Este jueves cierra en Barcelona la sexta edición de la Smart City Expo WorldCongress . El congreso explora la relación que hay entre la realidad urbana y la revolución tecnológica y como la una afecta la otra. Los ejes temáticos del congreso son: governança, economía, movilidad, sociedad, sostenibilidad, seguridad y datos y tecnología. O sea, todo.
La cita ha reunido 14.000 profesionales del sector de más de 600 ciudades y que han podido ver las propuestas de 590 exhibidores, sentir a 400 ponentes y participar en los más de 50 acontecimientos relacionados con el congreso. Profesionales y empresas como Bosch, Cisco, Siemens, Microsoft, Huawei y Seat se han encontrado físicamente en Barcelona para hablar de cómo afecta la tecnología en el espacio urbano y en última instancia de cómo puede mejorar las ciudades, el planeta y, puesto queestamos, nuestras vidas.
En Cataluña hay 270 empresas relacionadas con el sector de las ciudades inteligentes que dan trabajo a 116.163 trabajadores y que generan un volumen de negocio de 6.969 millones de euros el que representa un 3% del PIB del país. Paso mal.
También tiene muy sentido que la cita se haga en Cataluña aunque los pese a los de Expasión, que lunes en una columna titulada "Empacho tecnológico en Cataluña" (sic) nos advertían que Barcelona tenía que ir en cuenta, puesto que tener el MWC, el Smart City Expo, el Garnter Symposium, el YATE Solutions World Congress, el Intelligent Data Processing, el VMWorld, o el Open Stack Summit quizás no era tan bueno. Ha!
Y si esto no los hace gracia, tampoco lesdebe de hacer demasiado que Barcelona sea considerada una de las ciudades más inteligentes del mundo según los principales indicadores. El 2012, con el plan Barcelona Ciutat Digital, la ciudad empezó a desplegar tecnologías en sistemas urbanos como el transporte público, los aparcamientos, el alumbrado público y la gestión de residuos poniendo Barcelona en el mapa de la internet de las cosas y de las ciudades inteligentes. El resultado son los 4.000 tickets de aparcamiento diarios de la aplicación ApparkB, la reducción del 30% del consumo en el alumbrado público, y un 25% de ahorro de agua.
Pero hasta aquí es el que ya sabíamos, aquello de conectar contenedores, semáforos y farolas en internet y racionalizar el uso. Es el modelo de arriba hacia bajo: empresas e instituciones hacen grandes inversiones en tecnología, las instituciones legislan de acuerdo con las nuevas posibilidades que los ofrece la nueva tecnología y los ciudadanos tenemos mejores servicios.
Podemos ver una ciudad inteligente como un gran ordenador que en lugar de tener teclado, ratón y micrófono como dispositivos de entrada tiene sensores, y que en lugar de tener pantalla y altavoz como dispositivos de salida tiene semáforos, estaciones de Bicing, farolas y contenedores. En este modelo el usuario no suyo ante el ordenador sino quevive adentro y hace la entrada de datos con sus acciones cotidianas que son a la hora condicionadas por las salidas de la ciudad-ordenador.
La analogía nos traería a pensar que las personas son los datos que circulan por este ordenador-ciudad, y si bien esto es cierto, estiércol corto. Las personas además de ser datos que circulamos arriba y abajo en un ordenador-ciudad tenemos una excelente capacidad de proceso natural que aumentamos con un pequeño ordenador de bolsillo que denominamos móvil. Ordenadores dentro de ordenadores trabajando en red. Y aprovechar esto es el que nos falta.
Al modelo de ciudad inteligente de arriba hacia bajo actual le tenemos que añadir el de bajo hacia arriba, el de los procesadores individuales —parejas de humano y móvil— que tienen información precisa de cada ciudadano: donde se mueve, donde trabaja, donde vive y en qué restaurando va el jueves a comer sartén y con quién. Estos datos se generan, se transmiten y se procesan pero en pocos casos están disponibles en abierto porquepodamos extraer conocimiento. Esta información (y el conocimiento que sederiva) está en manos de empresas como Google, Facebook, Apple, Twitter, Amazon, Movistar, Endesa, Gas Natural y La Caixa. Nuestros datos —generados por nuestros pequeños ordenadores móviles y por nuestras acciones conscientes o inconscientes— están guardadas en silos privados a los cuales no podemos acceder.
Cruzarlas entre ellas y con las generadas por el ordenador-ciudad nos daría un conocimiento muy relevante de nuestro entorno. Se me acut que cruzando estos datos podríamos saber donde van los 25.000 creueristes cuando bajan a tierra, por donde se mueven los 14.000 asistentes al Smart City Expo por la noche, saber si los vecinos del Poblenou quieren una Superilla y como los afecta, y cuántas personas grandes a quienes se ha cortado la luz viven solas y compran velas de manera regular.