¿Y qué es sagrado, para vosotros? Me dice mientras bebemos un té por la noche, antes de ir a dormir. Me quedo pensando un rato, no creo que me venga nada a la cabeza. La verdad es que, si lo pienso, no tenemos nada que se pueda considerar sagrado. El dinero, para algunas personas avariciosas. La naturaleza, para los más ecologistas. Quizás las iglesias para las personas religiosas. ¿Las criaturas, quizás? Nada me resulta una respuesta lo suficientemente convincente. Ella y su religión veneran a las vacas, que son intocables y se deben respetar por encima de todo. Nosotros nos bebemos su leche y las hacemos a la brasa de vez en cuando, lo cual me provoca una sensación de salvajismo dentro de mí que no había vivido desde que me planteé hacerme vegetariana. No es la cosa más salvaje que hacemos, matar animales para comérnoslos, pero se acerca bastante. Pero nunca me había parado a pensar en qué consideramos sagrado nosotros, los blancos, los europeos, los occidentales.
Una de las cosas que todavía no le he explicado es que uno de mis autores preferidos por el pensamiento ecológico es Raimon Panikkar, hijo de madre catalana y padre hindú, que fue uno de los grandes contribuidores a la reflexión sobre la ecología profunda en nuestra casa. Según el autor, vivimos en un contexto histórico, político y social donde el conocimiento científico crece de manera exponencial, impulsado tanto por el progreso técnico y económico, donde, si bien hemos podido resolver muchos de los grandes retos contemporáneos, todavía tenemos una asignatura pendiente: nuestra convivencia con la naturaleza.
Para este autor, hemos pasado de concebir la tierra como una entidad viva e integrada, casi sagrada, a una entidad inerte y material de la cual podemos extraer recursos para nuestros fines humanos. Esta explotación, que hemos llevado por encima de los límites de nuestro planeta, está transformando la relación entre la sociedad y la naturaleza hacia una interacción perjudicial. Por eso, Panikkar pide repensar esta relación a partir de la ecosofía, es decir, la filosofía de la ecología, ya que no existirá nunca una sostenibilidad que funcione si no transformamos antes la conciencia.
"Nunca me había parado a pensar en qué consideramos sagrado, nosotros, los blancos, los europeos, los occidentales"
¿Es una pregunta extraña? Me dice la amiga, viendo que tardo más de lo habitual en responder. Le digo que no, pero que no sé qué es sagrado, para nosotros. Creo que eso lo perdimos con la modernidad, le respondo, y ahora que lo pienso, me da un poco de lástima.