Ay, la universidad!

La Wikipedia explica que el precedente de todas las universidades se encuentra en la Academia de Alejandría fundada en 288 antes de Cristo, a pesar de que las universidades europeas modernas se crean durante la edad mediana y la primera habría sido la Universidad de Bolonia en 1088. Por lo tanto ya hace como mínimo mil años que nuestra sociedad mantiene esta institución para que se ocupe de la enseñanza y la reflexión superior, y para conseguir perdurar tanto tiempo la universidad ha ido cambiante y evolucionando a lo largo de los siglos. Sorprende que justo ahora que entramos en la llamada Sociedad del Conocimiento le esté costando tanto ser capaz de adaptarse y volver a cambiar.

"La formación superior, la investigación y la transferencia del conocimiento han entrado en crisis este siglo XXI, y por lo tanto también lo está el rol y el prestigio de la universidad en la sociedad"

En su origen medieval quién podía ir a la universidad iba a cultivarse y accedía a un nivel superior de conocimiento y reflexión que se estructuraba alrededor de la gramática, la lógica, la retórica, la aritmética, la geometría, la astronomía y la música; lo que denominaban las siete artes liberales. Este modelo fue evolucionando a lo largo de los tiempos hasta llegar a un siglo XX donde la sociedad ha completado una revolución industrial que nos ha ocupado durante casi 150 años y nos ha dejado una universidad que ahora se ordena alrededor de la formación superior, la investigación y la transferencia del conocimiento que se genera. Tres funciones que este siglo XXI han entrado en crisis, y por lo tanto también lo está el rol y el prestigio de la universidad a la sociedad. Consciente del problema nuestra universidad se encuentra cerrada en sí misma haciendo lista de los problemas que lo envuelven mientras sus miembros envejecen sin capacidad de renovarse, cada vez más precaria de recursos y lo que es peor, cada vez más alejada del debate social y del liderazgo de la reflexión en el espacio público.

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El título universitario ha acontecido la acreditación necesaria para acceder al mercado del trabajo. Ante un concurso para acceder a una posición laboral con demasiados aspirantes, el primer filtro es si tienes o no una titulación. Un mal estudiante dominado por la desidia, que incluso quizás ha copiado en algún examen, pasa este primer filtro por el hecho de disponer del correspondiente título universitario. Mientras que por lo contrario, un profesional con quince años de experiencia pero sin el correspondiente título universitario se queda fuera del proceso y sin opciones. El acceso a la titulación sólo es posible por el circuito académico -no se dan títulos si no te matriculas y vas a clase unos cuántos años- y esto ha llenado las aulas de gente ansiosa de títulos antes de que de conocimientos. Y lo que es peor, hay demasiados casos donde es perfectamente posible obtener el título correspondiente aprobando exámenes o entregando ejercicios, pero sin haber acreditado comprensión o capacidad crítica. Esto ya no pasa a muchas asignaturas, pero todavía pasa en muchas asignaturas. El sector público continúa contratando con el título como filtro de acceso, pero el sector público contrata cada vez menos y por lo tanto, afortunadamente, esta lógica del título como clave para acceder al mercado del trabajo se está debilitando. Los que no están obligados a la norma, por lo tanto el sector privado, empiezan a valorar más la experiencia, la actitud, las habilidades, las capacidades relacionales o los recursos propios para resolver un reto o afrontar una situación, que no la titulación.

"La acreditación universitaria sigue centrada en conocimientos y no en habilidades o capacidades, y por lo tanto continúa obsoleta. Tener un título no tiene nada que ver con ser un buen profesional, ni un buen ciudadano, ni ser capaz de actuar de manera eficiente al mundo que estamos construyendo"

Los actuales retos superan los límites de cualquier disciplina y necesitamos perfiles capaces no sólo de colaborar con otras áreas de conocimiento, sino también de entenderlas. Y también tienen que ser capaces de colaborar con otras culturas, otras maneras de hacer y otras maneras de entender el mundo, así que toca mestizaje tanto técnico como cultural. Traspasar nuestras fronteras europeas y relacionarnos con el resto de continentes, y traspasar también nuestras fronteras cognitivas y relacionarnos con el resto de disciplinas. Un concepto amplio de movilidad que, puestos a acreditar, habrá que aprender a evaluar para poder dar fe que se ha conseguido. Pero nuestros títulos no hablan de esto. La acreditación universitaria sigue centrada en conocimientos y no en habilidades o capacidades, y por lo tanto continúa obsoleta. Tener un título no tiene nada que ver con ser un buen profesional, ni un buen ciudadano, ni ser capaz de actuar de manera eficiente al mundo que estamos construyendo.

Cómo decía el añorado Jorge Wagensberg, si estás observando algo y oyes que no cambia ni se mueve... tócalo a ver si reacciona, porque quizás está muerto. Pues toquemos, aunque molestemos.

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