La naranja valenciana en el tierra del campo a la localidad de Faura (Valencia) | RA
La naranja valenciana en el tierra del campo a la localidad de Faura (Valencia) | RA

Más allá de Suráfrica: los problemas estructurales de la naranja valenciana

El envejecimiento de los labriegos, el abandono de las tierras o las presiones de la gran industria hacen que los cítricos estén en la cuerda floja desde hace años

El sector de los cítricos valencianos está revolucionado en las últimas semanas por las imágenes de las naranjas pudriéndose por tierra y remanente, sin cosechar, en las ramas de los árboles. El sindicato agrario La Unión de Labriegos y Ganaderos estima unas pérdidas de 130 millones de euros. Las lluvias y un acuerdo desfavorable de la Unión Europea con Suráfrica son las causas directas, pero no hay que echar muy atrás en la hemeroteca para darse cuenta cuente que la naranja valenciana está en peligro de extinción desde hace años por la competencia extranjera, pero también por otros problemas estructurales. Qué pasa?

Envejecimiento de los labriegos y abandono de las tierras

En primer lugar, nos encontramos con un problema muy complejo y de difícil solución: el envejecimiento de los agricultores. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) estima que la edad mediana del campo valenciano está alrededor de los 60 años. Cuando mueren, las tierras pasan a los hijos, que ya se dedican a otros menesteres y abandonan las tierras.

El labriego y responsable del emprendida Elementos de Vila-real, Hèctor Molina, explica que son muchas las dificultades que disuaden a los jóvenes que quieren dedicarse al campo: es complicado acceder en las tierras y a los créditos, son muchas los gastos que tienen que afrontar y necesitan vender las naranjas a un precio mínimo de 50-60 céntimos el kilo "para sobrevivir". Esto, cuenta, es casi imposible cuando al lado hay labradores jubilados que, por costumbre y porque ya no viven de esto, venden la producción a 10 céntimos. "Están haciendo mucho mal a quien se quiere incorporar", denuncia.

El País Valenciano lidera la tasa de abandono de tierras al Estado español con más de 163.000 hectáreas

Molina añade que las ayudas de la administración no llegan a los más jóvenes: "El Plan de Desarrollo Rural 2016-2020 ha dado 247 millones de euros, de los cuales sólo 10 millones han llegado a jóvenes agricultores. Conozco muchos casos a los cuales se los han denegado ayudas que ya estaban aprobadas".

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Todo esto hace que el País Valenciano lidero la tasa de abandono de tierras al Estado español con más de 163.000 hectáreas, según los datos del Ministerio de Agricultura. Y los cítricos son de los más perjudicados: en los últimos cinco años han perdido más de 9.000 hectáreas.

La presión de la gran industria sobre los precios

Molina recuerda que el problema de las naranjas importadas que revientan precios no es nuevo: "En 2012 yo ya clamé contra unos cítricos de Uruguay que se venían en un Carrefour que estaba a menos de un kilómetro de distancia de los campos de unas amigas que estaban echando por tierra la cosecha de Navelines".

"Todos tenemos la responsabilidad que las naranjas se vendan por debajo de los costes de producción: desde los productores, hasta la gran industria y los consumidores, que compran un producto que no tendría que comprar", apunta.

"Ahora se busca el cítrico valenciano –continúa reflexionando-, pero es una compra ética? Creo que no. Si se compra al labriego a 10 céntimos el kilo, cuando el coste de producción establecido por el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) marca el doble, se está vendiendo por debajo. Entonces, creo que alguien está cometiendo una irregularidad en la cadena alimentaria".

Cristóbal Aguado (centre) AVA ASAJA en el balanç de 2018

Cristóbal Aguado (centre) AVA ASAJA en el balanç de 2018

El agricultor apunta como uno de los culpables al "gran comercio valenciano", con "gerentes valencianos" y que "tiene explotaciones y un gran negocio en Suráfrica". Uno de esos responsables, asegura, le enseñó " fotos de super-mega-fincas en Suráfrica".

De momento, ninguna ley estatal o europea prohíbe claramente vender a pérdidas, cosa que sí que se acaba de regular en Francia. En esta línea, el presidente de AVA, Cristóbal Aguado, ha pedido la creación de una "Agencia Europea de precios de coste" para trabajar en esa línea.

Un cooperativismo que no funciona

El castellonense Hèctor Molina también es muy crítico con el cooperativismo del sector agrario valenciano. Lo dibuja como un comercio que aglutina una serie de socios, pero que no es propietaria de cabeza de las fincas, frente al modelo vasco o catalán donde se trata de agrupaciones de productores, lógicamente con tierras.

La cooperativa agraria valenciana –no sólo la relativa a los cítricos- ofrece la posibilidad a los propietarios de cosechar la producción, hacer la poda, polvorizaciones y fumigaciones a cambio de un coste. Pero si hay problemas durante una campaña (si graniza, llueve o hay robos), el propietario "tiene que apañárselas". "La única preocupación de la cooperativa es pagar nóminas y maquinaria, no pelea por un precio justo para el labriego. No trabaja por el socio y son los lobbys los que lo manejan todo", sostiene Molina.

Poca diversificación de variedades

Molina apunta a otro error histórica en la citricultura valenciana: la poca diversificación de las variedades cultivadas. Estas pueden ser del IVIA y en ese caso son de propiedad abierta, por eso las Clemenules, por ejemplo, están tan extendidas; o bien estar protegidas por royalties, unos cánones que hace que se pagan más caros pero que, a cambio, aseguran un precio de venta del cítrico.

Faura (València)

"Si el vástago habitual costa entre 3 y 8 euros, un nuevo con royalties puede llegar a los 25 euros; te aseguran un buen precio después, haces cálculos y quizás amortizas en siete años. Pero quien te dice que en cuatro años no se hundirá ese precio? Las grandes corporaciones tienen un porcentaje muy grande de esas variedades y pueden reventarlas", explica.

Por eso, defiende la importancia de que el labriego "sea profesional, esté cada día en el campo y sea comercial" y cree que "históricamente ha cometido el error de olvidarse de la venta del producto".

Una IGP todavía poco conocida

Cada vez más los consumidores están más concienciados de la importancia de comprar local por cuestiones sociales (sostenibilidad del tejido económico autóctono) y medioambientales (huella ecológica). Una buena manera de garantizar la calidad y el origen de los productos son los sellos de Denominación de Origen y de Indicación Geográfica Protegida (IGP).

En el caso de las naranjas y clementinas, existe la IGP Cítricos Valencianos. El problema es que, hoy en día, todavía no es una marca muy conocida: ampara una superficie de cultivo de 183.000 hectáreas repartidas por las comarcas de Alicante, Valencia y Castelló, pero según la última memoria hecha pública (2016), sólo están inscritas en el sello 9.338 hectáreas, es decir, el 5,10% del total.

Molina: "Todos tenemos la responsabilidad que las naranjas se vendan por debajo de los costes de producción"

Cristóbal Aguado defiende que la IGP es "el camino a seguir" y tiene "un gran potencial" para distinguir el producto local del foráneo, pero considera que todavía es "la asignatura pendiente". Hèctor Molina pide que "se gastan dinero y la promocionan", a pesar de que él hace un llamamiento a ir más allá del sello y augura que "el gran lujo del siglo XXI será poder ponerle cara, nombres y apellidos a nuestros productores".

El consejo regulador de la IGP ha revelado en el balance del año 2018 que ya se han adherido al sello doce cadenas de supermercados y ha anunciado que en 2019 lanzarán, conjuntamente con otros 20 IGP y DON, una campaña de promoción en prensa escrita, digital, redes sociales y canales de cocina en televisión. Será esta parte de la salvación de la naranja y de su paisaje tradicional y sentimental valenciano?

El acuerdo de la UE con Suráfrica

La gota que ha hecho derramar el vaso y que ha puesto los labradores valencianos en pie de guerra las últimas semanas ha sido el acuerdo que firmó hace dos años la Unión Europea con Suráfrica. Un documento de 2.500 páginas escondía un trato desfavorable: ampliaba un mes y medio el periodo de importación de cítricos africanos sin aranceles (del 15 de octubre al 30 de noviembre, superponiéndose así con la campaña valenciana) y estos los iba reduciendo un 16% de forma progresiva hasta llegar a un 2025 donde el país africano no pagará nada para exportar cítricos en Europa.

Los sindicatos agrarios explicaron el asunto a los eurodiputados españoles y consiguieron que 36 votaron en contra, a pesar de que 8 diputados del PP y uno de UPyD votaron a favor y 9 del PSOE se abstuvieron.

Los nombres propios de la naranja

Hay alrededor de 100.000 productores de cítricos en todo el Estado español, unos 600 operadores comerciales (también conocidos como exportadores) y unas pocas empresas de la gran distribución. Fuentes del sector explican que el gran problema del precio es que "se pone de arriba abajo, y no de bajo arriba" y todos, evidentemente, quieren añadir su margen de beneficio.

El mundo de las comercialitzadores está bastante atomizado, pero los tres grandes nombres, por volumen y facturación, serían tres: Antonio Muñoz-AMC Group, con sede en Murcia y muchos campos en Valencia; Martinavarro de Almassora, ampliando superficie citrícola en Andalucía y que, entre otras, hace productos de cuarta gama para Mercadona; y la valenciana Anecoop, una cooperativa de segundo grado (cooperativa de cooperativas), que funciona como una central de compras de sus socios.

En cuanto a las empresas de la gran distribución estarían las conocidas Mercadona, Consumo, Carrefour, Aldi, Lidl o Alcampo, además de otros del mercado europeo como Tesco. Justo es decir que el primer país comprador de cítricos españoles es Alemania, seguido de Francia y Reino Unido.

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