"Somos aceite, agricultura, molino, tradición, calidad y experiencia". Judith March Solé es la séptima generación al frente de Olis Solé, unos productores de aceite de Mont-roig del Camp que se remontan a 1825. Más de 200 años después, elaboran unos 100.000 litros al año y exportan su aceite de oliva virgen extra desde Taiwán hasta México. Incluso algunos de sus productos han recibido premios internacionales: "Es un orgullo poder decir que en un pueblo de 14.000 habitantes se hace el mejor aceite del mundo".
De vender a granel a crear una marca propia
Los orígenes documentados de Olis Solé comienzan en 1825, cuando los antepasados de los actuales propietarios, Francisco Bargalló y Maria Gassó, arrendaron las prensas del común de Mont-roig pagando siete duros. "Es la primera campaña que tenemos conocimiento de que empezamos a hacer aceite. Y, desde entonces, no se ha parado nunca", explica Judith. Así lo acredita la documentación que encontraron en la masía familiar, que data de 1801 y que todavía hoy es uno de los centros neurálgicos de la empresa. Unos documentos escritos "todos en catalán antiguo", enfatiza.
Las generaciones familiares fueron pasando por la elaboración del aceite, que durante las primeras décadas era sobre todo para el consumo propio y para hacer intercambio con otros vecinos del pueblo. Era lo habitual: "Las familias que tenían tierras y olivos, hacían su propio aceite. Y lo cambiaban por los que tenían trigo u otros productos". No fue hasta 1955 cuando se empiezan a comercializar su propio aceite, a granel y envasado, pero sin ninguna etiqueta identificativa.
Judith March: "Antes el aceite catalán se vendía a granel y la mayoría iba a Italia"
A principios de los ochenta, Olis Solè embotella y etiqueta su propio aceite para comercializar. Todavía lo recuerda Judith: "Tenemos el recuerdo de ver cómo mi abuelo llenaba a mano cada envase, y poniendo las etiquetas". A partir de este momento, la empresa toma dos caminos que serán fundamentales para el futuro del negocio: todo el aceite que elaboran pasa a ser aceite de oliva virgen extra y crear y promocionar una marca propia. "Antes se hacía cantidad y no calidad", resume Judith. Así, empiezan a tener en cuenta el punto óptimo de maduración o la extracción en frío. Sobre la potenciación de la marca, fue también uno de los precedentes de la creación de las denominaciones de origen protegido, como la de Siurana, que el abuelo de Judith ayudó a crear: "Antes el aceite catalán se vendía a granel y la mayoría iba a Italia".
De Mont-roig del Camp a más de 25 países

A menudo fue gracias a los visitantes que Olis Solé y otros productores del territorio se daban cuenta de la calidad de su producto: "Los extranjeros venían a nuestra tienda y se volvían locos cuando probaban el aceite de oliva virgen extra. Nosotros lo consumíamos cada día, lo teníamos normalizado". La familia vio que tenía un tesoro entre las manos. Y lo han podido llevar por todo el mundo: hoy en día exportan entre el 30 y el 40% de la producción a más de 25 países de todo el mundo, entre los que destacan Taiwán, Canadá, México, Costa Rica o Hong Kong. Una expansión construida a base de "picar mucha piedra", de la "fidelización de los clientes" y del "boca-oreja", pero también de la proximidad propia de una empresa familiar: "Poder decir que te coge el teléfono un Solé genera mucha confianza y tiene un valor añadido".
Y la calidad del producto. No solo lo dicen ellos o los consumidores, también han sido reconocidos en certámenes internacionales y algunos de sus aceites han recibido el premio de mejor del mundo. "Somos siete generaciones dedicadas al cultivo de los olivos y a la elaboración de virgen extra en Mont-roig del Camp. Y es lo que intentamos llevar a escala internacional", destaca Judith.
Sin agricultores no hay aceite

Más allá de los premios y de las exportaciones, Judith tiene claro que el futuro del sector pasa por mantener vivo el territorio: "Si no fomentamos el relevo generacional y los pequeños productores, hemos bebido aceite". Una parte de las olivas que elaboran provienen de sus propias fincas y otra de agricultores de la zona, un trabajo que reivindica especialmente: "Tiene mucho mérito conseguir esta producción y queremos reconocer el esfuerzo de todos los agricultores de la zona".
La séptima generación de los Solé defiende que proteger a los pequeños productores es también proteger el paisaje. "A la gente le gusta hacer turismo y encontrarse el territorio cuidado, pero si no fomentamos el relevo generacional y no apoyamos la agricultura, lo perderemos", alerta Judith, que añade: "Este verano hemos visto varios incendios al mismo tiempo. Si promoviéramos que las tierras estuvieran llenas de viña, olivos, frutales o ganadería, muchas de estas situaciones no pasarían". Por eso reclama más colaboración entre productores, administraciones y grandes superficies para dar valor al producto local y evitar que la guerra de precios acabe perjudicando a quienes mantienen vivo el campo catalán.
Judith March: "Llevamos un trocito de Mont-roig del Camp a todas partes del mundo"
Mientras tanto, Olis Solé continúa fiel a una manera de hacer que acumula más de dos siglos de historia. Producción controlada desde el árbol hasta la botella, aceite de oliva virgen extra 100% natural, certificaciones internacionales y una empresa que todavía hoy continúa siendo familiar y mantiene "el amor y la pasión" por levantar cada día la persiana. El objetivo es "llevar un trocito de Mont-roig del Camp" a todas partes del mundo: "Continuaremos arraigados a nuestros orígenes y a nuestra identidad".
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