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El economista Niño Becerra explica en su libro como la crisis todavía no ha acabado | iStock
El economista Niño Becerra explica en su libro como la crisis todavía no ha acabado | iStock

'El Crash. Tercera Fase'

El economista Santiago Niño-Becerra analiza las fases de 'El Crash' y la configuración de una 'Nueva Normalidad'

Lo primero que es pertinente exponer: ¿de qué va mi nuevo libro​?. Pues va de la Tercera y última fase de esta crisis en la que estamos inmersos desde el año 2007. Tercera y última fase que empieza a manifestarse abiertamente a mediados del 2018.

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¿Tercera fase?, se estarán preguntando. Sí. En el 2007 comienza la fase 0: la de "las ilusiones ilusorias", cuando los gobiernos creyeron que la recuperación llegaría a base de gasto público y a lo único que llegaron fue a déficits monstruosos: ¿recuerdan el "Plan E"?. En el 2010 la fase 1: "la austeridad"; fue una fase macro en la que el objetivo fue reducir los déficits antes generados para lo cual se pusieron en marcha recortes y congelaciones de gasto público así como reformas de todo tipo cuyos efectos perversos seguimos arrastrando porque, en realidad no sirvieron para cambiar nada de lo que había ocasionado el crash. En el 2012, la fase 2: "las inyecciones de anfetas", fase micro de inyecciones desaforadas de dinero por parte del BCE y la continuación de las ya en marcha por parte de la FED y de otros bancos centrales. Finalmente, en el 2018 aunque ya intuida a finales del 2017, la fase 3: "el despertar". Será una fase macro en la que se pondrán encima de la mesa elementos tapados en estos años pasados: la deuda impagable, la guerra comercial y de divisas, los balances de la banca...

"Las fases: 0) las ilusiones ilusorias (2007), 1) austeridad (2010), 2) las infecciones de anfetas (2012) y 3) el despertar (2018)"

Mi libro también va de lo que viene en los próximos años. Dos años de implementación del nuevo modelo: el aterrizaje, la desconfianza, el cambio en la conceptualización financiera, la valoración de lo que tiene valor: recursos, alimentación,… ; la crisis de la deuda, la crisis tecnológica, … ; la percepción de que ya no hay vuelta atrás. Dos años de aplicación: será cuando ‘la calle’ perciba lo que significa ese nuevo modelo: desempleo estructural, subempleo, aplicación masiva de la inteligencia artificial, robotización, concentraciones de compañías, recortes en el Modelo de Protección Social, delimitación de zonas viables, polarización social: los insiders y los outsiders, implementación de la Renta Básica o estudios en profundidad para su puesta en marcha... Dos años de imposición: ya no será un objetivo mantener la paz social lo que dará lugar al paso a que cada palo aguante su vela, puesta en marcha definitiva de la Renta Básica, concentración de capital y de riqueza, oligipolización de actividades, ...

Santiago Niño Becerra Llibre

La portada del libro 'El Crash. Tercera Fase' de Santiago Niño-Becerra

Y finaliza con un epílogo que lleva por título ‘La Nueva Normalidad’ y en el que digo que "lo normal" ha cambiado: ya no es lo que era cuando todo el mundo era necesario para generar PIB y cuando todo sucedía en unos entes llamados Estados a través de unos cauces individuales contenidos en el marco de la clase media. "Lo normal" pasa ahora a ser la concentración de poder económico en muy pocas manos, el establecimiento de áreas viables, y la ganancia en importancia del concepto de "grupo" sobre el de individuo.

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Lo que hasta ahora era la normalidad era una familia en la que el hombre trabajaba de 08:00 a 18:00 y de vez en cuando, hacía alguna horilla extra, en la que su esposa —que no pareja—, o no trabajaba o se ha ido incorporando al mundo laboral con un salario inferior al del marido pero que iba muy bien para complementar los ingresos familiares; con un par de hijos que iban al cole y luego al instituto y después, con toda seguridad, a la universidad; en verano unos días de vacaciones, tal vez con unos amigos o familiares, antes al camping, luego a un apartamento alquilado, tal vez a un crucero después; salían por ahí los fines de semana e iban a El Corte Inglés, luego a los centros comerciales a pasear, al cine y a merendar. Zara fue su salida, pero en los mercadillos podían encontrar cosas interesantes. Nadie dudaba de su seguridad laboral, ni de sus pensiones, ni de la buena red de hospitales públicos. Cada cierto tiempo se votaba a unos gobiernos y a unos consistorios que se preocupaban de la redistribución de la renta a través de políticas fiscales progresivas. Y la vida seguía con una monotonía segura solo interrumpida por la boda de un hijo o el nacimiento de un sobrino. Un día de mediados de los 70 todo eso, de una forma lenta pero persistente empezó a cambiar y abiertamente se manifestó a partir del 2010.

"Expertos en economía empezaron a cuestionar cosas hasta entonces sagradas: la confianza en la banca, la seguridad en el cobro de pensiones, las estadísticas que los políticos blandían en sus mítines" 

Y cada vez el empleo estuvo menos asegurado, y los hijos empezaron a no encontrar trabajo al acabar su formación o a encontrar un trabajo más precario y de peor calidad, y los ingresos reales o incluso los monetarios fueron cayendo o, incluso, desapareció el de uno de los miembros de la familia. Los mercadillos y Primark fueron sustituyendo a Zara y a El Corte Inglés, espaciándose las salidas de fin de semana o reduciéndose los tickets pagados en los restaurantes y acortándose las vacaciones. Las listas de espera para ser intervenido en un hospital comenzaron a aumentar y expertos en economía comenzaron a cuestionar cosas hasta entonces sagradas: la confianza en la banca, la seguridad en el cobro de las pensiones, las estadísticas que los políticos blandían en sus mítines. La importancia de los gobiernos se fue diluyendo y en paralelo sus medidas fiscales redistributivas, y entidades internacionales de las que en rarísimas ocasiones, o nunca, se había oído hablar comenzaron a ser habituales en sus análisis proclives a los recortes y a las reformas. Lo que era sólido se volvió líquido y lo que era rígido flexible. La seguridad personal se va evaporando en un entorno macroeconómico cada vez más estable en el que la volatilidad se diluye mientras los Estados pierden importancia en un entorno en el que las corporaciones tienden a conformar oligopolios cada vez más complejos. Es un entorno que a medida que vaya evolucionando irá configurando una normalidad, pero será nueva.

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