya intranquilo · litat, más que la coyuntura económica. Este arriesgado "silencio de los corderos" que parece no querer entrar en el debate de fondo y en público. De aquí la gran preocupación de mi amigo banquero.
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