A estas alturas, probablemente no hay nadie que no conozca la margarita amarilla en la que Salvador Dalí forjó, hace ya medio siglo, el logo rojo de Chupa Chups. Tanto es así que prácticamente cualquier caramelo pinchado en un palo recibe esta denominación, una invención de la industria confitera que, si bien cuando la ideó el catalán Enric Bernat Fontlladonosa fue considerada una excentricidad, hoy es un reclamo para muchos jóvenes -y no tan jóvenes- de cerca de 160 países de todo el mundo. Se dice que la tercera es la buena y el caso de Chupa Chups lo corrobora, ya que este mítico caramelo nació bajo el nombre de Gol, para pasar a llamarse Chups y, finalmente, adoptar la denominación con la que es conocido en la actualidad; una evolución que le permitió, en tan solo una década de vida, alcanzar un volumen de ventas superior a los 1.000 millones de unidades al año.
Ahora bien, detrás de esta invención catalana de éxito hay todo un trasfondo que implicó a una compañía aseguradora, la Casa Batlló y, por supuesto, los esfuerzos de la familia Bernat para reflotar Chupa Chups, que acabó hace veinte años en manos de la compañía italiana Perfetti Van Melle, propietaria de otras marcas reconocidas mundialmente como Mentos, Bubbaloo o Trident. A continuación, un viaje por la historia de uno de los caramelos más populares del mundo.
Un "hombre orquesta" a contracorriente
Desde muy joven, Bernat Fontlladosa era, según fuentes consultadas por VIA Empresa, un “hombre orquesta”: después de asumir diversos roles en la compañía quesera Massanes i Grau -y de pasar por el servicio militar- impulsó, a mediados del siglo XX y con su mujer, Núria Serra, Productos Bernat, empresa productora de confites. Bernat contó con su exjefe como socio, Domingo Massanes, quien no tardó en ofrecerle dirigir la compañía de derivados de manzana Granja Asturias, de la cual reconvirtió la planta de producción para fabricar los primeros caramelos con palo.
Fue, pues, en la fábrica de Granja Asturias donde se fabricaron las primeras unidades de Gol el año 1958, para rebautizarlas dos años más tarde bajo el nombre de Chups. Esta última denominación supuso un éxito a todos los niveles y dio lugar al eslogan publicitario Chupa chupa chupa un Chups, directamente responsable del producto que conocemos hoy. Sin embargo, el cambio de dirección que vivió la planta de Granja Asturias y la consolidación del Chupa Chups llevó al resto de socios a abandonar la compañía en 1964 y, de rebote, convertir a Bernat en el principal accionista.
En 1967, Chupa Chups abrió la fábrica de Sant Esteve Sesrovires, operativa en la actualidad
“No hace falta enviar cohetes a la luna para innovar. Hay innovaciones de tipo comercial, como la de Chupa Chups, que han transformado una compañía apostando por un nombre más interesante”, reflexiona Oriol Amat en una conversación con VIA Empresa. En esta línea, Amat destaca “la intuición que siguió Bernat” de ofrecer los caramelos en un palo, en contra de muchos detractores que lo veían como un peligro para los consumidores más jóvenes: “Creyó que funcionaría y, efectivamente, así fue”.
Muy pronto, el tiempo le dio la razón a Bernat quien, ante el éxito del Chupa Chups, construyó una fábrica en Sant Esteve Sesrovires y comenzó en 1967 la exportación del caramelo. La fábrica está operativa hoy día y se suma al medio centenar de centros de operaciones y ventas que Perfetti Van Melle exhibe en su página web, con múltiples destinos como Bangladesh, Brasil, China, India, Nepal, Nigeria o Filipinas, entre muchos otros; sin embargo, tanto el centro de Sant Esteve Sesrovires como Perfetti Van Melle, con oficinas centrales en Países Bajos, Italia y Suiza, han declinado la participación en este reportaje.
En sintonía con la ambición de la compañía, Bernat encargó un nuevo diseño del logo de los Chupa Chups nada más y nada menos que a Salvador Dalí, quien dio lugar a la margarita amarilla que hoy conocemos y a uno de los activos más importantes para el empresario catalán. En las décadas posteriores, a pesar del aumento de competidores, que significaron un leve retroceso en las ventas de Chupa Chups, la compañía se expandió con centros productivos en Asia y América, hasta convertirse en una empresa con presencia en cerca de 150 países y unas ventas superiores a los 343 millones de euros.
Sant Petersburg, el crédito del ICF y la venta a Perfetti

Si bien se trata de una cifra considerable, cabe decir que refleja el retroceso económico de la compañía, que cerró el siglo XX con una facturación de 463,8 millones de euros y que se redujo gradualmente hasta los 205 millones en 2005. Años antes del declive, en 1991, Enric Bernat cedía el control de Chupa Chups a su hijo Xavier Bernat Serra. “La compañía empezó a ralentizarse y tuvo dificultades para continuar el crecimiento que había experimentado años atrás”, explica la periodista Mar Galtés en VIA Empresa, quien recuerda las aproximaciones -sin éxito- entre Bernat y el holding familiar Agrolimen, propiedad de la familia Carulla, para fusionar ambos grupos y continuar la actividad desde Catalunya.
En un intento de sanear las cuentas de la compañía, la familia Bernat dio un paso atrás con su incursión en San Petersburgo (Rusia), con la venta de su filial de pastelería, Chock & Rolls, a Danone Rusia por un importe de unos 20 millones de dólares. La operación se llevó a cabo en noviembre de 2003, coincidiendo con el primer aniversario de Juan José Pérez Cuesta como director general de Chupa Chups, compañía aún presidida por Xavier Bernat, y un mes después de la muerte de su padre, creador del imperio confitero.
El año 2000, Chupa Chups facturó 463,8 millones de euros, más del doble que en 2005 (205 millones)
El mismo año, y entre los esfuerzos por reflotar la firma confitera, los Bernat ejecutaron un plan financiero para revertir la situación económica de la compañía, que contó con la concesión de un crédito de 35 millones de euros a doce años por parte del Institut Català de Finances (ICF), avalado por la Casa Batlló. El edificio, diseñado por Antoni Gaudí entre 1904 y 1906, era la sede de la aseguradora Iberia Seguros, propiedad de los Bernat a través de Chupa Chups, que después de afrontar unos años críticos en la década de los noventa y de presentar un expediente de regulación sobre la totalidad de la plantilla, vendió el inmueble a la firma confitera.
El crédito del ICF supuso una operación clave en la reorganización societaria del grupo, después de un nuevo traspaso de la Casa Batlló, en esta ocasión de Chupa Chups a la familia empresaria. Entonces, la Casa Batlló se valoraba en unos 70 millones de euros, se acababa de abrir al público y rápidamente alcanzó los 30.000 visitantes mensuales, hasta convertirse en un icono catalán y una de las atracciones más visitadas en todo el estado español; de hecho, este jueves, con motivo de la diada de Sant Jordi, es probablemente el día que el edificio modernista más visitantes concentra. Sin embargo, el crédito del ICF no fue suficiente para remontar la compleja situación de Chupa Chups, que finalmente fue adquirida en el año 2006 por Perfetti Van Melle por un importe próximo a los 400 millones de euros.
“Un aspecto interesante de la venta es que muchas empresas familiares se venden a una multinacional que cotiza en bolsa, pero, en el caso de Chupa Chups, la venta se produjo a otra empresa familiar”, relata Amat, quien menciona las similitudes de la operación de la firma confitera con la actual situación que concierne a Puig, en plenas negociaciones con Estée Lauder. En medio de las especulaciones sobre las diversas posibilidades que hay entre ambas compañías de la industria de la cosmética, Galtés apunta que, como norma general, “en Catalunya no nos hemos creído que somos capaces de crear líderes mundiales”, a pesar de elogiar tanto la firma establecida en Hospitalet de Llobregat, como otros grandes referentes del tejido empresarial catalán, como Fluidra.
Los Bernat no han marchado de vacaciones
“He recibido condolencias y felicitaciones”, reconocía Xavier Bernat a Galtés, tal como recogía la periodista en La Vanguardia el año 2006, pocos días después de cerrar la venta de Chupa Chups. La compañía define este capítulo en su página web como el inicio en “una familia más numerosa”, que permitió disparar la producción de caramelos a máximos históricos, concretamente a más de tres millones de Chupa Chups diarios.
“Aquí nadie se irá de vacaciones más de la cuenta. Continuaremos vinculados al tejido industrial de Catalunya”, afirmaba Bernat entonces. Y así ha sido. Además de la gestión de la mencionada Casa Batlló, declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO y una parada obligatoria para muchos de los turistas que visitan la ciudad condal, los Bernat gestionan a través del holding Bernat Family Office las inmobiliarias Residencial Pineda Spring y Upside Investments, y una participación del 30% de la compañía logística Conway España. El holding, que tiene como accionistas a los cinco hermanos Bernat Serra, tuvo unos beneficios de 35,8 millones de euros en 2024, impulsados en gran medida por el favorable comportamiento del edificio diseñado por Gaudí.