Rolser, la tradición y sostenibilidad del carrito de la compra

La empresa de Pedreguer es todo un ejemplo de resiliencia y perseverancia, puesto que ha superado grandes errores en la diversificación de productos y un incendio que devastó la fábrica

La família Server de la empresa Rosler | Cedida
La família Server de la empresa Rosler | Cedida

Rolser es una de las marcas de carritos de la compra -también para otros usos!- más conocida del mundo. Empezaron en los años 60, pero su trayectoria se mantiene inmutable sobre cuatro pilares: innovación, diseño, sentido práctico y máxima calidad. Esto les permite facturar 16,3 millones de euros por año y dar trabajo a 110 trabajadores directos en la fábrica de 21.000 metros cuadrados en Pedreguer (Marina Alta, Alicante), desde donde salen los productos hacia más de 60 países. Si una filosofía les ha acompañado durante décadas, es la de "reinventarse y volver a empezar". Esta es la historia de una empresa que, contra viento y marea, ha tenido éxito siendo fiel a su gente, trabajadores y consumidores.

Una petición de los austríacos Spar

Todo empezó de la mano del matrimonio Server-Pérez, dedicado a la industria de la pasa, que tuvo que reinventarse entrando en la artesanía y la palma con un negocio de capazos y sombreros. El año 1971 llegó la revolución: la marca austríaca Spar se implantó en el Estado español como primera cadena de supermercados con un nuevo formato de compra basado en el autoservicio; ya no era el tendero quien daba al cliente el que pedía a granel. Encargaron a Rolser la fabricación de una herramienta que facilitara a los consumidores esta nueva manera de comprar y así nació el carrito de la compra.

"Reinventarse. Crecer. Evolucionar. Volver a empezar" es el lema y clave de éxito de Rosler

La empresa de Pedreguer no se contentó con ese primer cliente y, con visión de futuro, publicó su primer catálogo con tres modelos de carritos y lo envió a diferentes cadenas de distribución. El extinto grupo de grandes almacenes Galerías Preciados ordenó el primera gran pedido. "Reinventarse. Crecer. Evolucionar. Llegar al objetivo y, una vez conseguido, volver a empezar", es el lema de Rolser. Así, capazos y sombreros quedaron al margen y la empresa de Pedreguer pasó a fabricar sólo el nuevo producto estrella.

"Era una cosa nueva que costó un poco de introducir. Primero llegó a las ciudades grandes; en los pueblos costó más", explica el consejero delegado y cofundador de Rolser, Joan Server, hijo del matrimonio Server-Pérez. Admite que él no ha "inventado el carrito", pero sí que tienen "una gran cantidad de patentes" relativas a sistemas de plegado y otros conceptos de transporte. "Hemos sido renovadores", afirma, orgulloso. El nombre de la empresa viene de rol-ling (objete rodando) y el apellido de los fundadores Ser-Ver.

El carrito, "un elemento de lucha" contra el plástico

Server no esconde que "cuando salieron las grandes superficies y la gente iba a comprar en coche a los hipermercados", se "asustaron". Los malos presagios no se cumplieron y ahora ve optimista la reducción del uso de los plásticos en la compra y como una oportunidad. "Cuando se empezaron a cobrar las bolsas ya experimentamos un crecimiento de las ventas que esperamos que ahora también se produzca", sostiene.

Rosler ve como una gran oportunidad la tendencia de la reducción de plásticos a la compra y la obligación de pagar las bolsas a los supermercados

Pero no habla sólo de su propio beneficio, sino de la necesidad de andar hacia una sociedad más sostenible: "El problema de la desaparición de la bolsa de plástico en la caja es que no evitamos nada. Nos dan una gran cantidad de plástico en la carne, en el pescado, en la leche... estamos gastando toneladas en otras cosas que le hacen más daño al medio ambiente. Pienso que el carrito puede ser un elemento de lucha contra esto". De hecho, Rolser organizó recientemente la jornada #ThinkGreen con el objetivo de reducir el uso del plástico.

Una acción actual de la compañía es fomentar el uso del carrito de la compra entre la gente más joven y otros usos. "También es para transportar cosas que no sean muy grandes, para ir a hacer un picnic al campo o a la playa, para ir al gimnasio... Estamos haciendo muchas campañas en esta línea. En los Estados Unidos, donde estamos entrando ahora desde cero, es más fácil enseñarles todos los usos desde cero. Allí es útil para llevar la ropa a la lavandería, por ejemplo, porque no tienen lavadora en casa. Aquí cuesta más explicarlo", asegura el consejero delegado.

En todo caso, se muestra orgulloso del hecho que el carrito sea muy utilizado entre la gente mayor y las que tienen "unas limitaciones" porque así hacen "una función social". Y cree que les favorece la tendencia entre los jóvenes de volver a comprar en el mercado y directamente a los agricultores.

Problemas: diversificación con un mal comienzo y un grave incendio

Hablamos de Rolser y pensamos en carritos -de la compra o por otras cosas, pero carritos, al fin y al cabo-; ahora bien, la diversificación ha sido un hito importante en la evolución de la empresa de Pedreguer. Hoy también fabrican escaleras y centros de planchado por "oportunidades" que se presentaron (empresas de la contornada que tenían "dificultados" y las acabaron absorbiendo). Aun así, el camino no ha sido fácil. "Siempre digo que las empresas son fracasos, que después se convierten en mejoras importantes", observa Joan Server con humildad.

Así confiesa una de los peores errores que vivió la empresa. Cuando hicieron la inversión en la fábrica de escaleras de aluminio, al producto se lo hundían los peldaños. Tenían una calidad que se alejaba mucho la excelencia que caracteriza Rolser. "Fue un fracaso", admite el consejero delegado, y añade: "Tuvimos que recoger el material de las tiendas porque no podíamos consentirlo. Entonces hicimos una escalera que era la mejor de todas, y que es la que todavía vendemos". Conscientes que la imagen que habían dado era muy mala, lanzaron una campaña de publicidad muy llamativa que decía: "La escalera Rolser supera la prueba del elefante". En efecto, un paquidermo descansaba la pata y la trompa sobre los peldaños.

Otro obstáculo que tuvo que superar Rolser, a pesar de que este fue por infortunio, fue un grave incendio que quemó la práctica totalidad de la fábrica. Los Server, hundidos, pensaron en cerrar la empresa; los trabajadores, en cambio, se opusieron y entre todos -familia fundadora incluida-, "limpiando de día y por la noche", "en poco tiempo estaban trabajando cómo si no hubiera pasado" nada. "Siempre estaremos agradecidos a los trabajadores por los ánimos que nos dieron y por todo el trabajo que hicieron para volver a arrancar", destaca el cofundador. Ya lo decía el lema de la empresa: "Reinventarse. Crecer. Evolucionar. Volver a empezar".

Una empresa familiar, "cuanto más se asemejo a una empresa convencional, mejor"

Hemos visto que la tozudez, la perseverancia y la resiliencia son tres adjetivos que definen muy bien el equipo de Rolser. Cuando Joan Server se hizo cargo de la empresa en 1966, tenía una deuda de 800.000 pesetas. Dice que "trabajando mucho" superaron el agujero y que todos los beneficios que se han obtenido se han reinvertido en la compañía (maquinaria, instalaciones, reconstrucción de la fábrica incendiada...); hace sólo tres años que empezaron a realizar dividendos.

El consejero delegado tiene claro que, una vez consolidada la empresa familiar, "cuanto más se asemeje a una empresa convencional, mejor": "Tiene que haber un consejo de administración, unos accionistas y saber separar el hecho de ser familia, ser trabajador y ser socio".

Ahora Joan Server (Pedreguer, 1951) está inmerso en el que dice que es "el gran reto", "el cambio generacional". Él ya está "casi jubilado" y quiere que la "gente joven" se haga cargo de la dirección y de todos los proyectos.

Uno de los que tendrán que asumir será la internacionalización de la empresa. Hoy venden a 60 países y los principales compradores fuera del Estado español son Francia, Alemania y Japón; además, tienen una planta de producción en el extranjero, pero Server prefiere no concretar dónde. El consejero delegado saca pecho y dice que, donde "más orgulloso" está de vender, es en la China: "Allí es como un artículo de lujo y, de alguna forma, vamos a casa del competidor. Es un reto y una alegría". También continuarán investigando nuevos formatos de carritos: ya están trabajando un carrito de golf y una maleta de cabina para el avión. En la línea de Rolser: "Reinventarse. Crecer. Evolucionar. Volver a empezar".

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