Twitter no tiene un modelo de negocio claro y le cuesta mucho crecer. Sus 313 millones de usuarios la sitúan en una discreta cuarta posición lejos de los 1.712 millones de Facebook —uno de cada cuatro humanos—. Pero sin embargo, no hay día que nosentimos a hablar.
Los diarios hacen compilaciones de tuits de actualidad, las televisiones sobreimpressionen una franja con los tuits de la audiencia (faltas de ortografía incluidas) y las radios lo incorporan de manera natural a sus contenidos en directo.
Twitter tiene la capacidad de influir en la actualidad informativa como ninguna otra red social: un tuit de un aludido en un directo puede cambiar el rumbo de un programa, generar nuevas reacciones o convertirse en noticia. Al diario Twitter hace de columnista; a la tele, de invitado y a la radio, de tertulià.
El mérito de Twitter son los 140 caracteres, una herencia del 2006, de cuando
se decía Twttr, la Internet móvil no existía y los tuits desde el móvil se hacían vía SMS. En Europa Twittr tenía un número en Gran Bretaña donde enviábamos los tuits a un euro la pieza. Paradójicamente esta herencia de la vieja tecnología es el que ha hecho Twitter omnipresente en medios informativos;
el mensaje es ya el titular.Pero no es sólo en la esfera mediática que Twitter tiene una influencia superior a la que le tocaría. Si estos días habéis seguido mínimamente los debates de investidura del presidente español,
habréis notado la presencia en el debate de manera implícita y explícita de la red.Gabriel Rufián (
@gabrielrufian) con sus tuits afilados, que utiliza dentro y fuera de Twitter, incendió —o hacer hervir— la red social que es el hemiciclo y Twitter después. El discurso que no pudo acabar por las interrupciones lo colgó a Twitter. De mérito fue la discusión entre
Pablo Iglesias (
@Pablo_Iglesias_) y Mariano
Rajoy (
@marianorajoy) sobre quién era mejor enviando SMS o haciendo tuits y que acabó con el actual presidente español reconociendo que no era bueno ni en una tecnología ni en la otra.
Vieja política, nuevos medios.El debate, no hay que decirlo, continuó —continúa— en la red tal como lo recogen diariamente columnas de diario, especiales a las teles y tertulias a las radios, hecho que
provoca otras reacciones en la red que vuelven a recoger los medios y así ad infinitum, uno no parar escuche.
Y esto es bueno? No lo sé, pero ya sabemos que la culpa de todo la tienen las redes sociales.
Si un parlamentario utiliza frases cortas y directas es que el debate parlamentario se ha convertido en Twitter; si Ses Señorías se excitan más de la cuenta, es que hemos traído el ruido de las redes sociales a la Cámara; si el debate continúa en las redes sociales, es que debatimos donde no toca y con quienes no toca. Si todo esto no pasara seguro que encontraríamos argumentos en la inversa en la línea de la poca transparencia y la encarcarament del debate político respecto al cual se produce en las redes sociales.
Propongo que puestos a dar las culpas en las redes, lo traemos hasta las últimas consecuencias y que con el que segenera alrededor del debate político y con todo el quecompartimos a lo largo de la vida, sea un algoritmo quien interprete nuestro sentimiento y decida por nosotros. De hecho,
la Cámara dejaría de ser un espacio físico y pasaría a ser un hashtag, todo esto que nos ahorraríamos. Los algoritmos de inteligencia artificial podrían decidir de acuerdo con los datos masivos (
BigData ) de todos el que sabe de nosotros. No habría que hacer votaciones cada cuatro años, la democracia pasaría en tiempo real a nuestros
timelines de Twitter, muros de Facebook y canales de YouTube
.
La demostración que todo el que compartimos —personas y medios— en la red tiene impacto en la esfera política la encontramos en el algoritmo de inteligencia artificial MogIA. Con datos de Twitter, YouTube y Google,
el algoritmo ha predicho que Trump ganará las elecciones en los EE.UU.. Este mismo algoritmo predijo de manera correcta el vencedor de las tres elecciones presidenciales anteriores: "Si pierde Trump contradirá la tendencia de los datos por primera vez en 12 años desde que tenemos información de las reacciones de los usuarios a Internet" afirma su creador
, Sanjiv Balsa.El día que pase esto —porque pasará— el sistema no será tan diferente del que tenemos ahora: en lugar de delegar nuestras decisiones a una asamblea de personas, la delegaremos a una asamblea de algoritmos que interpretará nuestra voluntad de manera racional. No sé si mejorará la calidad democrática —empeorarla seguro que no— peroganaremos todos:
nuestra participación contará, Twitter habrá encontrado su modelo de negocio y Ses Señorías no tendrán que hacer paperots como el de sábado.