12
de Diciembre
de
2014 - 05:30
"Es una cuestión de ADN. Lo traemos dentro", afirma Anna Mercadé ante la cincuentena de mujeres que asisten al seminario La mujer en la resolución de conflictos a lo largo de la vida que ha organizado este miércoles el Observatorio Mujer, Empresa y Economía a la Cámara de comercio de Barcelona. Sólo hay dos hombres en la sala, a pesar de que la descripción de la invitación del acto no diferenciaba entre sexos. Todo el mundo ha sido invitado.
Justo el contrario del que pasa en el mundo empresarial, y a tantos otros ámbitos de la sociedad, en pleno siglo XXI. El Observatorio económico del cual Mercadé es directora reveló el 2013 que sólo el 29,5% de las empresas catalanas tienen alguna mujer en su consejo de administración. Un ente donde las negociaciones son diarias y donde el papel de la mujer podría ser vital.
La negociación es femenina
Y es que como afirma Mercadé, la mediación es inherente a la mujer. Históricamente acostumbrada a entregar batallas en el ámbito doméstico, la mujer se mueve con más comodidad en situaciones de conflicto. "La mediación es una habilidad femenina que viene y que surge de nuestras herramientas, de las de toda la vida. Lo traemos al ADN: hemos desarrollado habilidades y actitudes a lo largo de nuestra vida por cuestiones de supervivencia", explica el especialista.
Clave en las negociaciones por la (nuestra) mano izquierda femenina, Mercadé defiende que la mujer se tiene que empoderar para permitir visualizar, entre otras calidades, la capacidad que disponen por la mediación, por ejemplo, entre padres e hijos a las empresas familiares, dondehan jugado un papel fundamental. "La mujer ha hecho tanto de trabajo que muchas de las empresas familiares que han funcionado lo han hecho porquehabía las mujeres. Ellas, sin cobrar, hacían tareas silenciosas, controlando los conflictos entre padres e hijos", apunta Mercadé.
La combinación de empatía, capacidad de boy escout y dotes naturales por la comunicación hacen de la mujer el perfil ideal para gestionar situaciones complicadas. Desde un punto de vista económico, estas son calidades que sirven, según Mercadé porque "si resolviéramos los conflictos con mediación, tendríamos más paz y además, nos ahorraríamos mucho dinero". Mercadé considera que hoy en día, "muchas cosas se hacen sin diálogo" y piensa que las mujeres "podemos aportar mucho en esta sociedad".

La mediación como mejor solución posible
En la práctica, la mediación puede parar, por ejemplo, procesos judiciales iniciados por una empresa que, en caso de perder, quedará afectada económicamente y desnudada de intimidad ante la opinión pública (en caso de que el caso se dé a conocer). "De este modo sólo resolvemos el conflicto concreto que le hemos trasladado al juez, pero el problema de fondo no se ha resuelto", apunta Natàlia Flores, experta en mediación a Gira, consultoría especializada en servicios de resolución alternativa de conflictos.
Marta Méndez, socia de la misma empresa, asegura que actualmente los juzgados mercantiles están colapsados por procesos similares donde las empresas evidencian conflictos que cuesta de resolver "y dónde, además, se están invirtiendo mucho dinero", añade.
Como handicap, Meritxell Bosch, también especialista en la materia, apunta que muchas veces "se tiene la mentalidad que si alguien puede pactar, es porque lo tiene todo perdido". Y aquí es donde hacen falta las capacidades antes mencionadas. "Cuando negociamos tenemos que saber qué queremos y qué es el que nos mueve a intentar conseguir una cosa. Pero también nos tenemos que poner en el lugar del otro para explorar sus razones", destaca Méndez.
Otra ventaja, según Flores, es que con la mediación "controlamos el resultado: lo hemos elegido nosotros y por tat estamos más contentos. Además, también hay reducción de costes económicos y emocionales, porque un proceso penal o encomendero, desde el inicio al final, comporta un desgaste importante de las personas que están implicadas", razona. Intentar llegar acuerdos es importante, según ambas expertas, porque se preservan las relaciones de futuro: "Con un acuerdo estás construyendo el futuro. Permite que el día siguiente puedas vuelve a tratar con ellos", concluye.
Justo el contrario del que pasa en el mundo empresarial, y a tantos otros ámbitos de la sociedad, en pleno siglo XXI. El Observatorio económico del cual Mercadé es directora reveló el 2013 que sólo el 29,5% de las empresas catalanas tienen alguna mujer en su consejo de administración. Un ente donde las negociaciones son diarias y donde el papel de la mujer podría ser vital.
La negociación es femenina
Y es que como afirma Mercadé, la mediación es inherente a la mujer. Históricamente acostumbrada a entregar batallas en el ámbito doméstico, la mujer se mueve con más comodidad en situaciones de conflicto. "La mediación es una habilidad femenina que viene y que surge de nuestras herramientas, de las de toda la vida. Lo traemos al ADN: hemos desarrollado habilidades y actitudes a lo largo de nuestra vida por cuestiones de supervivencia", explica el especialista.
Clave en las negociaciones por la (nuestra) mano izquierda femenina, Mercadé defiende que la mujer se tiene que empoderar para permitir visualizar, entre otras calidades, la capacidad que disponen por la mediación, por ejemplo, entre padres e hijos a las empresas familiares, dondehan jugado un papel fundamental. "La mujer ha hecho tanto de trabajo que muchas de las empresas familiares que han funcionado lo han hecho porquehabía las mujeres. Ellas, sin cobrar, hacían tareas silenciosas, controlando los conflictos entre padres e hijos", apunta Mercadé.
La combinación de empatía, capacidad de boy escout y dotes naturales por la comunicación hacen de la mujer el perfil ideal para gestionar situaciones complicadas. Desde un punto de vista económico, estas son calidades que sirven, según Mercadé porque "si resolviéramos los conflictos con mediación, tendríamos más paz y además, nos ahorraríamos mucho dinero". Mercadé considera que hoy en día, "muchas cosas se hacen sin diálogo" y piensa que las mujeres "podemos aportar mucho en esta sociedad".
La mediación como mejor solución posible
En la práctica, la mediación puede parar, por ejemplo, procesos judiciales iniciados por una empresa que, en caso de perder, quedará afectada económicamente y desnudada de intimidad ante la opinión pública (en caso de que el caso se dé a conocer). "De este modo sólo resolvemos el conflicto concreto que le hemos trasladado al juez, pero el problema de fondo no se ha resuelto", apunta Natàlia Flores, experta en mediación a Gira, consultoría especializada en servicios de resolución alternativa de conflictos.
Marta Méndez, socia de la misma empresa, asegura que actualmente los juzgados mercantiles están colapsados por procesos similares donde las empresas evidencian conflictos que cuesta de resolver "y dónde, además, se están invirtiendo mucho dinero", añade.
Como handicap, Meritxell Bosch, también especialista en la materia, apunta que muchas veces "se tiene la mentalidad que si alguien puede pactar, es porque lo tiene todo perdido". Y aquí es donde hacen falta las capacidades antes mencionadas. "Cuando negociamos tenemos que saber qué queremos y qué es el que nos mueve a intentar conseguir una cosa. Pero también nos tenemos que poner en el lugar del otro para explorar sus razones", destaca Méndez.
Otra ventaja, según Flores, es que con la mediación "controlamos el resultado: lo hemos elegido nosotros y por tat estamos más contentos. Además, también hay reducción de costes económicos y emocionales, porque un proceso penal o encomendero, desde el inicio al final, comporta un desgaste importante de las personas que están implicadas", razona. Intentar llegar acuerdos es importante, según ambas expertas, porque se preservan las relaciones de futuro: "Con un acuerdo estás construyendo el futuro. Permite que el día siguiente puedas vuelve a tratar con ellos", concluye.