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Juanetes: frecuentes y dolorosos, pero corregibles

Se calcula que entre un 25 y un 35% de la población sufre 'álux valgus' y entre la gente mayor la cifra puede llegar al 70%

Los juanetes pueden requerir tratamiento de cirugía | iStock
Los juanetes pueden requerir tratamiento de cirugía | iStock
Iban Clarés, traumatólogo de Àptima Centre Clínic, especialista en pie y tobillo
19 de Mayo de 2026 - 04:55
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¿Qué tienen en común los términos halux valgus, galindó y juanete? Los tres hablan de la misma cosa: aquella protuberancia incómoda que sale al lado del dedo gordo del pie. Pero cada uno lo hace a su manera. En latín, halux valgus significa -literalmente-, dedo gordo desviado hacia afuera. En catalán, el galindó ya aparece en textos medievales, y en francés significa hinchazón o bulto producido por la presión.

 

En castellano, juanete es un diminutivo de Juan y el nombre proviene de una metáfora popular. La protuberancia del pie se veía como una especie de cabeza que sobresalía, y se le ponía un nombre propio, como quien pone un nombre afectuoso a un defecto corporal. Son tres palabras diferentes para describir el mismo problema, y tres maneras diferentes de entenderlo: la precisa, la descriptiva y la popular.

Los juanetes se producen cuando, por la laxitud de los tejidos y de los tendones, los huesos del dedo gordo se desplazan. Esto provoca un bulto en la parte exterior y una visible deformación del pie. Se calcula que entre un 25 y un 35% de la población padece àlux valgus y entre la gente mayor la cifra puede llegar al 70%. Para hablar del origen, debemos referirnos a cuestiones genéticas, una situación difícil de prevenir porque es fruto principalmente de la predisposición genética.

 

Se calcula que entre un 25% y un 35% de la población padece àlux valgus y, entre la gente mayor, la cifra puede llegar al 70%

Si en nuestra casa tenemos antecedentes familiares de problemas de juanetes, tendremos más números de padecerlos. Y no siempre ocurre en los dos pies por igual, pero lo más probable es que, si te sale en un pie, te acabe saliendo en el otro. Existen los juanetes unilaterales, es decir, en un pie solo, pero son poco frecuentes.

¿Intervención? Siempre que la calidad de vida del paciente salga reforzada

En cuanto a la intervención, muchos pacientes se dirigen a la consulta preguntando cuánto de doloroso es porque tienen entendido que es una cirugía que lo es mucho, pero todo evoluciona, la ciencia avanza y, entre las técnicas quirúrgicas, las diferentes maneras de aplicarlas y, sobre todo, las técnicas anestésicas, hacen que sea posible romper incluso el dolor desde el principio.

Aun así, antes de operar debemos ver si con la intervención mejoraremos la calidad de vida del paciente. Existen correctores ortopédicos de farmacia, pero está demostrado que estos lo único que hacen es poner el dedo en la posición correcta mientras se lleva el corrector. Una vez este se quita, el dedo vuelve a su posición y no impide que vaya a más. Además, acostumbran a ser molestos y dolorosos. Por lo tanto, no es demasiado habitual que insistamos en el uso de estas prótesis; es una opción que solo retrasa un poco la decisión final de la intervención.

Porque el juanete va creciendo. Es uno de los huesos que hay justo por delante del dedo -que se llama primer metatarsiano- y que se va desviando por la misma laxitud de los ligamentos. El hueso se va abriendo como si fuera la aguja de un reloj y esto hace que produzca como un bulto. Se va desplazando y la punta del hueso va saliendo. Lo que está indicado es hacerlo cuando la deformidad está más avanzada y cuando el paciente tiene síntomas, porque esto es lo que puede disminuir el riesgo de recidiva. Cuando la deformidad es más grande, la corriges, y es más difícil que vuelva a aparecer después. Además, la mejora del paciente es mucho mayor cuanto peor estaba al principio.

La evolución de las técnicas en quirófano

Clásicamente, se limaba esta protuberancia y, por lo tanto, no se corregía el ángulo del dedo del hueso. No hace mucho -20 o 30 años- que se han desarrollado nuevas técnicas para corregir el ángulo. Además, hemos cambiado la manera de hacerlo: ya no abrimos la piel sino que intentamos hacer cicatrices más pequeñas. El bisturí no lo utilizas. Lo más habitual es que no haya recidiva y que con la cirugía hayamos despedido el juanete. Es cierto que, la mayoría de veces -aunque la deformidad vuelva a aparecer un poco- no acostumbra a dar problemas.

Lo más relevante -a la hora de decidir si vale la pena operarse- es valorar todo lo que implica la cirugía. Es absolutamente recomendable que la intervención la haga un traumatólogo cirujano especializado en el pie, ya que esto proporcionará las máximas garantías de éxito en el quirófano. Por norma, las intervenciones de los juanetes son rápidas y eficientes. En la gran mayoría de casos requieren una recuperación no especialmente larga y los pacientes operados vuelven a caminar perfectamente y a hacer vida totalmente normal.

Existen correctores ortopédicos de farmacia, pero está demostrado que estos lo único que hacen es poner el dedo en la posición correcta mientras se lleva el corrector

Hay que saber que se está un tiempo con un vendaje, y que -aunque se puede apoyar el pie en el suelo- no se está al 100%. Además, es importante tenerlo presente: cualquier cirugía es una agresión al cuerpo y, por lo tanto, siempre puede haber alguna complicación de infección, de alguna molestia o algún problema con los tornillos o el hueso. Pasa muy poco, pero nunca el riesgo es cero.