En 1973, a raíz de la crisis energética, la cantinela oficial del franquismo invocó la "tradicional amistad con el pueblo árabe" para asegurar que a España no le faltaría petróleo. Bien cierto, no le faltó. Ni a España ni en ningún sitio. Pero los precios se triplicaron y la crisis económica y social que se derivó fue un elemento determinante para desbaratar los planes de un franquismo sin Franco.
El cisne negro, aquel hecho inesperado que lo trastoca todo, había aparecido con toda su magnificencia. Ahora, parece que vuelve a asomar la cabeza por la misma zona, por el Levante persa.
Un siglo XXI lleno de cisnes negros
De hecho, deberíamos ir acostumbrándonos a estas apariciones perturbadoras. En lo que llevamos de siglo hemos encadenado el ataque a las torres gemelas en 2001, la crisis financiera de 2008, la pandemia, la guerra de Ucrania y el enésimo, pero quizás el más grave, conflicto en Oriente Medio.
Las consecuencias económicas de la guerra recién iniciada dependerán de dos variables: la duración del conflicto y la resolución final. Una guerra relámpago, sobre todo si deja el tablero de juego tal como está, con una simple y nueva ola de debilitamiento del régimen de los ayatolás, será el escenario más continuista y con menores efectos a corto plazo.
La última confrontación -junio del año pasado- entre Israel, Estados Unidos e Irán duró doce días y apenas tuvo repercusiones económicas significativas. Esta parece tanto la esperanza de las bolsas como de los mercados energéticos que, de momento, no han sufrido grandes altibajos. El resto de escenarios, sí que los tendrán.
Escenario 1. Una guerra larga y destructiva

Todo parece indicar que el régimen de los ayatolás lleva años preparándose para el conflicto final, que podría ser muy bien este. El descabezamiento de la cúpula del régimen puede conseguir justo lo contrario de lo que se pretendía: un combate a vida o muerte encabezado por los que quedan. Recordemos que no se trata de un país caribeño como Venezuela, sino que Irán está regido por una élite teocrática que, como tal, desprecia el presente y al individuo en favor de la colectividad y la vida eterna.
La respuesta de Irán a la agresión estadounidense e israelí ha sido la de extender el conflicto a toda la región, además de Israel. Y un ataque indiscriminado tanto a instalaciones militares como civiles. En primer lugar, las infraestructuras energéticas. Irán golpea a los aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, que los tiene más próximos y son más pequeños y, por lo tanto, más débiles.
Una eventual destrucción masiva de instalaciones energéticas puede dejar dañados por mucho tiempo los pequeños Emiratos Árabes. Si no, recordemos Kuwait, que no ha levantado cabeza desde la invasión iraquí de 1990.
Todo parece indicar que el régimen de los ayatolás lleva años preparándose para el conflicto final, que podría ser muy bien este
Unos microestados autoritarios que habían hecho importantes esfuerzos para no depender exclusivamente del negocio energético: desde líneas aéreas y grandes aeropuertos de conexión, hasta desarrollos urbanísticos destinados a atraer turistas y expatriados del más alto nivel adquisitivo pasando por fondos soberanos, nutridos por los petrodólares, enormemente activos a la hora de participar y controlar negocios en el mundo occidental, sobre todo en Europa. Todo ello servido con la inmigración bengalí, pakistaní o palestina.
Por no hablar de pruebas deportivas, eventos y museos de primer nivel para reforzar su proyección mundial y hacer olvidar su sistema no democrático. A otra escala, podemos decir lo mismo de Arabia Saudita. Una guerra larga y altamente destructiva, pues, pondrá en cuestión toda esta estrategia y buena parte de los logros conseguidos durante una larga temporada.
No hace falta decir que, además de la cancelación de proyectos inversores y de la retirada de algunos de estos, los efectos para Europa -y China y otros países no productores- serán un encarecimiento de los precios energéticos. Catar mismo se había convertido en un gran proveedor de gas licuado a Europa en ausencia del gas ruso y su principal planta de transformación parece que ha sido destruida.
Siempre son arriesgadas hacer previsiones cuantitativas, pero el consejero delegado de Caixabank, Gonzalo Gortázar, ya se ha lanzado a hacer un pronóstico: una reducción del crecimiento del PIB español en cuatro décimas con un presumible aumento de los tipos de interés por parte del BCE a causa del repunte de la inflación.
Funcas rebaja el impacto en el PIB en dos décimas, pero contempla un aumento de la inflación hasta el 3%.
De hecho, los precios de la gasolina no han esperado a viernes, como es habitual, para sufrir una notable alza. Como siempre, las petroleras trasladan inmediatamente el aumento de costes en origen a los precios que paga el consumidor. Cuando los precios internacionales van a la baja, siempre se excusan en el coste de los stocks para hacer el romancer.
Escenario 2. La pervivencia de un régimen iraní hostil a Estados Unidos y a Occidente
A pesar de las declaraciones prodemocráticas iniciales, Trump enseguida se ha desentendido del objetivo anunciado inicialmente de conseguir un cambio de régimen con un nivel de libertades colectivas y de democracia razonable. Podría ser muy bien que el conflicto terminara con los contendientes agotados -al menos, en términos de armamento- y una paz temporal que dejara un Irán debilitado, pero manteniendo sus alianzas con Rusia y China, a quien le exporta el 80% del petróleo.
Irán exporta a Rusia y China el 80% del petróleo
Con Rusia, además de drones para atacar Ucrania, los intereses también son fuertemente geopolíticos. La obsesión histórica de tener una salida a los mares cálidos estaba en curso de hacerse realidad con el nuevo puerto de Chabahar -en Baluchistán, junto a la frontera con Pakistán y más al sur del estrecho de Ormuz y la conexión terrestre con Rusia a través del mar Caspio-. Una conexión que también será utilizada por la India, como forma de que sus mercancías puedan acceder a Europa a través de Rusia y obviando el tapón pakistaní. Un eje transcontinental y multimodal, en la línea de la Nueva Ruta de la Seda impulsada por China.
Escenario 3. Un régimen prooccidental en Irán
Este sería el desiderátum norteamericano y, por extensión, de un Israel que no vería amenazada militarmente su existencia y supremacía en Levante. Esta es la hipótesis a estas alturas menos verosímil porque parece poco probable que ni los ayatolás ni su Guardia Revolucionaria estén dispuestos a ceder el poder y las enormes ventajas personales que este genera en un país sin control democrático.
Sin embargo, esta sería la fórmula que garantizaría más a medio plazo la estabilidad de la región, una reconstrucción acelerada de la mano de los amigos y de los capitales norteamericanos e israelíes, y un freno a las veleidades expansivas de China y de Rusia.
Las amenazas trumpistas en España

En este abanico de escenarios no podemos dejar de mencionar los últimos exabruptos del presidente norteamericano, que amenaza con cortar las relaciones comerciales con España. El presidente español, Pedro Sánchez, erigido en el principal referente democrático internacional contra Trump, ha jugado fuerte y se ha negado a prestar apoyo desde las bases andaluzas a la aviación norteamericana camino de Irán. Una postura sorprendente, sobre todo si tenemos en cuenta que en la anterior ofensiva de hace ocho meses el gobierno español no puso ningún inconveniente a una utilización equivalente.
En todo caso, no parece que las amenazas trumpistas deban tener repercusiones inmediatas en el comercio internacional con España, porque este se efectúa bajo el paraguas de los acuerdos generales con la Unión Europea. De momento, los últimos datos sobre exportaciones catalanas indican que estas se mantienen al alza y la pérdida de ventas a Estados Unidos se compensa con creces con aumentos de las ventas a China, Francia e Italia. E incluso a Corea del Sur y Argelia.
En términos reputacionales, Sánchez sale fortalecido como líder mundial del antitrampismo y debe pensar que esto le proporcionará réditos electorales. Sin embargo, parece que aliados europeos como Alemania, empiezan a estar incómodos por la bravura antitrampista del dirigente español. Con la boca más pequeña, Starmer, Meloni y Macron también han tomado distancias con la guerra.
Quizás ahora las empresas con vocación de expandirse a Norteamérica tendrán que hacer como Ferrovial: abandonar Madrid para irse a los Países Bajos.
Del cisne al elefante
La globalización, un término que ni siquiera se utilizaba en la crisis energética de los años setenta, ha traído a la economía mundial una gran resiliencia y tiende a compensar por un lado los desequilibrios inesperados que se suceden por el otro. Esto mismo hace de la evolución económica mundial más independiente -para bien y para mal- de las políticas y también de los conflictos de los estados. Quizás por eso, no se han acabado de producir los malos augurios que la mayoría preveíamos con las erráticas políticas económicas y arancelarias de la nueva administración estadounidense.
O quizás esta resiliencia económica acabará cediendo cuando está acumulando un embate tras otro. Y es que probablemente el verdadero cisne negro en realidad es un elefante con melena roja que desde hace poco más de un año ha irrumpido en medio del mundo desde el corazón de Occidente.