Más de 40 años de su fundación, Parcs Aquàtics de la Costa Brava continúa animando los veranos en Catalunya. Sus espacios, Water World y Aquadiver, reciben cerca de 335.000 visitantes anuales y facturan alrededor de doce millones de euros. Y lo que es más importante: la pandemia, las sequías y el cambio climático han forjado una capa de impermeabilidad en un negocio que hoy parece difícil que tambalee. Las cifras cuadran, la gente no deja de venir (cada vez desde más lejos) y ambos parques se han consolidado con tanta solidez que casi ya no requieren publicitarse. Actualmente, la plantilla consta de 32 trabajadores, los cuales se disparan a los 275 durante la temporada alta.
Cabe decir, sin embargo, que la distribución de este éxito es bastante desigual. Es Water World —la "joya de la corona", según Julià López-Arenas, director de la compañía— quien aporta más de dos tercios de los asistentes totales (unos 225.000) y de los ingresos (entre 8 y 8,5 millones de euros). Más aún después de su última apuesta, Tornado King, inaugurada el año pasado con motivo del cuadragésimo aniversario y que ha sido galardonada a escala europea y mundial gracias a la propuesta adrenalínica que supone el doble tornado con 100% de inclinación. Situada en la entrada del recinto, es claramente la atracción que reúne más visitantes desde el curso pasado. La apertura, además, fue oportuna, dado que se produjo en un momento de impás. "2025 fue un año en el que otros parques acuáticos notaron un cierto estancamiento por primera vez después de la covid-19, pero Water World resistió gracias a ella", admite López-Arenas a VIA Empresa.
Si bien el 2025 fue el gran aniversario del espacio de Lloret —uno de los más grandes de Europa, con 150.000 metros cuadrados—, el 2027 será Aquadiver, en Platja d'Aro, quien sople las 40 velas. "Incorporaremos cuatro nuevos toboganes diseñados por ProSlide, la misma empresa que ha fabricado el Tornado King", apunta López Arenas, quien espera que esta novedad les permita dar "un salto" después de una temporada en punto muerto.
No obstante, la idea de la compañía no es hacer competir los dos espacios. A raíz de la pandemia, el perfil de visitante de los dos espacios ha quedado bastante diferenciado. Aquadiver mantiene un objetivo de visitante claramente familiar, y aproximadamente un 55% de su público es nacional; a su vez, Water World se ha convertido en un espacio mucho más heterogéneo, aún con familias nacionales, pero con un gran peso de asistentes extranjeros de todas las edades. "Es difícil saber qué tipología de visitante tiene", reconoce un López-Arenas que sí incide en un detalle: cada vez hay más barceloneses. "Water World ha sido redescubierto por gente de la zona metropolitana de Barcelona que ahora no tiene problemas con desplazarse en coche hasta Lloret", comenta.
El fantasma es climático
Con dos lugares tan afianzados, la competencia no parece representar un riesgo relevante. Es la climatología quien amenaza con más fuerza. Al menos, así lo concluyó López-Arenas hace ocho años, cuando detectó que la salud de la flora de sus parques disminuyó: "Pensamos que los pinos tenían alguna enfermedad, pero unos especialistas nos confirmaron que solo sufrían estrés hídrico a causa de la falta de lluvias". Los siguientes años, Catalunya encadenó varias sequías que complicaron la disponibilidad de agua. Si bien esta crisis no afectó la viabilidad del negocio, dado que los parques acuáticos trabajan con circuitos cerrados, sí generó problemáticas derivadas.
Por ejemplo, la empresa de López-Arenas decidió recortar el consumo de agua de sus espacios: reconvirtieron la zona ajardinada de los parques y sustituyeron las flores de temporada por unas de la zona. Adicionalmente, hace dos años comenzaron a reutilizar las aguas de limpieza de filtros de los parques para implementarla en los riegos. "Contrariamente a lo que se puede pensar, el consumo en las piscinas y toboganes es muy bajo; donde más agua dedicamos es a las zonas ajardinadas", destaca el director. ¿El resultado? Ya han conseguido recortar el consumo de agua un 13%-14%.
La sequía no supuso un reto de viabilidad de negocio, pero golpeó con una disminución de visitantes extranjeros
A pesar de que son más sostenibles, las sequías castigaron los parques acuáticos por otra razón fuera de su control: el boca a boca. "El mercado francés bajó mucho porque se habló mucho de las restricciones de agua de la Costa Brava, y eso provocó que no hubiera la ocupación que se esperaba", recuerda López-Arenas. Así, el dirigente tiene claro que la próxima sequía volverá a golpear por este lado, y no porque Water World o Aquadiver se queden sin suministros. A todo esto hay que sumar las olas de calor, cada vez más frecuentes. "Nos podría afectar el día que el turismo deje de visitarnos porque aquí no se pueda estar", lamenta.
Un horizonte de estabilidad
A diferencia de muchas empresas que aspiran a crecer, Parcs Aquàtics de la Costa Brava ya disfruta de una posición muy cómoda en su sector. En todo caso, aspira a diversificar su facturación. "La tendencia es perder un pequeño porcentaje de visitantes, que no de facturación, porque hemos actualizado mucho nuestras tarifas", comenta López-Arenas. No se han planteado ninguna ampliación de espacio de Water World ni Aquadiver, ni tampoco aumentar el número de atracciones. Aparte de los cuatro toboganes que quedan por construir en Aquadiver, la cifra actual de 23 propuestas parece suficiente para sostener el negocio. En el caso de Water World, que tiene 35, el director avanza que a partir del próximo lustro empezarán a reemplazar algunas de las atracciones más antiguas.
La idea también es mantener la facturación. La empresa estima mantener un ritmo de entre 12 y 12,5 millones de euros anuales entre los dos espacios, y quiere sustituir la caída de visitantes proyectada con experiencias premium. Desde el año pasado, en Water World se ha introducido la opción de acceso rápido (fast pass, en inglés) por un coste adicional de 35 euros, que asciende el importe de la entrada a los 75 euros. Ahora bien, con un compromiso: nunca superar el 10% de la ocupación total del parque. Por ejemplo, en una jornada de 3.000 visitantes, Water World solo pone a la venta 300 pulseras de acceso rápido. "Hemos visto que algunos parques de atracciones han sido muy criticados porque a pesar del sobrecoste, todavía se forman colas en las filas fast pass", observa López-Arenas.

Por otro lado, el año pasado también introdujeron siete zonas vip junto a la piscina de olas y una tarifa diaria (entre 4,75 y 6 euros en Aquadiver; 6 euros en Water World) en el parking, que hasta hace poco era gratuito. "Antes era libre, pero no vigilado; ahora hemos habilitado 92 cámaras de videovigilancia", justifica el director, que asegura que el público ha mostrado una "gran acogida" a estos nuevos productos.
Cada año, la gerencia revisa los posibles choques externos que pueden descuadrar los números a finales de año. Y por ahora, aparte de la amenaza climatológica, el principal miedo es la compresión de la temporada. Mientras que parques de atracciones como el Tibidabo y PortAventura han podido desestacionalizar cada vez más su espacio, Aquadiver y Water World tienden a concentrar más la demanda. "En el Aquadiver, antes la gente empezaba a venir a partir de Sant Joan. Actualmente, la temporada comienza del 10 de julio al 30 de agosto", explica el responsable.
¿Y en el caso de Water World? Solo ganan cinco días más. Y siempre por el comienzo (es decir, el 5 de julio), dado que septiembre es un mes "imposible" para atraer visitantes. Todo ello les ha llevado a cerrar muchas semanas tanto previas como posteriores a las vacaciones de verano: "En el caso de Water World, todavía abrimos en mayo, pero con el Aquadiver no nos da ni para cubrir el mínimo". Es una dinámica contradictoria al cambio climático, que ha alargado los días tradicionales de calor. "¡Ya nos gustaría desestacionalizar como hace el resto!", remacha el director de la compañía. De momento, es el único deseo que no ha podido hacer realidad.
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