El latido del corazón siempre se produce a un ritmo constante. Pero algunas veces esta frecuencia cardíaca se altera, y el corazón va desacompasado: demasiado lento, demasiado rápido o con latidos irregulares. Es lo que se conoce como una arritmia. Estas pueden provocar desde síntomas leves a otros potencialmente mortales y son mucho más habituales de lo que podemos pensar: se calcula que una de cada tres personas sufrirá alguna arritmia a lo largo de su vida.
Existen muchas razones diferentes por las que se producen las arritmias. Estas pueden tener la frecuencia cardíaca alta (taquicardias) o baja (bradicardia), que es menos frecuente, pero que también puede generar problemas en algunos casos concretos. Se pueden producir porque hay algún problema del corazón o alguna enfermedad, que es la que genera definitivamente la arritmia, o bien hay arritmias que no son tan graves.
Adquiridas o congénitas
Ciertamente, hay factores que predisponen a padecerlas y algunas que son congénitas. Estas acostumbran a afectar a los menores de 50 años. Para los que se encuentran por encima de la cincuentena, las arritmias son la punta del iceberg de muchas causas. Y generalmente se producen por algún otro motivo que no es genético: hipertiroidismo, anemia u otros factores como la acción de tóxicos, la cafeína, el alcohol, determinadas bebidas energéticas o algunos fármacos.
En este sentido, el tabaco -de manera continuada- sí que tiene un efecto devastador, ya que a la larga puede taponar las arterias y producirse un infarto. En términos de prevención, en el caso de las arritmias que se desarrollan después de los 50 años -las adquiridas-, es cierto que cuidar la presión y tener un estilo de vida saludable siempre ayuda.
La sintomatología que lleva a la sospecha
La más común son las palpitaciones. Las arritmias pueden darse porque el corazón va más deprisa o va más despacio de lo normal: en un 90% de los casos, normalmente se acelera, y solo en el 10% se desacelera. Cuando va más lento, o cuando tiene unas palpitaciones muy altas, se puede desencadenar una pérdida de consciencia o mareos. Las palpitaciones suelen ir acompañadas de una sensación de sudor frío acusada.
Sin duda, la tensión, la ansiedad, la angustia, el estrés… contribuyen a incrementar el riesgo de sufrir arritmias. Es cierto que practicar deporte en exceso puede generar fibrilación auricular -un tipo de arritmia-, pero en los últimos años estas son tratables mediante la ablación. Hay que tener presente que el sedentarismo todavía provoca más arritmias.
En cuanto a los tratamientos, las arritmias tienen abordajes diferentes. Las hay que se resuelven con medicación, otras con ablaciones mediante cateterismos poco invasivos y, finalmente, las que tienen un ritmo más lento se resuelven con un marcapasos. Para prevenirlas lo mejor es mantener un estilo de vida saludable y escuchar nuestro corazón. El uso de aplicaciones móviles para controlar las pulsaciones son una buena solución si sospechamos que nuestro corazón no va al ritmo que le tocaría.