La obesidad

¿Qué factores tenemos que tener en cuenta para prevenir esta enfermedad y qué condiciones tiene que cumplir el tratamiento dietético?

El confinament ha alterat les rutines i condicionat la situació dels pacients amb obesitat | iStock El confinament ha alterat les rutines i condicionat la situació dels pacients amb obesitat | iStock

En los últimos años, la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel global. Según los datos de la OMS, en el mundo hay más de 650 millones de personas con obesidad y cada año mueren 2,8 millones a causa de esta enfermedad y el sobrepeso. Es una enfermedad metabólica crónica de origen multifactorial que conlleva una afectación física y psíquica de la persona que se asocia a patologías que limitan la esperanza de vida de quien la padece y deterioran su calidad de vida. Puede determinar la proyección vital, laboral y social del individuo. Además, es un problema de primera magnitud en España.

La situación actual ocasionada por la COVID-19 y las medidas necesarias para su control, que han incluido el confinamiento de la población, han alterado las rutinas y condicionado la situación de los pacientes con obesidad. Recientemente, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad - (SEEDO) ha realizado una encuesta para valorar la repercusión que ha tenido el confinamiento en España y ha obtenido los siguientes datos en una muestra de 900 personas:

  • El 46% de los encuestados han ganado peso durante el confinamiento. Afectando más a las mujeres.
  • La ganancia de peso media ha sido de 1-3kg, aunque el 16% de los encuestados ha ganado entre 3-5kg.
  • Las personas mayores de 65 años son las que más peso han aumentado (3-5 kg).

El sedentarismo instaurado desde edades tempranas (influenciado por la era de la informática y de los videojuegos) y los cambios producidos en el patrón dietético en las últimas décadas, son los factores ambientales más importantes con influencia en el desarrollo de la obesidad y se relacionan de manera independiente con la ganancia de peso a largo plazo. La gran disponibilidad de alimentos, el entorno cultural asociado a la comida, los cambios en la composición de los alimentos, las condiciones cambiantes de vida y de trabajo, mayores niveles de estrés, etc., son factores que contribuyen directa o indirectamente a un balance positivo de energía y al desarrollo de la obesidad.

Una encuesta de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad revela que el 46% ha ganado peso durante el confinamiento y sobre todo ha afectado más a las mujeres

El tratamiento de la obesidad debe enfocarse de forma integral y multidisciplinar, con diferentes estrategias (dieta equilibrada, ejercicio, modificación de los estilos de vida, tratamiento farmacológico, cirugía bariátrica en casos seleccionados cuando las medidas anteriores fracasan, etc.). Sin embargo, aun teniendo en mente todas las medidas posibles, la dieta constituye el pilar fundamental.

Entenderemos como “tratamiento dietético de la obesidad” todas aquellas medidas que, a través de la modificación del aporte alimentario del paciente, buscan revertir el exceso de la masa grasa que caracteriza a la obesidad, y en última instancia, conseguir la pérdida de peso. Según el documento de Consenso para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad FESNAD-SEEDO, el tratamiento dietético debería cumplir las siguientes condiciones:

  • Disminuir la grasa corporal preservando al máximo la masa magra.
  • Ser realizable por un espacio de tiempo prolongado.
  • Ser eficaz a largo plazo, es decir, mantener el peso perdido y prevenir futuras ganancias de peso.
  • Estar basado en una educación alimentaria que destierre errores y hábitos de alimentación inadecuados.
  • Disminuir los factores de riesgo cardiovascular y comorbilidades asociados a la obesidad.
  • Inducir una mejoría psicosomática, con recuperación de la autoestima.
  • Aumentar la capacidad funcional y mejorar la calidad de vida.

La elección de un tratamiento dietético incorrecto, que sitúe al paciente en una evolución de pérdida/recuperación de peso constante, no es inocuo, y puede acarrear graves peligros para la salud del paciente. Una inadecuada práctica dietética puede agravar el riesgo metabólico y cardiovascular de los pacientes, conducir a malnutrición y/o déficit de diferentes micronutrientes, favorecer el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria y favorecer la recuperación del peso perdido. El manejo tradicional y el habitualmente recomendado en la mayoría de las guías, ha sido el de una dieta hipocalórica equilibrada.

Ante esta situación, lo más adecuado es acudir a un especialista en endocrinología y a un dietista-nutricionista para tratar la obesidad con todas las herramientas necesarias y ofrecer al paciente todas las estrategias para alcanzar un peso saludable y aumentar su calidad de vida.

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