Comprar un producto o externalizar un servicio puede ir más allá de un simple intercambio mercantil si detrás hay una empresa que ocupa a personas con discapacitados o riesgo de exclusión social. Es el valor añadido de las empresas sociales, un intangible adicional a los negocios que permite ayudar a colectivos desfavorecidos. Estas empresas se adaptan a las reglas del mercado y se vanten de ofrecer productos tan competitivos en calidad y precio como los de sus competidores pero con el valor añadido del compromiso social.
Maria José Pujol es fundadora y responsable de Icaria Iniciativas Sociales y del Business With Social Value, un marketplace que pone en contacto emprendidas mercantiles y centros especiales de trabajo para facilitar la entente y su conocimiento mutuo. Con una amplia trayectoria al sector, Pujol alerta que las ayudas públicas para personas con discapacitados han caído en picado los últimos años y que son un colectivo muy vulnerable con una elevada tasa de paro.
Pujol pone en valor la tarea de empresas como INOUT, un albergue con casi toda la plantilla integrada por personas discapacitadas que ha conseguido tasas de ocupación por encima de la media de Barcelona ciudad, o de empresas como ABUELOS, que apuestan por la contratación de servicios a centros especiales de trabajo. La empresa de alquiler de automóviles contrata desde hace 3 años los servicios de impresión para branding a un centro especial de trabajo. "Son muy buenos y te dan el mismo servicio. Siempre que podemos trabajar con este tipos de empresas lo hacemos", explica Joséphine Garcia, directora de RRHH de ABUELOS.
En este sentido, Pujol sostiene que si no tiene ningún coste adicional la gente se aviene a comprar a las empresas sociales, y que esencialmente hay un problema de conocimiento . "Somos poco de marketing y vendernos. La mayoría de empresas no conocen nuestra oferta a pesar de que es igualmente competitiva", lamenta Pujol. Recuerda que los ciudadanos cada vez deciden más a quienes compran en función de criterios como la procedencia de origen, la sostenibilidad o la inserción laboral de personas con discapacitado y que, por lo tanto, acreditar el trabajo con centros especiales de trabajo puede constituir un valor añadido por las empresas. "A la gente le gusta que su dinero sirvan por más cosas", asegura.
La buena reputación del compromiso social
Sergi Rufat es socio fundador de Tándem Social, cooperativa de consultoría para proyectos y empresas sociales. Considera que a nivel de concienciación ciudadana nos encontramos en el mejor momento que ha habido nunca. El adjetivo "social" disfruta de más buena reputación que nunca pero "todavía hay que conseguir que la gente lo valore todavía más, sea más crítica y exigente" para garantizar que, finalmente, la balanza se desequilibrio hacia el lado de los negocios sociales.
En este sentido, Rufat insta a luchar contra la falsa creencia que para ser social la calidad es menor. "Juegas a las reglas de mercado y tienes que competir en calidad y precio, y si no lo haces estás muerto, como todas las empresas". Igual que Pujol, afirma que todavía hay desconocimiento entre empresas mercantiles y sociales, y dificultades para hacer camino plegados entre un sector y el otro. En cualquier caso, pero lanza un mensaje esperanzador. "No puedo ser pesimista. Estoy convençudíssim que dentro de unos años las empresas serán sociales o no serán", concluye.
Empresas tan competitivas como las mercantiles
Inmenta es un proyecto socioempresarial en el ámbito del diseño y la comunicación web de la asociación Sazón-Prat –tambiéntiene en el sector de reformas y mantenimiento-. Concibe la reinserción mediante la formación y el contacto con la realidad laboral como vía para recuperar la autoestima, y está pensado para jóvenes con riesgo de exclusión social de 16 a 21 años con fracasos escolares muy prematuros o procedentes de procesos migratorios no acompañados. Ofrecen formación a los jóvenes y cuando están preparados los incorporan a la producción con contrato.
Marcelo Montori, coordinador de Sazón-Prat, explica que el hecho que sean una empresa de inserción es un elemento interno y que se adaptan a las reglas del mercado. "Primero somos una empresa, y tenemos que hacer un producto de calidad", añade. Montori explica que se encuentran con clientes que optan por su producto ante igualdad de plazo, precios y calidad, o bien incluso ante alternativas más económicas, por una cuestión de sensibilidad social, y que descartan entrar en la competición de reventar precios.