Resistir

21 de Septiembre de 2014
Días de expectativas grisáceas y de pronósticos poco fiables, este es el diagnóstico económico de una coyuntura complicadísima, de la cual noacabamos de salir, porque nadie, a la UE, parece dispuesto a romper el círculo vicioso.

Evidentemente, se practica el principio del Nobel Camilo José Cela: mantener el culo a la silla da lugar a una resistencia tenaz, y "resistir en este país es vencer". Aquella máxima celiana es hoy un axioma para muchos que parecen obstinados, no a desafiar el riesgo tal como lo hacen los norteamericanos (y aquí hay su fulminante reacción a la caída de Lehman Brothers), sino a acomodarse a las eventualidades que puedan llegar enlaeconomía, tal como lo afrontan los japoneses, que ya van por los 20 años de estancamiento como fórmula de supervivencia. Resistir, palabra mágica.

Por aquí van tirando Francia e Italia erráticamente, en amenaza de recesión, y Alemania preocupada por la ligera inflexión en su crecimiento económico. Tendría algo a ver esta medida anunciada por el gobierno de Berlín de dejar de crear deuda propia, cuando Mario Draghi ha abaratado el dinero hasta el 0,05 % con la barra libre para facilitar el crédito bancario? Tratan de desmarcarse de la deuda ajena –y arriesgado– de sus socios europeos, después de recuperar buena parte de su expuesta inversión en deuda exterior, por ejemplo, española? Será que no comparte la Sra. Merkel la política financiera de Draghi para creer que acabará cubriendo inexorablemente la financiación de los socios de la eurozona abusivamente endeudados, como Italia o España? Acaso estaría revisando su concepto de solidaridad a la vista de la falta de coraje de los franceses para acometer reformas estructurales y contener su déficit público? Me parece poco dudoso que quién aixqui su culo de la silla, arriesgue en exceso. Pero la Sra. Merkel no quiere insumisos a su diktat, ni tampoco los simplemente resistentes como Hollande o Renzi.

La peripecia empresarial de Miquel Martí, un morellà en Sabadell 
El Vallès tiene un clúster empresarial ejemplar. Y, todavía más, Cataluña puede presumir de una gran empresa de la movilidad, la cual nació el 1923 y está deshaciendo las costuras del mercado español, para iniciar su rumbo hacia su internacionalización al Golfo Pérsico o en América. Todo va empezar con un joven Miquel Martí Adell, que nació en Morella (Castelló) el 1896: el menor de seis hijos de una familia modesta, de economía típicamente campesina, la actividad de la cual se desarrollaba en uno de los más de 300 massos, o masías, del enorme término de los Puertos.

Ley de vida dura, todavía más teniendo en cuenta que perdió su padre a los 8 años, y su madre, Miquela, tuvo que hacer frente en solitario el mantenimiento de sus dos hijos hombres y sus cuatro hijas. Pronto, Miquel Martí, el benjamín de la familia, tuvo que emplearse a la fábrica Giner –colonia textil al estilo de las del Llobregat– a las riberas del río Bergantes, para ayudar a salir adelante la familia. Jornadas laborales de 11 horas diarias con un día de fiesta semanal, que para un niño de 10 años tenían que ser insoportables. Pero la muerte de sus dos hermanos mayores le arrebató la infancia muy rápido y renunciar la adolescencia, asumiendo responsabilidades que excedían su edad.

Cuando cerró la fábrica Giner el 1926, no tuvo más remedio –como tantas familias morellanes– de emigrar a Sabadell o Terrassa, donde la industria textil estaba en alza. El niño Miquel Martí, con 16 años, emprendió el camino de una de sus germanas y aterrizó en Sabadell, hambriento de vida y de mundo. Es fácil imaginar como hizo frente a la vida desde su estricta necesidad. Trabajó y sufrió mucho, pero en su mochilahabía un sobrepeso de responsabilidad, de tenacidad, de creatividad. Cómo dijo Cervantes, la hambre es una gran fuente de inspiración. Pasó por el vapor Morral y otros trabajos.

Después del servicio militar obligado en una compañía de artillería de montaña en Larache, cerca de Tetuán, en el Marruecos, volvió a Sabadell con la ambición en el mundo del transporte y la experiencia de la mili. Y aquí nació su idea, el 1923: el transporte público, y de este modo la vieja tartana dejabaa un inicial buzo "atartanat", tan elemental que parecía un espíritu con ruedas, marca Ford Tipo T, al cual seguirían,a paso, los más evolucionados Chevrolets del 1925. Del servicio de pasajeros que enlazaba la Cruz Alta con la estación de ferrocarriles eléctricos, pasó a una extraordinaria empresa de automoción, sin límites de utillaje y procedimientos que hoy ocupa un lugar destacado en el transporte de pasajeros en España, coronando con éxito la tercera generación.

Moventia, la realidad de un sueño
Esta empresa sabadellenca, fundada por los dos cuñados (Martí-Carceller) morellans creció de tal manera que, cuando cumple 90 años el 2013, da trabajo a 2.600 empleados, mueve 100 millones de pasajeros y distribuye –concesionaria de media docena de marcas automovilísticas– 13.000 vehículos el año. Su facturación el 2014 se estima ya en 400 millones de euros. Sarbus, Sarfa y otras sociedades del grupo reúnen un equipamiento de más de 1.200 autobuses en uso en España.

El espíritu de aquel bravo niño de Morella ha forjado una alma y una manera de hacer las cosas que hoy caracteriza las cuatro generaciones Martí, desarrollando su actividad en el Grupo Moventia con idéntica obstinación que el de su desaparecido progenitor. Presidente de Honor del grupo es su hijo Miquel Martí Carceller, y la tercera generación ocupa actualmente la dirección y gestión de las empresas del Grupo: Miquel Martí Escursell la preside, y Josep M. Martí Escursell es su consejero delegado, compartiendo la titularidad con sus germanas M. Rosa y Sílvia..

Para desmentir la maldición de las terceras generaciones en las empresas familiares catalanas, la cuarta generación ya está tomando las riendas en varias áreas. Y una quinta empieza a amanecer. Es evidente que hay sangre y vida para Moventia, que crece sistemáticamente como árbol frondoso, y sus ramas son tan conocidas como Sarfa, Sarbus, Casas, La Vallesana, división que se ocupa del servicio de viajeros –un 40% del negocio– y que participa en un 22% del tranvía de Barcelona, y provee automóviles desde varias concesionarias del grupo: Auser, Sarsa, Stern Motor, Emovement, etc., que suponen el 60% de su facturación.

Por la noche del 9 de septiembre pasado, a las instalaciones de Sabadell a la Ronda de Ponente, 127-135, se celebró una fiesta conmemorativa, con varios centenares de asistentes y presidida por el Muy Honorable Artur Mas, en la cual junto a un viejísimo buzo de los años fundacionales, fuimos muchos los que percibimos la emoción por el homenaje y la gloria de un joven luchador que, llegado de las montañas de Morella, triunfó en Sabadell, como ejemplo y testigo de futuras generaciones de su misma alcurnia.

Yo conocí el Sr. Miquel Martí Carceller el 1964, y, con vínculos de sangre y de familia por el medio, lo admiré como joven de 21 años que era. Yo no podía hacer nada más que venerar quién fue capaz de levantar desde la nada un imperio gracias al cual viven hoy con su salario 2.600 personas. Esta es su máxima grandeza: crear riqueza y repartir el bienestar a la sociedad durante 90 años.