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Las jornadas dedicadas a George Orwell del CCCB recogen la crónica del "etnocidio" uigur en China y las nuevas tecnologías de control de la población que se están probando por primera vez

Manifestants de la diàspora uigur protestant a Londres contra la repressió xinesa | EP Manifestants de la diàspora uigur protestant a Londres contra la repressió xinesa | EP

"En Xinjiang se podría hablar de etnocidio". La región autónoma más grande de China, a su confín noroccidental, limítrofe con Mongolia, Kazajistán y Rusia, es uno de los puntos calientes en cuanto a la vigilancia mundial de violaciones de derechos humanos, según afirma el periodista norteamericano Ben Mauk. La región, históricamente poblada por ciudadanos chinos de la etnia uigur – mayoritariamente musulmana – sufre desde hace una década lo que el reportero y escritor describe cómo un proceso de homogeneización cultural. "Se puede hablar de etnocidio – defiende Mauk – porque hay una integración completa de la etnia uigur en una cultura central, la han, más allá de la folklorización de algunos rasgos característicos". "El gobierno chino está cortando las conexiones entre la población y el territorio", concluye Mauk durante su participación al Día Orwell del CCCB.

En Xianjiang, según relata el norteamericano, hay "dos sociedades diferentes; una bajo control totalitario, la uigur, y la otra, la han, que simplemente no lo está". Las investigaciones de Mauk apuntan hacia toda una maquinaria de vigilancia, represión y conversión forzada con patas diversas y complementarias, desde la vigilancia pasiva hasta la militarización urbana de las ciudades y pueblos de la región. "En algunas zonas de Xianjiang – recuerda Mauk – no puedes andar más de 200 metros sin encontrarte una comisaría de policía".

Mauk: "En Xinjiang se puede hablar de etnocidi porque hay una integración completa de la etnia uigur en una cultura central, la han"

El gobierno chino empezó este programa, o al menos esta iteración de la represión contra el pueblo uigur, después de unas graves revueltas en 2009. Mauk relata una correlación entre la llegada al poder de Xi Jinping, con un modelo centralizador mucho más claro que otros liderazgos del Partido Comunista, y la intensificación de la represión contra el pueblo uigur y otras minorías étnicas del gigante asiático. "Hay varios componentes que convierten el territorio en perfectamente visible para el gobierno", destaca Mauk. Según el periodista, todos los ciudadanos de etnia uigur de Xinjiang tienen que tener una app en el teléfono que hace un tracking de su actividad en linea.

Las investigaciones del periodista muestran otros planes de control poblacional basados en la tecnología, como la entrega forzada de todos los datos biométricos de la ciudadanía uigur al gobierno – huellas, muestras de voz, muestras de sangre o reconocimiento facial completo. Según relata Mauk, a Xinjiang ha instaurado una suerte de sistema de puntos, por el cual el gobierno valora el estatus de ciudadanía de cualquier habitante de la zona de acuerdo con cuestiones como la apariencia física – alrededor de la presencia de rasgos característicos de la etnia uigur – sus encuentros sociales, las búsquedas en internet o la participación en actos religiosos y culturales. Los ciudadanos que bajan de un cierto umbral de puntos serían considerados peligrosos y detenidos en una de las abundantes comisarías de las zonas urbanas de la región autónoma.

Programas de reeducación

El gran complejo represivo, sin embargo, está en las instalaciones que Mauk denomina Campos de Reeducación. Las investigaciones del periodista, así como de varios medios especialmente norteamericanos, apuntan además de un millón de detenidos – mayoritariamente, pero no solo, uigurs – extrajudicialmente en grandes instalaciones construidas por el gobierno chino en zonas de difícil acceso por tierra. El periodista destaca que estos grandes centros son muy complicados de investigar, pero que se han podido elaborar grandes perfiles a partir de fotografías aéreas y piezas de datos – abundantes compras de ropa, comer o materiales, del gobierno chino que se envían a áreas donde habría uno de estos campos, por ejemplo – que se pueden encontrar diseminadas por los documentos oficiales del ejecutivo y el Partido.

A pesar de que inicialmente el gobierno chino negaba la existencia de los campos, después de que varios reportajes e informes internacionales aportaran pruebas la versión oficial cambió. Hacia final de 2017, rememora Mauk, China reconoce la existencia de campos con miles de personas internas, pero los describe cómo "campos vocacionales" de educación profesional en algunos casos, o campos de reintegración social para personas que habían cometido crímenes en otros. Los escasos testigos que los periodistas de la zona han podido consultar, especialmente de personas que han conseguido salir de los campos por la presión de sus familias, apuntan a una realidad diferente: según los afectados y los expertos sobre el terreno, serían grandes campos de reeducación donde se integraría, mediante métodos diversos – desde sesiones educativas hasta episodios, como los que se explican al documental de Robin Barnwell Undercover: Inside China's digital Gulag, más próximos a la tortura – ciudadanos considerados "peligrosos" por motivos diversos en las líneas sociales y culturales marcadas por el gobierno.

Mauk: "Se comunicaban en el gobierno central cosas como si una persona no quería fumar, beber alcohol y comer cerdo para catalogar la población uigur"

Fuera de los campos el gobierno también aplica planes de este tipo. Mauk destaca el programa de familias de acogida, y por eso grupos de etnia tienen que zonas urbanas del país pasan unas semanas al domicilio de una familia uigur. Según el periodista, estos programas servirían como herramientas de espionaje de elementos potencialmente subversivos a la región. Las familias han aportarían a las autoridades "pruebas para catalogar los uigurs" vigilados. "Se comunicaban cosas como si una persona no quería fumar, beber alcohol y comer cerdo", para así establecer si los ciudadanos de la región estudiados eran o no "peligrosos" para el Estado. Además de la vigilancia, según Mauk, se han aplicado fuertes políticas de control de la natalidad, hasta llegar en su punto de, tal como narra el periodista, "proponer la esterilización del 30% de la población femenina en edad fértil" de la región.

Interés geopolítico

Según destaca Mauk, las políticas del gobierno chino a Xinjiang tienen como claro objetivo el "desarrollo" industrial de una región tradicionalmente agrícola pero con un gran interés geoestratègic. La frontera de la región con Kazajistán es un espacio clave para el contacto de China con la región eurasiàtica y el desarrollo de planes internacionales cómo la Nueva Ruta de la Seda, que tendría que atravesarla.

La convergencia de grandes intereses políticos y económicos a la región han tenido efectos sobre la comunidad internacional, pero. Las preguntas sobre la situación a Xinjiang se han multiplicado últimamente en la actualidad parlamentaria norteamericana. Mauk, sin embargo, no confía en la repentina preocupación por los derechos del pueblo uigur de los representantes públicos de su país. "Sin la guerra por el liderazgo de la economía mundial entre EE.UU. y China seguramente muchos no se interesarían por esta situación", lamenta el periodista.

El cambio por la vía de la presión internacional es, además, muy complicado. Los intereses económicos, opina Mauk, son demasiado grandes para dejar margen de maniobra a empresas y gobiernos. El periodista recuerda cómo "después de que H&M se retirara de Xinjiang, desapareció de toda la Xina en unas 48 horas". "Soy pesimista – avisa Mauk – sobre las aportaciones que nosotros como individuos podemos hacer más allá de presionar cuerpos gubernamentales más grandes, pero actuar siempre llevaría consecuencias financieras".

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