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Entre tasas turísticas y “avalanchas” de visitantes: ¿qué debe hacer Barcelona con los cruceristas?

El turismo de cruceros afronta el reto "de esponjar a los visitantes" ante una "campaña de demonización" hacia esta actividad

Los cruceros hacen una contribución al PIB catalán de 707 millones de euros | iStock
Los cruceros hacen una contribución al PIB catalán de 707 millones de euros | iStock
David Lombrana
Jefe de redacción
Barcelona
26 de Mayo de 2026 - 04:55

Reducir a cero los cruceros de escala. Es el propósito que el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, anunció en una reciente entrevista en Betevé y que abordará duplicando los cuatro euros actuales de tasa turística al crucerista de escala. “El turismo debe estar al servicio de la ciudad y no al revés", insiste el alcalde. Así, el crucerista pasará a pagar hasta catorce euros, teniendo en cuenta los seis que ya aplica la Generalitat. Tanto la medida como la misma gestión de este tipo de turistas hace tiempo que se encuentran en el centro de debate, especialmente cuando empieza el buen tiempo y se inicia la actividad turística, a pesar de que las últimas declaraciones de Collboni han “sorprendido” al Port de Barcelona.

 

“En julio de 2025, el Port firmó un acuerdo con el Ayuntamiento bastante satisfactorio para reducir el número de terminales de siete a cinco antes de 2030, y se ha intentado priorizar el puerto base y desestacionalizar y gestionar el tráfico de cruceros. Por lo tanto, ahora nos sorprende este anuncio”, apunta a VIA Empresa Mar Pérez, jefa de Cruceros del Port de Barcelona. De hecho, según el mismo Collboni, el acuerdo alcanzado supuso en su momento "poner límites a los cruceros por primera vez en la historia”, pero parece que el alcalde quiere seguir explorando más.

Una facturación de 1.236 millones y 9.500 puestos de trabajo

Si nos atenemos a los indicadores económicos, los más recientes -extraídos de un estudio del Port con la Universitat de Barcelona- apuntan a un sector que factura 1.236 millones de euros anuales -unos 3,4 millones cada día- y hace una contribución al PIB catalán de unos 707 millones. La actividad crucerística, además, genera unos 9.500 puestos de trabajo “y hace que el aeropuerto tenga conexión con otros grandes territorios gracias a que somos un puerto base”, sostiene Pérez. 

 

Sin embargo, este impacto económico no sería suficiente para compensar “la avalancha de cruceristas” que perciben los habitantes de la capital catalana. Esta es la percepción que la jefa de Cruceros del Port de Barcelona considera que tiene gran parte de los barceloneses, a pesar de que este subsector turístico represente cerca del 5% del total de visitantes de la ciudad. “No son tantos”, sostiene Pérez, quien añade que, además, se trata de un “tráfico muy predecible que se puede gestionar”. 

Lo cierto es que, partiendo de la base de que la época de cruceros en el Mediterráneo se inicia entre abril y mayo, cuando los cruceros vienen de pasar el invierno en el Caribe y se quedan hasta octubre o noviembre, la actividad se concentra en unos meses concretos y el Port publica la previsión semanal, mensual y anual de cruceros. “Nosotros sabemos cuántos barcos y qué número de pasajeros vendrán a Barcelona con un año y medio de antelación. Podemos gestionar este tráfico perfectamente”, asegura Pérez, quien, en cambio, confiesa que “si empezamos a llevar turistas a otros puertos y desde estos vienen a Barcelona, seguro que perdemos capacidad de gestión”.

El perfil del crucerista

El creuerista és un tipus de turista de poder adquisitiu alt | David Zorrakino (Europa Press)
El crucerista es un tipo de turista de poder adquisitivo alto | David Zorrakino (Europa Press)

Si observamos con detalle el perfil del crucerista, observamos que se trata de un perfil generalmente norteamericano, familiar y de poder adquisitivo alto. “Es un tipo de turista muy alineado con aquello que quiere lograr la ciudad, un turismo de calidad”, explica a VIA Empresa la directora general de Barcelona Oberta, Elvira Garcia. Del total de cruceristas, los de escala representan una pequeña proporción: un informe de 2023 afirma que este segmento de cruceristas supuso ese mismo año en torno a un 6,7% del total. “Esto nos viene muy bien, porque el turista de escala pisa Barcelona, hace un gasto de unos 75 euros, tiene la oportunidad de ver Barcelona y después acaba volviendo más adelante”. “Es un reclamo para conocer la ciudad, y tiene un impacto muy importante en el comercio y la restauración”, añade Garcia. 

La directora general de Barcelona Oberta valora positivamente “el interés por la ciudad” y el “turismo cultural” que los cruceristas acostumbran a desear, a diferencia “de otros tipos de visitantes que solo vienen a pasarlo bien y no cuidan la ciudad”: “Como cuando empezamos a celebrar el Mobile World Congress (MWC), cuando ganamos visitantes de calidad que no teníamos antes”, precisa.

Los cruceristas de escala representaron un 6,7% del total el año 2023 en Barcelona

Por otro lado, tanto Pérez como Garcia destacan que la peculiaridad del crucerista de escala no es únicamente que representa un visitante que tan solo pasa unas horas en la ciudad; es el único colectivo que no pernocta y paga la tasa turística, concretamente, nueve euros por persona en el caso de los cruceros con más de doce horas de escala, y once euros si la escala es inferior a las doce horas. 

Sea como fuere, el lapso temporal es justo para conocer la ciudad y, como norma general, el crucerista de escala se concentra en las grandes atracciones culturales barcelonesas, hecho que genera un cierto recelo entre los habitantes de la capital catalana. “Estamos trabajando para esponjar el turismo, la ciudad tiene que hacer más promoción para que los cruceristas se dispersen por la ciudad, y vayan a ver el Laberinto de Horta, la zona de Glòries, Diagonal Mar, etcétera”, apunta Garcia.

Según la directora general de Barcelona Oberta, “hay que acompañar al crucerista”, ya que representa un tipo de turista que no acostumbra a disponer de una planificación respecto a otros viajeros que disfrutan de más días para visitar la ciudad. “El Ayuntamiento debería ser capaz de impulsar una campaña, hay muchas herramientas para que las compañías navieras tengan recursos para ofrecer a los cruceristas”, añade. Sin embargo, después de las últimas declaraciones de Collboni, parece que los planes de la ciudad van en otra dirección.

La oposición al crucero

Imagen de la manifestación por las calles de Barcelona | ACN - Carola López / Aina Martí
Una manifestación de Stop Creuers por las calles de Barcelona | ACN - Carola López / Aina Martí

Una dirección, probablemente, en sintonía con movimientos como Stop Creuers, impulsado por la Assemblea de Barris pel Decreixement Turístic, Ecologistes en Acció, Zero Port y la Xarxa per la Justícia Climàtica. En conjunto, luchan contra “el aumento incesante del tráfico marítimo de cruceros en Catalunya”, que definen como una actividad “altamente contaminante, gran consumidora de energía y recursos locales, y generadora de inmensos y graves impactos sociales, ambientales y sanitarios”.

En su manifiesto se muestra una clara preocupación por el impacto ambiental y climático de la actividad crucerística, por una sobreexplotación de recursos energéticos y la mencionada concentración turística. “Con un escenario como el descrito, no entendemos cómo ni la Generalitat de Catalunya ni los ayuntamientos de Barcelona y Tarragona, que han "declarado" la emergencia climática, no abordan el problema”, explica el manifiesto, al cual se han añadido hasta un centenar de entidades.

Si bien el manifiesto se hizo público a mediados de 2023, la última versión concentra una serie de peticiones en referencia al año 2025, es decir, no se encuentra actualizado. La primera demanda es “la eliminación total de la actividad crucerística en todo el territorio catalán en el año 2025”, hecho que, evidentemente, no se produjo. Entre otras demandas figuran la parada inmediata de las ampliaciones portuarias destinadas al tráfico de cruceros y la creación de una mesa de seguimiento de los planes de reducción de esta actividad.

“Hubo una campaña de demonización de los cruceros”, continúa Pérez, quien asegura que “es fruto de unas ideas confusas, porque los cruceros aportan riqueza y aspectos interesantes a la ciudad”. La jefa de Cruceros del Port de Barcelona recuerda el “trabajo exhaustivo” que el organismo ha llevado a cabo en materia de sostenibilidad, hecho que permitirá en 2027 contar con la primera terminal electrificada “y en 2030 lo estarán todas”. Por otro lado, añade que desde la entidad portuaria “hemos querido pactar con el gobierno de Collboni, pero a veces da la sensación de que no es suficiente; decir que no a los cruceros no solucionará nada en la ciudad y nos hará perder el impacto económico que generan”.