En Catalunya, desde los primeros años del siglo XX, y propiciada por el fuerte crecimiento industrial, el desarrollo de la generación y de la red eléctrica ha acompañado y dado servicio a las crecientes necesidades de la misma, que no han parado de aumentar desde entonces. De hecho, a día de hoy, es la comunidad autónoma con mayor demanda eléctrica de todo el país.
Desde las primeras centrales hidroeléctricas (citaré a La Canadiense como referencia), se incorporaron posteriormente térmicas de carbón y fueloil, nucleares, dando paso después a centrales de gas (tanto de ciclo combinado como cogeneraciones) y la última ola, constituida por renovables (eólicas y fotovoltaicas, principalmente).
Hoy por hoy, en España encontramos un mix de producción eléctrica altamente diversificado, con centrales de casi todos los tipos mencionados, a excepción de las de carbón, que prácticamente han desaparecido (quedando únicamente los vestigios de las mismas, como les Tres Xemeneies en Barcelona), por el fuerte componente de polución que acarreaban a sus espaldas. Cada una de las supervivientes presenta unas características diferentes, con pros y contras (seguridad de suministro, variabilidad, flexibilidad, firmeza, estabilidad, precio, residuos, emisiones al medioambiente, precio del combustible, etc.).
"A día de hoy, Catalunya es la comunidad autónoma con mayor demanda eléctrica de todo el Estado"
No es mi intención hacer apología de ninguna ni desglosar sus ventajas e inconvenientes (todas tienen de ambas), ya que es un tema en el que las opiniones están fuertemente polarizadas, y a menudo politizadas. Pero sí me gustaría hacer una reflexión sobre algunos aspectos que pueden llegar a ser preocupantes en el Principado.
El primero de ellos es que, de acuerdo a los datos que ofrece Red Eléctrica de España, operador de la red eléctrica de transporte, mientras en el conjunto del Estado se ha pasado en los últimos quince años de producir con energías renovables el 31% de la electricidad al 55% del año pasado, en Catalunya este porcentaje ha aumentado tan solo del 15 al 18%, llegando como máximo al 21% de algún año intermedio. Las razones de este aumento tan lento comparado con otros territorios podríamos buscarlas, entre otras razones, en una fuerte contestación social a la implantación de dicho tipo de instalaciones, que se tradujo en una legislación autonómica poco proclive a las mismas.
Esto ha ido acompañado de un crecimiento de la energía generada mediante los tres reactores nucleares instalados en Tarragona, los cuales han aumentado desde un 50% de 2011 a un 57% en 2025. Esto, per se, no sería especialmente grave si no hubiera actualmente vigente un plan para el cierre de dichas centrales nucleares, comenzando las fechas previstas de cese de funcionamiento por Ascó I en 2030, seguida de Ascó II en 2032 y de Vandellòs en 2035.
Si hacemos la cuenta de la vieja, se debería poder sustituir en menos de diez años el 57% de la generación por otros tipos que apenas han crecido un 3% en quince años. Esperemos además que las cada vez más frecuentes situaciones en las que dichas centrales no pueden generar por exceso de energía en la red (denominadas curtailments en el sector) y el creciente número de horas con precios bajos, cero o negativos de la energía en el mercado mayorista (que no en el precio que pagan los consumidores) no lleguen a desincentivar esas nuevas instalaciones.
Esta posible apatía desde luego no ha afectado a las baterías para almacenamiento de energía, fundamentales para ayudar a gestionar la variabilidad de la fotovoltaica y eólica, y en las que la comunidad destaca sobre las demás en número y potencia de las peticiones de conexión a la red eléctrica. El problema de las mismas es que, para poder usar su energía eléctrica, primero hay que suministrársela y cargarlas.
Es cierto que la comunidad dispone actualmente de otras fuentes de producción de electricidad, principalmente ciclos combinados y cogeneraciones, que produjeron en 2025 el 22% de la energía eléctrica en Catalunya. A pesar de ser fuentes fiables y seguras, tienen el inconveniente de funcionar con gas, cuyo precio y disponibilidad se pueden ver fuertemente afectadas por acontecimientos geopolíticos (como ha quedado patente en la guerra de Ucrania o el actual conflicto en Irán) y que son centrales emisoras de CO₂.
A todo lo anterior se suma el agravante de que Catalunya no llega a cubrir su demanda, habiendo generado en 2025 aproximadamente un 84% de la que consume y teniendo que importar el resto desde las comunidades vecinas y Francia.
"Catalunya no llega a cubrir su demanda, habiendo generado en 2025 aproximadamente un 84% de la que consume y teniendo que importar el resto desde las comunidades vecinas y Francia"
No hay que ser alarmista, ya que, hoy por hoy, la red eléctrica es común a todo el territorio español, por lo que los electrones que se producen en una región viajan sin cortapisas (de momento) a aquellas donde hacen falta, como se puede ver claramente entre Extremadura y Madrid. O incluso se pude importar esa energía desde Francia, de la cual el 70% es producida mediante reactores nucleares.
Pero para ello, la red debe ser robusta, fiable, resiliente y flexible, y debe desarrollarse para ofrecer esa capacidad de transporte, reduciéndose las cargas burocráticas que retrasan e impiden su ejecución (siempre dentro de la legalidad y la salvaguarda del bien común, por supuesto).
En el contexto antes mencionado de paliar el retraso de implantación de renovables, me parece muy bienintencionada la iniciativa del Plan territorial sectorial para la generación eléctrica eólica y fotovoltaica (PLATER) en el que el Govern intenta una implantación ordenada de renovables para alcanzar con ellas la mitad de la energía en 2030. En dicho plan, además de establecer unos objetivos mínimos por territorios define zonas de implantación. Enseguida se han alzado voces recriminando que pone a la Catalunya rural al servicio de la urbanita. También es loable lo de implicar a los ayuntamientos para que declaren en que zonas preferirían que se implantaran centrales renovables, pero me parece que hay poca probabilidad de que dichas zonas coincidan con puntos donde se pueda evacuar la energía producida, en cuyo caso son inviables o habría que construir largas líneas con el consiguiente aumento de coste (económico, paisajístico y social).
Así, por poner un ejemplo, en la planificación de Red Eléctrica de España figura el eje Escatrón (Teruel) - Aubals – La Secuita (Tarragona), que permitiría que, desde Aragón, comunidad con gran implantación de solar fotovoltaica y eólica y que tiene excedentes de energía (por ahora, ya que está incrementando fuertemente su consumo eléctrico), fluya la electricidad hacia Tarragona y posteriormente hacia Barcelona. Está diseñada para transportar tanta potencia como pueden generar los tres reactores que he mencionado antes, y que van a cerrar en los próximos años. Frente a este anuncio de infraestructura, ya ha aparecido en prensa que dicha línea está teniendo un fuerte rechazo social y se van a ejercer acciones legales para impedirla.
"No se quieren parques renovables, y su implantación va muy retrasada en Catalunya. De construir nuevos embalses, ni hablamos"
No es mi objetivo desautorizar a quién defiende de forma pacífica y legal sus ideales, creencias e intereses (¡nada más alejado de mi intención!), pero sí hacer recapacitar sobre el conjunto de todo lo que anteriormente se ha expuesto.
No se quieren parques renovables (ni eólicos ni fotovoltaicos) y su implantación va muy retrasada en Catalunya. De construir nuevos embalses, ni hablamos. En los próximos años se van a cerrar las centrales nucleares y las de gas contaminan y son caras (y con disponibilidad de materia prima sujeta a vaivenes). Además, las redes eléctricas que podrían trasladar energía a lo largo del territorio no gustan y generan una elevada oposición.
Hoy en día, la energía eléctrica es un requisito indispensable para la actividad de todos los sectores y para todo nuevo proyecto (ya sea urbanístico, industrial o de cualquier otro tipo) que se quiera llevar a cabo. Pero en algún sitio hay que producirla y, de alguna forma, llevarla hasta donde se necesita.
Y es que es muy difícil nadar y guardar la ropa. De momento, Catalunya tiene energía, pero esperemos que en un futuro próximo no haya que rasgarse las vestiduras porque falte.