La necesaria digitalización de la floristería para sobrevivir

Los floristas tienen claro que, a pesar de ser un sector muy tradicional, se tienen que adaptar a la transformación digital y a los nuevos hábitos de consumo

La venda de flors online obliga a les floristeries tradicionals a transformar se alhora que apareixen nous models de negoci | Cedida La venda de flors online obliga a les floristeries tradicionals a transformar se alhora que apareixen nous models de negoci | Cedida

"Las tiendas que están de cara al público acabarán desapareciendo y todo se hará online. Y las floristerías se convertirán todas en talleres florales". Así de claro ve el futuro de las floristerías Maria del Mar Duran, tercera generación de Floristalia, nacida en 1950 a la Calle Mercat de l'Hospitalet de Llobregat. Una floristería que en sus setenta años de historia se ha tenido que transformar, adaptándose a la digitalización y apostando más por la venta online que por la tienda tradicional. Una transformación digital del sector que ha llevado también a la aparición de nuevas startups y modelos de negocio como Colvin, una floristería nativa digital.

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Colvin nace hace tres años con la idea de revolucionar el ámbito de las flores, "un sector muy grande a escala global pero muy fragmentado en pequeñas empresas y también bastante analógico, donde ha habido muy poca innovación durante muchos años", explica Andrés Cester, CEO y cofundador de la startup. Una oportunidad de negocio que Colvin supo detectar para rediseñar el sector "principalmente a través de la tecnología y la logística".

Con la digitalización, Floristalia se ha convertido más en un taller floral que en una tienda tradicional

Colvin tiene la ventaja que es una empresa nativa digital, lo cual permite "plantearlo todo desde cero, puesto que no hay nada que esté escrito", afirma Cester a VIA Empresa, a la vez que añade que "normalmente somos gente que no entendemos mucho del sector pero sí de tecnología y de cómo esta puede dibujar nuevos modelos de negocio". Un beneficio que no tienen las floristerías tradicionales, que tienen que saber adaptarse de forma rápida a este nuevo entorno digital si quieren sobrevivir.

Duran tuvo claro hace unos diez años que tenía que hacer algo con la floristería que habían arrancado sus abuelos y que después había cogido su madre. "Hasta que no lo cogimos mi marido y yo, Floristalia era el típico comercio tradicional que abría de cara el público y lo poco que se hacía a distancia era venta telefónica", explica Duran. Una transformación del modelo de negocio de Floristalia que los ha llevado a dar más importancia a la venta a través de su página web que a la tienda: "Antes se abría a las 5 de la mañana y se cerraba a las 8 de la noche de lunes a domingo, y ahora hemos reducido el horario y sólo abrimos entre semana. Nos hemos convertido más en un taller floral que en una tienda tradicional", afirma la empresaria.

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Ahora bien, mientras que Floristalia ha pasado de ser un establecimiento tradicional a enfocarse cada vez más en la venta online, Colvin nació como un ecommerce de flores y ha acabado abriendo una tienda física: "El mundo digital y el mundo del comercio de toda la vida no son mundos aislados, sino que se cruzan, y el negocio online se beneficia de tener una tienda y a la inversa", señala Cester. De hecho, la startup empezó online porque hay menos barreras de entrada pero con el tiempo se dieron cuenta de que necesitaban acercar la marca a la gente con un establecimiento a pie de calle.

Duran: "La subida del IVA, en medio de la crisis económica, nos afectó mucho porque el incremento en los impuestos lo acabamos soportando los floristas"

Tradicionalmente el de las floristerías era un sector con muchos establecimientos en la calle, pero la transformación digital y la subida del IVA que se realizó en 2012 hicieron sufrir mucho a los floristas. De hecho, hasta aquel año, las flores, las plantas vivas de carácter ornamental, y las semillas, bulbos y otros productos tributaban al 8%. "Esta subida del IVA, en medio de la crisis económica, nos afectó mucho porque el incremento en los impuestos lo acabamos soportando los floristas", explica Duran. Un hecho que, aunque se revirtiera tres años después, "hizo que cerraran muchas floristerías", añade.

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Pero este no ha sido el único factor que ha propiciado una bajada del número de floristerías, sino la poca preparación del sector para las nuevas necesidades de un cliente cada vez más digital. "La digitalización es una realidad, un hecho innegable que afecta a todas las empresas, sean floristerías, mercados o pescaderías. Y las compañías que descuiden demasiado la parte digital, tendrán más problemas para salir adelante", augura Cester. Un punto en el cual coincide Duran, al afirmar que "el futuro es digital y, al final, todos compraremos cualquier cosa por Internet".

Cester: "El sector de las flores es muy fluctuante y la tecnología ha conseguido suavizar los picos de ventas durante el año"

Y es que los hábitos de consumo de los clientes también han cambiado con la tecnología, rejuveneciendo un sector que tradicionalmente contaba con un público más mayor. "Antes la gente joven no regalaba tantas flores y ahora esto está cambiando porque Internet ha facilitado la compra", apunta Duran. Además, a pesar de que el sector de las flores es muy fluctuante, con días marcados del año en los cuales se incrementa mucho la demanda, como es San Valentín, Sant Jordi o el Día de la Madre, "la tecnología ha conseguido suavizar estos picos de ventas", concluye Cester.

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