La década de los ochenta del siglo pasado comenzó, en España, con una crisis industrial de gran magnitud. El aumento de los precios de la energía después de las crisis del petróleo de 1973 y 1979, la inflación, la caída de la demanda y la obsolescencia de una parte importante del aparato productivo pusieron en evidencia las debilidades de un modelo industrial construido durante el franquismo bajo fuertes políticas proteccionistas.
La voluntad y las exigencias para entrar en la Comunidad Económica Europea, que finalmente se produjo en el año 1986, aceleró la reconversión industrial. El mercado europeo exigía una industria más competitiva, capaz de afrontar la competencia internacional sin los aranceles y las barreras que hasta entonces habían sostenido muchos sectores de forma artificial.
Sin embargo, la reconversión industrial fue traumática y afectó especialmente a sectores como la siderurgia, la minería, la construcción naval, el textil, la metalurgia y determinadas actividades manufactureras. Cierres, expedientes de regulación, despidos y una profunda transformación del tejido productivo, sin precedentes.
Es en este contexto cuando emergen, con fuerza, las cooperativas de trabajo y las sociedades laborales. Ante la retirada de los propietarios o la quiebra de muchas empresas, grupos de trabajadores decidieron convertirse en protagonistas de su propio futuro y, los gobiernos y sindicatos, lo favorecieron activamente. Mediante las indemnizaciones, las prestaciones de desempleo capitalizadas o sus propios ahorros, muchos trabajadores aportaron capital para adquirir maquinaria, mantener la actividad y conservar puestos de trabajo que, de otra manera, se habrían perdido.
La reconversión industrial fue traumática y afectó especialmente a sectores como la siderurgia, la minería, la construcción naval, el textil, la metalurgia y determinadas actividades manufactureras
Aunque la forma jurídica societaria preexistente, más conocida y de larga trayectoria, era la cooperativa de trabajo asociado, se promovió un nuevo modelo: la sociedad laboral, una SA en la que los trabajadores tenían la mayoría del capital y eran, a la vez, trabajadores y accionistas. Esta última fue impulsada, especialmente, por los sindicatos, que podían, así, mantener la representación sindical y aplicar los convenios colectivos sectoriales. En la cooperativa de trabajo, esto no tenía cabida, dada la naturaleza societaria indisoluble de la figura del socio-trabajador, sin relación laboral por cuenta ajena.
No obstante, más allá de la fórmula jurídica escogida, todas estas experiencias compartían una misma idea: preservar el empleo, retener el conocimiento acumulado y mantener vivo un tejido productivo arraigado al territorio.
Muchas de estas iniciativas, desgraciadamente, no sobrevivieron a las dificultades iniciales. La falta de financiación, la necesidad de adaptarse a nuevos mercados de forma acelerada y la inexperiencia en la gestión empresarial, a menudo, fueron obstáculos difíciles de superar. No obstante, algunas lograron consolidarse y convertirse en ejemplos de éxito que han prosperado hasta nuestros días.
Es así como, hacia el año 1980, Talleres Alá S.A. dedicada a la industria auxiliar del automóvil y ubicada en el Vallès Occidental, entra en una profunda crisis y se acumulan impagos de salarios, proveedores y cotizaciones sociales. Al mismo tiempo, viendo que el propietario empieza a retirar maquinaria y activos de la fábrica, los trabajadores inician una movilización para evitar el desguace de la empresa.
Y es después de dos años de lucha, manteniendo de forma rudimentaria la actividad y la producción, sin cobrar salarios y con un enorme sacrificio, que una parte de los trabajadores decide crear una cooperativa de trabajo asociado en el año 1982, que nace bajo el nombre de Mol-Matric, combinando las palabras "moldes" y "matrices" y definiendo claramente su actividad principal.

Más de cuarenta años después, Mol-Matric continúa activa y competitiva en uno de los sectores más exigentes del mundo: la automoción. La cooperativa ha sabido adaptarse a los cambios tecnológicos, a las transformaciones de las cadenas de suministro y a las sucesivas crisis económicas. También ha diversificado su actividad hacia sectores como el ferroviario, las energías renovables y la maquinaria industrial de gran tonelaje.
Nos podemos preguntar cuáles han sido las claves del éxito de esta experiencia, que, de entrada, lo tenía casi todo en contra. ¿Cómo los socios fundadores de Mol-Matric, con una fuerte cultura sindical, asumen la aparente contradicción de reflotar y gestionar una empresa que estaba al borde del precipicio y salen adelante?
¿Cómo los socios fundadores de Mol-Matric, con una fuerte cultura sindical, asumen la aparente contradicción de reflotar y gestionar una empresa que estaba al borde del precipicio y salen adelante?
Seguramente los cooperativistas tenían algunas cosas básicas muy claras. Su propósito era, en una primera fase, defender y mantener los puestos de trabajo a largo plazo y en un futuro crear nuevos, dejando el mejor legado posible a las futuras generaciones de cooperativistas. Y para ello era necesario disponer de una empresa cooperativa competitiva. Sin competitividad no hay empleo que preservar.
La autogestión demanda responsabilidad y eso es lo que asumieron los trabajadores, a la vez también propietarios y gestores. Trabajar mucho y reinvertir los resultados en lugar de repartirlos, para capitalizar el proyecto y apostar por la innovación permanente y diversificar hacia nuevos sectores.
Y, sin duda, el papel de referentes de las primeras generaciones de socios, que ejercieron un liderazgo con autoridad moral, a partir de la credibilidad ganada primero como líderes sindicales y después cooperativos.
Salvando las distancias, siguiendo un poco el espíritu que impulsó las cooperativas industriales de Mondragón en la década de los cincuenta del siglo pasado: crear empresas cooperativas sólidas y rentables para generar empleo de calidad y ser sostenibles a largo plazo.
Esta es, probablemente, la gran aportación de Mol-Matric: demostrar, casi la cuadratura del círculo, reconvirtiendo una empresa industrial decadente en una cooperativa exitosa a partir del liderazgo de sindicalistas comprometidos con el mantenimiento del empleo a largo plazo.