Bioeconomía, nueva palabra, pero... con nuevos actores?

El economista Francesc Reguant reflexiona sobre la bioeconomía y las soluciones sostenibles ante las tensiones entre oferta, demanda y gestión

La bioeconomia está junto a las soluciones sostenibles | iStock
La bioeconomia está junto a las soluciones sostenibles | iStock

El siglo XXI ha nacido con retos severos (energía, seguridad alimentaria, medio ambiente, cambio climático). Todo ello está exigiendo cambios sistèmics de gran importancia orientados hacia un desarrollo sostenible basado en la sustitución de los combustibles fósiles y la orientación productiva de los recursos renovables y la economía circular. En este contexto, la bioeconomía ha surgido como nueva palabra en el mundo de smart words. Aun así, la base de la bioeconomía es el sector primario de transformación de activos biológicos, el sector de siempre, aunque con más tecnología, igual que la mayoría de actividades situadas al siglo XXI. No es el concepto -referido a la actividad de transformación de activos biológicos- el que ha cambiado sino el escenario en el cual esta actividad se realiza. Con la nueva palabra bioeconomía se ha pasado de identificar la actividad por el producto final a identificarla por su origen común, por la primera materia (productos de origen biológico). Se ha pasado de una identificación dispersa de las diferentes actividades a una definición integradora, holística. Se ha pasado de una explicación a una palabra que identifica esta explicación.

"Con la nueva palabra bioeconomía se ha pasado de identificar la actividad por el producto final a identificarla por su origen común, por la primera materia (productos de origen biológico)"

Al poner el objetivo en los recursos renovables se ha tomado conciencia del origen común de estos recursos. La naturaleza nos ofrece una herramienta extraordinaria que es la función clorofílica de las plantas, capaces de transformar la energía del sol, en combinación con el aire, el agua y los minerales de la tierra, en nuevos materiales biológicos que podremos adaptar y transformar para sus usos alimentarios, energéticos o industriales. Es decir, la planta solar del planeta Tierra formada por el suelo agrícola y forestal, además del mar, es la gran fábrica de productos renovables. Aun así, tanto el agua como el suelo agrícola o forestal son recursos con una creciente escasedad en relación a una demanda también creciente y con un deterioro progresivo de estos por causas directamente relacionadas con su uso o mal uso. Vale la pena, pero, prestar atención especial al agua, sin agua no hay fotosíntesis, sin agua no hay alimentos, sin agua no hay bioeconomía.

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Disponemos de una gran planta solar que es toda la superficie de la tierra desde donde podemos obtener electricidad para múltiples usos, materiales biológicos también con múltiples finalidades, pero hay que preservar la sanidad alimentaria, la biodiversidad -que es una reserva de oportunidades que ha elaborado para nosotros la naturaleza- y, en general, hay que preservar el medio ambiente y luchar contra el cambio climático. Así mismo deseamos un paisaje agradable y destinar parte de este territorio a construcciones urbanas e infraestructuras. Son un conjunto de objetivos a realizar en un único territorio y con unos recursos progresivamente más escasos. Harán falta, por lo tanto, estrategias adecuadas para atender esta complejidad. Sin duda habrá que compartir, lo cual requiere de una cultura de la responsabilidad, la cooperación y la solidaridad. Harán falta actitudes flexibles, evitando posiciones cerradas o absolutas. Finalmente, habrá que especializar, priorizar y poner límites, con una tarea orientadora desde los poderes públicos sobre los diferentes usos, a fin de que se puedan atender las diferentes necesidades de la manera más eficiente y equilibrada. Por ejemplo, sería lógico que para la producción de electricidad se utilizaran los desiertos o tierras baldías, incluyendo los desiertos de cemento de las ciudades e infraestructuras, mientras que habría que destinar las tierras más fértiles a producciones agrícolas. En cualquier caso y en positivo, el solo hecho de adoptar una sola palabra -la bioeconomía- para referirse al conjunto de actividades productivas derivadas de los recursos biológicos ya supone un paso adelante en la consideración de la necesidad de compartir desde una comprensión global de esta actividad.

Aun así, las crecientes tensiones entre oferta y demanda de productos de origen biológico, con objeto de atender al conjunto de la producción de la bioeconomía, está llamando a interesarse por el sector agrícola a nuevos actores, a menudo provenientes del mundo financiero. Sus objetivos son, sobre todo, los inputs para la producción y los recursos e infraestructuras esenciales. Por ejemplo, los mercados de las semillas y los fertilizantes están viviendo un proceso acelerado de concentración. A la vez, el suelo agrícola es un activo globalmente cada vez más codiciado. Incluso el agua, todavía sometida a controles públicos, podría ser a medio plazo un recurso controlado de forma directa o indirecta por grandes oligopolios. Habrá que seguirlo.

"Las crecientes tensiones entre oferta y demanda de productos de origen biológico, con objeto de atender al conjunto de la producción de la bioeconomía, está llamando a interesarse por el sector agrícola a nuevos actores, a menudo provenientes del mundo financiero"

El control de estos recursos otorga una fuerte ventaja a quien dispone de una posición dominante, la cual favorece la concentración y el impulso de procesos especulativos capaces de crear graves dificultad en términos de seguridad alimentaria mundial y de redistribución de rentas. A la vez que precariza las capacidades competitivas de las estructuras productivas actuales de pequeña y mediana dimensión. Esto ya está sucediendo. En diez años ha habido tres burbujas especulativas sobre los alimentos y particularmente sobre los cereales, con consecuencias gravísimas de inseguridad alimentaria, guerra y movimientos migratorios.

La bioeconomía está junto a las soluciones sostenibles, pero la presión de una demanda que no tiene aturador a corto y medio plazo, sin una gestión adecuada, puede abrir la puerta a un círculo vicioso con serias consecuencias en los equilibrios globales. Sin duda, la bioeconomía es fuente de nuevas oportunidades. Bien seguro se incrementarán algunas actividades, nacerán nuevos productos y nuevas utilidades, se dará un impulso a nuevos desarrollos tecnológicos y muy probablemente estos cambios irán vinculados a una nueva conciencia sobre el entorno natural, el medio ambiente y la importancia de la biodiversidad. No obstante, el impulso de la bioeconomía hacia un horizonte sostenible tendría que ir acompañado de una coordinación global para compartir unos recursos escasos que habrá que gestionar de manera circular minimizando los impactos medioambientales.

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