Teletreballar en temps límits | NNG
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Mi trabajo

Suerte que siempre hay quién te recuerda lo que es imprescindible, también en situaciones límite

Cuando abrimos la ventana, mi hijo empieza a aplaudir. Lo hace automáticamente, sea cuando sea. Y aplaude entusiasmado, como sólo se puede hacer cuando acabas de cumplir un año. Feliz, alegre y con ganas. Mi hija esta noche también ha tocado la flauta mientras el barrio de Patraix aplaudía, con el mismo entusiasmo que su hermano. Y esto, os aviso, se contagia. Ya pueden caer bombas, que sus aplausos suenan con más fuerza. Ensordecedores, como aquellos masclets que no hemos podido quemar estas No Fallas, pero que quemaremos. Y tanto que quemaremos.

Somos animales sociales, que decían. Y aprendemos por imitación, también se escucha. Dos cosas que estos días estamos probando. La primera ha quedado demostrada cuando estamos sufriendo el confinamiento como si viviéramos en una jaula. La segunda, no sé vosotros, a mí también me está funcionando y dando más de una lección. No sólo mi hijo está aprendiendo a andar estos días, sino que copia todo lo que hace ella y ella, a su vez, me copia a mí. Que la madre trabaja, ella también. Que la madre escribe en una libreta, ella también. Si la madre está contenta, ella más. Por lo tanto, como entenderéis, no estaré triste. Ni por un momento.

Este lunes el correo electrónico con el artículo diario de Susana Lluna advertía que lo había escrito "algo enfadada". Con el mundo, con la sociedad, ¿con lo que está pasando? Supongo que todo a la vez. Yo he recibido hace un rato un vídeo del Hospital La Fe de València donde los aplausos también van para mi tía, que va allí cada día a trabajar, y he pensado que no puedo enfadarme mucho. No puedo, cuando hay miles de personas, de buenas personas, que están haciendo lo imposible por salir de esta situación. Cosiendo mascarillas en casa, incluso, cómo ha hecho mi madre. No, no hablo del sistema, ni de los Gobiernos, ni de las administraciones ni de las patronales. Nunca he querido hacer opinión desde mi tribuna periodística y no fallaré a mi criterio ahora tampoco. A mí me gusta observar y narrar lo que veo. Y veo cosas positivas. Mucha mierda, sí, pero muchas cosas positivas.

Hoy había querido hacer caso a los gurús del teletrabajo y había repartido la jornada en bloques, porque soy del grupo de teletrebajadores que compagina cuidados y empleo. Y no sé por qué, pero hoy me ha dado más tiempo a escribir y ya tengo a los niños durmiendo. El trabajo está hecho, los aplausos dados y las videollamadas imprescindibles, hechas también.

Escribir y querer, este es mi trabajo. A veces se me olvida, suerte de mis hijos que me lo han venido a recordar.

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