Escollir una peça de roba també comporta una decisió econòmica | iStock
Escollir una peça de roba també comporta una decisió econòmica | iStock

El coste de oportunidad

Un concepto básico en Economía que permite repensar sobre las cosas que se han dejado de hacer o las que se han ahorrado perder

¿Alguien me sabría decir cuál es el coste de oportunidad de estar confinados? Es decir, ¿cuál es el valor de la mejor opción no realizada? ¿Aquella reunión que nos han aplazado? ¿La comida que no hemos podido realizar? ¿La fiesta a la cual no hemos asistido? ¿Los salarios que no percibiremos? ¿Los ingresos que ya no volverán? ¿Ese es el coste de oportunidad de estar enjaulados? Pero cuánto!? Me lo pregunto cada día como un hámster, sin salir de la rueda.

Cuando estudiaba Bachillerato, el matemático Paco Contreras nos explicaba el coste de oportunidad con la elección, tan pusilánime, de quien tiene que comprar un jersey o unos zapatos en Zara y no sabía qué elegir. ¿Cuál era el valor de la mejor elección no realizada? ¿Qué te perdías si hacías una cosa y no otra? No es fácil elegir. Las elecciones comportan muchas consecuencias. Lo sabemos, lo estamos viendo cada día.

Después de un día rumiando, le hago la pregunta a uno de nuestros economistas de cabecera, José Maria Gay de Liébana, con quien hace unas semanas me había citado cerca del mar sin saber que aquella sería la última vez que vería la playa antes de toda esta situación. No, no podemos entrevistarnos presencialmente, ni podemos hablar ahora, justo en este momento, porque tengo un bebé de trece meses dando pasitos en bucle por el comedor. Pero si, en su mensaje de texto, el economista sí que opina que la cifra es astronómica. "La parada del PIB, la caída de inversiones, los dividendos que no se repartirán, la ocupación que se destruirá, la no creación de ocupación que supondrá otro coste más añadido. Si a este coste de oportunidad en cambio le intentamos contrarrestar el impacto económico negativo que serán las nuevas oportunidades que se abren, como el descubrimiento del teletrabajo, se podría relativizar... ", argumenta.

No, no es alentador. Es crudo. Realista. Intangible pero capaz de hacernos sentir un puñetazo en la barriga. A pesar de esto, el economista añade, para relajarme, que "esto será simplemente una tormenta más o menos primaveral que durará lo que dure hasta que acabe el coronavirus o, mejor dicho, hasta que lo tengamos controlado". Primaveral, tormenta. El poder de las palabras. La calma en dos pasos.

El (mío) coste de oportunidad -de haber preguntado a Gay de Liébana- es la ignorancia. Y alguien, ahora, ¿sabría evaluarla?

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