Si es febrero, es mes de MWC

Este 2021, el primer MWC será en Shanghai, donde se presentarán las ventajas de tecnologías como la inteligencia artificial, la 5G y la industria conectada

Banderines del MWC anuncian el edició del 2020 que no pudo celebrar se por la pandèmia | ACN Banderines del MWC anuncian el edició del 2020 que no pudo celebrar se por la pandèmia | ACN

Este último año, como en otras muchas cosas, la pandemia ha provocado grandes cambios y el MWC no es una excepción. Se han tenido que intercambiar las fechas de los dos congresos Mobile World Congress de Barcelona y China. Por lo tanto, este año en febrero toca ir al MWC Shanghai. Y lo haremos virtualmente.

Será una gran oportunidad para identificar las nuevas tendencias y nos servirá para calentar motores antes del MWC de Barcelona, que este año se celebrará a finales de junio. A primera vista, parece que este 2021 no será un año de grandes novedades. Las tecnologías de las que todas las empresas hablan y que evalúan cómo aplicar en sus negocios, son las mismas que en 2020: inteligencia artificial (AI), conectividad 5G, y la industria conectada (también podemos decir industria 4.0 o internet de las cosas).

La gran diferencia se encuentra en que ahora nos lo planteamos de una forma global en contraposición a un planteamiento individual de cada una de estas tecnologías. La expansión de la cobertura 5G en el territorio posibilita que pensemos en nuevas aplicaciones del internet de las cosas (IoT) en el ámbito de las empresas.

Més info: La GSMA descarta aplazar de nuevo el MWC

Las tres características principales que nos aporta la 5G respecto a la 4G son una mayor capacidad de transmitir información, una menor latencia (que es el tiempo que tarda la señal en llegar) y la posibilidad de conectar más dispositivos a la red sin el peligro de saturarla y bloquearla (cosa que ya pasa actualmente en determinadas situaciones con la infraestructura 4G).

Todo esto, nos permite aplicar otras tecnologías a nuestras empresas, como por ejemplo la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR), que necesitan recibir gran cantidad de datos (imágenes de alta resolución) y a gran velocidad (baja latencia) para conseguir una experiencia de uso óptima. Si las gafas de VR reciben imágenes de baja calidad y/o con retraso, se traduce en fatiga de la vista y provoca mareos, por ejemplo.

La tercera pieza del puzle es la inteligencia artificial, una tecnología capaz de procesar este tsunami de información, identificar patrones y extraer conclusiones

Por otro lado, la 5G nos permite tener más dispositivos conectados a internet sin saturar la conexión. El incremento se encuentra en entre 10 y 100 veces más de sensores que podemos tener instalados, y, además, estos tendrán un consumo de energía muy menor usando las frecuencias más bajas de 5G.

Todo ello, nos lleva a conseguir una industria conectada y monitorizada a tiempo real. Eso sí, como contrapartida tenemos que ser capaces de gestionar y analizar cantidades enormes de datos, cosa que no es sencilla.

Aquí entra en juego la tercera pieza del puzle, que es la inteligencia artificial, una tecnología capaz de procesar este tsunami de información, identificar patrones y extraer conclusiones. En este campo hemos avanzado mucho y hemos evolucionado de una inteligencia artificial descriptiva (nos explicaba qué había pasado), a una predictiva (que nos avanza lo que pasará) y prescriptiva (donde también nos sugiere lo que tendríamos que hacer).

Por todo ello, incluso las tecnologías más modernas siguen los axiomas de siempre. En este caso, también se cumple que la aplicación combinada es más beneficiosa que el uso individual: "El todo es más que la suma de las partes".

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