Cómo ser una mujer emprendedora y no morir en el intento

Las empresarias apuntan las dificultades y retos que han tenido que superar por el hecho de ser mujeres a la hora de impulsar sus proyectos profesionales

Rosa Romero, piloto del 'rally' Dakar. HIMOINSA Racing Team
Rosa Romero, piloto del 'rally' Dakar. HIMOINSA Racing Team

Incomprensión por el hecho de ser mujeres en mundos considerados masculinos. Despidos por haberse quedado embarazadas. Actitudes paternalistas o protectoras por parte de los compañeros hombres. Y una cierta incomprensión por parte de los mismos entornos familiares. Estos son sólo algunas de las barreras que se encuentron las mujeres cuando deciden poner en marcha un negocio y proyecto propio. Este jueves por la tarde, el auditorio de Caja Foro acogerá la XX edición de los Premios FIDEM, que distingue a aquellas mujeres empresarias o ejecutivas que han tenido un papel relevante en las empresas de nuestro país, mujeres emprendedoras que tienen que hacer frente a las dificultades y retos propios de cualquier proyecto, como por ejemplo la dificultad para encontrar financiación o unos socios adecuados. Cómo ser una mujer emprendedora y no morir en el intento?

Cada emprendedora tiene un caso para explicar, pero todos los relatos se asemejan. Y todos incluyen la perseverancia, el empujón y la convicción como motores para saltar estas barreras y contribuir a hacer camino adelante hacia la igualdad. Así ha quedado de manifiesto a la mesa redonda Eva bajo la lluvia organizada porla asociación de mujeres empresarias WomUp, donde se han puesto sobre la mesa las dificultades que las emprendedoras tienen que superar y la manera como todas ellas han sabido convertir en oportunidades para salir adelante sus proyectos.

Marta Ros, por ejemplo, aprovechó la situación a la cual se vio abocada después de ser despedida cuando estaba embarazada de nuevo meses. De hecho, la situación la trajo a idear nuevas ideas de negocio que acabarían derivando en lo proyecto B-wom, del cual es hoy la cabe de producto y desarrollo. En cambio, Maria Fernanda González, CEO y fundadora de Moca Platform, dejó un trabajo estable "donde no hacía el que quería y me aburría" para impulsar un proyecto tecnológico propio que le aportara algo más.

Otro caso es el de Rosa Romero, gerente de la Fundación Nani Roma, que parecía destinada a ocupar un espacio en segundo término –es la mujer del famoso piloto- hasta que se plantó y decidió que ella también haría el rally París-Dakar en moto. Así se convirtió en una de las pocas mujeres que ha hecho esta cursa. "Al principio todo el mundo te pone muchas pegas, pero, por terca, al final te sales", asegura Romero, que sabe muy bien qué significa competir en un mundo dominado por los hombres.

Romero: "Al principio todo el mundo te pone muchas pegas, pero, por terca, al final te sales"

Por su parte, Gemma Sorigué, CEO y fundadora de Deliberry, trabajó en varios proyectos antes de poder hacer realidad el de su actual empresa. Ha sido un camino lleno de trabas que ha podido ir superando: "Se trata de ejecutar ideas y vas aprendiendo de los errores que te da la experiencia", afirma.

Las dificultades de la emprendeduría

Sorigué asegura que "nunca he sentido que tuviera menos oportunidades para emprender por el hecho de ser mujer", pero en cambio sí que ha sufrido más por las dificultades implícitas en la emprendeduría. Para la fundadora de Deliberry, uno de los retos más difíciles en sus proyectos empresarial siempre ha sido "como conseguir financiación". Para Ros, la dificultad radica al encontrar las personas adecuadas: "La gente que te encuentras por el camino puede llegar a ser un obstáculo, te tienes que rodear de gente que realmente te aporte algo positiva", dice. González, por otro lado, añade que hay que "rodearse de las mentes apropiadas" y así es posible salir adelante "cosas que parecen imposibles".

Otro aspecto que señalan todas las emprendedoras es la dificultad a la hora de delegar o pedir ayuda a los otros. Y es que es un disparo muy propio de las mujeres creer que tienen que demostrar que son capaces de hacerlo todo: "Yo no me daba cuenta que necesitaba pedir ayuda", confiesa González. Romero explica que por ella ha sido revelador entender que pedir ayuda a otro suponía "que alguien me enseñará algo nueva". Ros añade que "no siempre tienes la solución a la cabeza, por eso hay que compartir el problema. A veces encuentras soluciones cuando menos lo esperes".

Conciliar, la asignatura pendiente

Las emprendedoras que también son madres saben muy bien que salir adelante los hijos y el negocio supone una dificultad añadida. Encontrar la forma de organizarse y conciliar la vida familiar y laboral es otro de los retos que las mujeres viven con más presión que los hombres. Pero de esta barrera también han aprendido muchas cosas. González, por ejemplo, explica que tener hijos sirvió como motivación que la ayudó a organizarse mejor a la empresa. Por Ros, los hijos marcan el horario y a veces tiene que esperar que se duerman para ponerse a trabajar.

Sorigué: "Nunca he sentido que tuviera menos oportunidades para emprender por el hecho de ser mujer"

Emprender a menudo también comporta tener que fracasar para aprender. Lo saben muy bien las mujeres emprendedoras que han tenido que batallar para hacer realidad sus proyectos. "Los primeros tres Dakars que hice no los acabé. Esto te genera mucha frustración, pero después vuelves", explica Rosa Romero. Sorigué puntualiza que ser emprendedor comporta "ser de una determinada manera" que te predispone a volverlo a intentar aunque hayas fracasado un golpe y sea mucho llevar. En caso de crisis, el consejo, según Ros, es "hacer un paréntesis y pensar. Volver a abrir la mente".

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